03 de julio de 2020

Santiago hacia el futuro: Cómo crecer para reducir la segregación en la capital

Con una densidad poblacional cada vez mayor y una expansión de las zonas urbanas hacia la periferia Santiago parece no ceder ante su crecimiento. Se estima que la ciudad llegará a los 9 millones de habitantes en 2035. Cinco expertos en urbanismo y arquitectura comparten sus proyecciones sobre cómo será Santiago si continúa creciendo y qué se debe hacer para evitar el colapso de las zonas más pobladas.

Tal como ocurre en varias capitales latinoamericanas, el crecimiento de Santiago sigue concentrando una gran cantidad de la población total del país, y no hay signos de que esto se detenga.

 

Tomemos por ejemplo el Centro Histórico de la ciudad: si hace tres décadas había 50 viviendas por hectárea, hoy existen 5.000, de acuerdo con el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la UC, lo que no se replica en ninguna otra ciudad del territorio.

 

Hoy, Santiago acumula alrededor de seis millones de habitantes (35,6% de la población chilena total), según el último Censo. Luego hay un salto hacia las áreas urbanas de que forman Valparaíso y Concepción, ambas con menos de un millón de personas. Pero el crecimiento pareciera no ceder.

 

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, Santiago podría llegar a los 9 millones de habitantes en 2035. El crecimiento requiere considerar el impacto que una alta densidad poblacional puede afectar materias como transporte, salud, educación e incluso recreación.

 

El problema de la planificación

Los problemas de segregación y las zonas con una densidad problemática podrían tener su génesis en la tardía planificación que tuvo Santiago, de acuerdo a expertos. El expresidente del Colegio de Arquitectos, Alberto Texido, propone que la ciudad ha tenido pocos episodios de planificación desde su trazado original. “Gran parte de las avenidas que conocemos hoy fueron los límites de grandes predios agrícolas, sin que las líneas rectas de la planificación pudieran imponerse, como sí ocurrió en ciudades como Barcelona, Nueva York o Berlín”, propone Texido.

 

La Doctora en arquitectura e investigadora del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), Alejandra Rasse, explica que hace algunos años se veía que las periferias sur, norte y poniente de la ciudad estaban conformadas por hogares de bajos ingresos que vivían en condiciones de alta segregación. “En estos barrios lo que se hizo fue solo vivienda. La dotación de servicios llegó mucho después. Eso perjudicó la calidad de vida de las personas que no encontraban ninguna oportunidad de esparcimiento ni de trabajo y les implicaba moverse en viajes bastante largos”, sostiene Rasse.

 

Las comunidades desprovistas de suficientes servicios básicos dieron pie a la segregación que caracteriza a Santiago y a la mayoría de las ciudades de Chile. Según el presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, Sergio Baeriswyl, la última medición que la institución hizo en 117 comunas del país, arrojó que ninguna de ellas cumplía con los estándares de integración social esperados. Baeriswyl, también arquitecto, propone que la segregación se instaló en las ciudades chilenas por una política habitacional muy fuerte en las décadas de los 80 y 90, en que se construyeron grandes barrios periféricos con suelo muy barato destinado exclusivamente a familias vulnerables.

 

La densificación equilibrada

Conociendo la situación actual de la ciudad, ¿es posible enmendar el camino? La respuesta, dicen los expertos es la densificación equilibrada, es decir, un aumento según las capacidades del espacio público, las áreas verdes, la vialidad y el transporte; que procure poblar zonas de Santiago sin afectar a la comunidad. Alejandra Rasse explica, por ejemplo, que las construcciones deben quedar sobre calles que puedan soportar el alto tránsito que deriva del aumento de la densidad, además de aumentar los servicios de la ciudad en esos sectores.

 

Aunque asegura que no existen fórmulas mágicas para la densificación equilibrada en todos los casos, Sergio Baeriswyl explica que hay factores que ayudan. “Se densifica en la medida que tenga disponibilidad, una brecha a favor, de servicios urbanísticos. Puede darse también la acción más proactiva, donde un proyecto se hace cargo del déficit que tiene el lugar. Por ejemplo, que cree un espacio público o ciertos servicios en la plataforma baja”, propone el presidente de la CNDU.

