28 de febrero de 2013

Reconstrucción y crecimiento

Por Rolf Luders

Economista

La Tercera

Se acaban de cumplir tres años desde el terremoto del 27/F, el sexto mayor del mundo. A pesar de que en Japón -país sísmico por excelencia- se considera a la reconstrucción chilena como un modelo a seguir en muchos aspectos, la oposición al gobierno chileno ha tratado de restarle -injustificadamente- méritos.

Es un hecho irrefutable que Chile ha logrado crecer desde el terremoto a tasas elevadas (casi un 6% anual) y ha podido generar una cifra récord de empleos, en circunstancias que la economía chilena venía perdiendo dinamismo y la economía mundial atravesaba momentos complicados. Hemos tenido reconstrucción con crecimiento económico, un logro no trivial a pesar del buen precio del cobre.

Los terremotos implican una pérdida de capacidad productiva, y sin embargo un adecuado manejo macro-económico puede evitar una caída significativa de la producción y el empleo. Desafortunadamente tal manejo no ha sido la norma en Chile. Pero esta vez las cosas se hicieron bien, por lo que cabe agradecer al ministro de Hacienda, a los presidentes del Banco Central del período, y a sus respectivos equipos técnicos por una política macro-económica impecable.

Pero también las cosas se han hecho bien a otros niveles. Se realizaron rápidamente las obras que permitieron recuperar totalmente la conectividad. Con ello, y debido a que los privados en este sistema económico tienen al alcance los medios para reparar en pocas semanas sus facilidades productivas, la capacidad de producción del país se recuperó por completo en unos pocos meses. Simultáneamente, se procuró hacer lo necesario para poder ofrecer en semanas -por supuesto a menudo en ubicaciones provisorias precarias- los servicios sociales más necesarios y proveer de techo a los damnificados.

Mientras se hacía lo anterior, se definieron las políticas de reconstrucción definitiva de edificios y viviendas (unas 200 mil entre las totalmente destruidas y aquellas con daño mayor). Se privilegiaron -dentro de límites razonables- las preferencias de los afectados, lo que encareció y demoró el proceso de asignación de subsidios y de construcción de viviendas. No obstante -entre reparaciones y nuevas viviendas- se ha ejecutado el 79% de lo presupuestado y se espera poder finalizar la tarea en este año. Todo un récord. Porcentajes mayores se han completado en el caso de las edificaciones de hospitales y colegios (98,5 y 87%, respectivamente).

La tarea de reconstrucción ha sido bien ejecutada. No reconocerlo es mezquino. Además, se hizo de modo tal de no afectar el crecimiento del país. Por supuesto, como en toda obra humana, han habido fallas; a veces, por ejecuciones imperfectas, en otros casos por atrasos indebidos, y ocasionalmente porque se entregaron beneficios a personas que no los debieran haber recibido y viceversa. Pero gracias a la reconstrucción tenemos hoy mejores viviendas, mejor conectividad, mejores escuelas y mejores hospitales que antes del terremoto. El mayor déficit con respecto a lo anticipado, salvo en unas pocas localidades, ha sido el escaso mejoramiento de la calidad del equipamiento urbano que debiera haber acompañado la reconstrucción.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.