8 de julio de 2024

Punto de Vista

EQUILIBRIO Y FRAGILIDAD

Por Pablo Jordán F.

Past president AOA.

En un lugar excepcional, la quebrada de Codpa en las nacientes de la quebrada de Vitor, se encuentra un testimonio de vida y asentamiento humano, el que, atravesando el tiempo nos muestra de forma clara la condición buscada hoy por nuestro paradigma de la sustentabilidad: como habitar un territorio de forma respetuosa con sus formas y condiciones, usar sus riquezas y condiciones naturales, para dar sustento a la vida humana y de sus comunidades, sin por ello, degradarlo o perderlo.

En un delicado balance entre el medio, recursos naturales de todo tipo, y patrón de ocupación, explotación y desarrollo, se configura durante siglos, un modo de implantación de la obra humana, de uso cuidadoso del recurso escaso (el agua como expresión principal), y también de la producción de sutiles e importantes bienes habitacionales. La sombra, solidez de las estructuras, desafío de la topografía mediante terrazas de cultivo, redes de riego y circulaciones, puntos de reunión, lugares de ofrenda, adoración y ceremonia. Diálogo cotidiano con la naturaleza, la Pachamama condiciona las acciones más sutiles como brindar, viajar, edificar, o recordar. Estamos ante la integración de observaciones milenarias y su transformación en lecciones de producción, edificación y habitación.

Ofragía. Pequeña localidad en el corazón del recorrido prehispánico desde el altiplano a la costa, siguiendo el curso de la vitalidad de la quebrada y sus aguas, es hoy custodio de una manifestación espectacular de arte y comunicación prehispánica. Los pueblos antiguos en su tránsito bidireccional de caravanas por el sistema de quebradas y llanuras, dejó grabada en piedra, sus recuerdos, señales y lecciones históricas. Los petroglifos de Ofragía, unos pocos kilómetros aguas abajo de Codpa siguiendo el curso de su quebrada, nos muestran el talento de sus anónimos autores. Maestros y aprendices dejaron su huella sobre las piedras en la ladera sur de la quebrada justo en la confluencia con el afluente proveniente de Timar.  Mirando al norte, los glifos parecen adquirir vida al correr de las horas y el cambio de la orientación solar. Cuidadosamente localizados por sobre la línea de la vegetación constituyen un mirador al verdor del valle. Lugar de recreación, contemplación e información.

Amontonados símbolos. Al parecer sin orden, luego de un examen más riguroso, develan cuadros de momentos de la vida de estos pueblos antiguos. La cacería, la guerra o la batalla, el siempre presente disco solar, la caravana, los animales. Ocasionalmente, referencia a la fauna: serpientes, llamas o guanacos, aves se entremezclan en las pizarras eternas con cazadores, niños, grupos de gente.

El ánimo se acelera ante el descubrimiento de los glifos. Altos sobre la quebrada, próximos al visitante. Señalan la ruta, marcan el destino, dan cuenta de la presencia, dan testimonio silente de los que antes vieron y poblaron este lugar.

Las huellas de la ocupación están por todas partes: ruinosos corrales, graneros de piedra, tambos, acueductos, terrazas de cultivo. Genial y redonda manera de asentarse que reconoce y aprovecha al máximo los recursos regalados por el medio (pendiente, cursos de agua, aleros de sombra, oasis de verdor, tierra labrable, piedra, barro y paja como materiales disponibles) y los maneja y articula dando lugar a un ciclo de explotación capaz de sostener la vida por milenios. A ello aporta la humana necesidad de registro, identidad y espiritualidad dejando al tiempo su arte rupestre, recintos ceremoniales y memoria.

Ofragía, es, entonces, algo de todo esto. Como hemeroteca periódica de la prehistoria, acumula capas y capas de información seleccionada para sus contemporáneos y, quizás sin proponérselo, para quienes les seguimos en la evolución histórica.

Habitar las quebradas en el desierto es una lección para nosotros. Arquitectos diseñadores del mañana encontramos en su visita claves para nuestro presente y futuro. Hoy quienes pueblan estos sitios lo hacen en consideración de las mismas claves que los pueblos prehispánicos. Fragilidad y escasez de recursos. Bordes críticos entre la vida y la aridez. Respeto a las reglas del medio. Inseguridad frente al desastre natural. Autosustento frente al aislamiento. Refugio y auxilio mutuo. Fraternidad y hospitalidad ante el viajero o visitante. Silenciosa admiración de las estrellas. Responsabilidad en el cuidado del lugar, su fauna y flora. Una única y personal percepción y habitación de la dimensión temporal. Valores ancestrales como lecciones de habitación.

Con esta mirada el recorrido se hace vivo y profundo. El patrimonio supera el edificio y alcanza el asentamiento y el paisaje que significa y educa. ¿Cuáles son las lecciones que nuestro moderno paisaje y forma de habitar entrega al futuro? ¿Cuál y cómo es el paisaje patrimonial que entregaremos?

*Las opiniones expresadas en la sección punto de vista son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.