 

Desde la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile (AOA), su presidenta Mónica Álvarez asegura que tanto la institución a su cargo como la Cámara Chilena de la Construcción y la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios han promovido la densificación equilibrada en los últimos años. “Nosotros hemos peleado porque las ciudades tengan muchos centros y no solo uno o dos, para que existan núcleos por comunas, donde la gente pueda trabajar en su comuna”, afirma. Sin embargo, asegura que deben existir políticas públicas que exijan la densificación equilibrada, además de un cambio profundo en los planos de las ciudades. Advierte que no es una tarea fácil, tomando en cuenta qué es lo que viene para el futuro.

 

Las proyecciones para Santiago

Aunque reconoce que proyectar cómo será la segregación en unos años es complejo, el investigador asociado del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Luis Valenzuela, distingue ciertas tendencias que, aunque podrían cambiar, afirma que posiblemente continuarán. Valenzuela, quien además es director del Centro de Inteligencia Territorial de la Universidad Adolfo Ibáñez, postula que en Santiago los grupos que más se segregan son los de altos ingresos, y no solo en los barrios altos tradicionales de Santiago, sino que repiten la segregación en otros sectores de la precordillera, como las zonas más altas de La Reina, Peñalolén, La Florida y Puente Alto. Y advierte que eso podría agudizarse.

 

Otra de sus proyecciones es que los grupos de menores ingresos han tendido a disminuir por el costo de vivir en Santiago. “Han venido a la baja, dado el alto costo de lo que es arrendar una vivienda, un departamento, incluso una pieza”, dice el investigador. Sobre la segregación de viviendas sociales, la también socióloga Alejandra Rasse agrega: “El suelo es tan caro, que no se está desarrollando vivienda social no solo dentro de la ciudad, sino que tampoco hay mucha oferta de vivienda social para los hogares más pobres en zonas del periurbano de la ciudad”. La doctora Rasse afirma que en comunas como Quilicura, Pudahuel y Maipú se ha trabajado en la oferta para sectores medios, lo que diversifica los barrios. No obstante, no se generan oportunidades de acceder a vivienda para los hogares más pobres.

 

Baeriswyl, el presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, se muestra optimista ante las proyecciones de segregación en Santiago. Asegura que los subsidios están focalizados preferentemente a la integración social, por lo que, en los próximos 10 años, los niveles de segregación podrían disminuir si la infraestructura urbana llega a los suburbios. También sostiene que, con la llegada del metro a zonas periféricas, llegan también servicios, más equipamiento y comercio que subsanan la segregación. “Es una carrera de fondo, larga, que va a tomar muchos años. Lo importante es que hoy día está en el centro de la política pública de nosotros como Consejo”, dice Baeriswyl.

 

El modelo danés

La arquitecta Mónica Álvarez cuenta que en su visita a Copenhague se percató de que la ciudad tenía exactamente los mismos problemas que tiene Santiago ahora, pero hace 40 años atrás. Densificación desequilibrada, núcleos de trabajo y de vivienda separados, problemas de congestión vehicular y de contaminación eran comunes en la ciudad danesa. “Ahora, es una ciudad maravillosa, de los mejores lugares para vivir. Hicieron un montón de políticas públicas y un cambio en la mentalidad en las personas, que yo creo que eso es bien difícil de lograr, pero lo hicieron”, cuenta Álvarez.

 

Actualmente, el centro de Copenhague se caracteriza por poseer la zona peatonal de tiendas más grande de toda Europa. Esta fue una de las políticas que se implementaron para contribuir al equilibrio. “Nos mostraban imágenes de Copenhague en 1970 y era desastrosa, una ciudad muy contaminada, con mucho tráfico, con la gente muy estresada. Ha tenido un cambio radical”, dice la presidenta de la AOA.

 

Entre las políticas implementadas en la capital danesa, estuvieron hacer una red de ciclovía y educar a la población para su uso correcto, descontaminar la ribera del río y generar áreas públicas de esparcimiento donde no se puede construir. “Tienen experimentos urbanos, experimentan con ciertas cosas para ver si resultan o no, y con pequeñas cosas se van dando cuenta y fijan políticas públicas”, explica la arquitecta, quien destaca el paseo Bandera como un experimento urbano exitoso en Santiago. “Yo creo que ese tipo de cosas se pueden ir haciendo para no gastar recursos del Estado en cosas permanentes, que todavía no se sabe los resultados que van a tener”, propone la presidenta de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.

 

Fuente La Tercera

Cristóbal Fuentes

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