Fernando Marín y el futuro de la asociación
“Me gustaría dejar una AOA más incidente, más cohesionada y más preparada para el futuro”
El nuevo Presidente de la asociación analiza las oportunidades y desafíos que enfrenta el ejercicio de la arquitectura, profundiza en las líneas de acción que ha definido para su gestión, además de reflexionar en torno a la proyección de la AOA.
Fernando Marín ha tenido una activa participación en la vida gremial, desde el Colegio de Arquitectos, como vicepresidente y tesorero, y fue curador y gestor de la XIX Bienal de Arquitectura de Chile (2015), realizada en Valparaíso, como en la AOA donde se ha desempeñado como director en seis periodos. Socio de MAO Arquitectos es un activo columnista en medios de comunicación, en los que suele reflexionar sobre el ejercicio profesional y temas de actualidad que inciden en la ciudad y en las políticas públicas asociadas. De esta manera, afirma que una de las principales amenazas para el ejercicio profesional de la arquitectura hoy es “la creciente fragmentación normativa y la pérdida de coherencia entre planificación, regulación y gestión pública. Hoy muchos proyectos enfrentan criterios distintos según la comuna o incluso según el funcionario que los revisa, la normativa no puede estar abierta a la interpretación subjetiva. Eso genera incertidumbre, encarece los procesos y termina afectando también la calidad de la arquitectura”, afirma. Al mismo tiempo, ve una gran oportunidad: “Chile tiene una arquitectura reconocida internacionalmente, profesionales muy preparados y con escuelas de arquitectura de muy alto nivel. Si logramos modernizar los marcos regulatorios, incorporar mejor tecnología y recuperar una visión más integrada de ciudad, la arquitectura puede volver a tener un rol más relevante en el desarrollo del país. No podemos olvidar que es el escenario de la vida diaria de millones de personas”, dice.
Por qué asumir la presidencia de la AOA en estos momentos, justamente porque sostiene que estamos en un momento especialmente desafiante para la profesión y para las ciudades. “Hay transformaciones regulatorias, tecnológicas y económicas muy profundas ocurriendo al mismo tiempo. Asimismo, sentí que podía aportar desde una experiencia que combina ejercicio profesional, academia y trabajo gremial. También me motivó la posibilidad de ayudar a proyectar la AOA hacia una etapa nueva, más conectada con los cambios que vienen y más influyente de lo que ya es en el desarrollo de políticas públicas para mejores ciudades”.
En distintos momentos la AOA ha puesto el foco en temas como permisología, concursos, calidad de la arquitectura y representación pública del gremio. ¿Qué temas te interesa impulsar con más fuerza durante tu presidencia?
Me interesa fortalecer tres líneas principales. Primero, avanzar en mayor certeza regulatoria y procesos más predecibles. El Estado tiene que ser consistente en la aplicación de las normas y no dejar espacio a interpretaciones o criterios personales de revisores o directores de obras. Segundo, fortalecer el valor público de la arquitectura. Cualquier proyecto que se inserta en una ciudad, está aportando a configurar espacio público por lo que no veo mucha razón en hablar separadamente, salvo para la especificidad temática, de vivienda, infraestructura o ciudad sin considerar cómo esos proyectos impactan la vida cotidiana de las personas. Y tercero, actualizar nuestra planificación estratégica frente a los cambios regulatorios, tecnológicos, laborales y territoriales que vive la profesión y principalmente ante el rol mucho más relevante que ha tomado la AOA en el medio. La asociación debe ser una voz técnica que incida, pero también una plataforma de articulación y reflexión sobre el futuro de las ciudades.
La AOA se acerca a sus 30 años. ¿Cómo imaginas la asociación en la próxima década? ¿Crees que debe transformarse o ampliar su rol frente a los cambios que vive la profesión?
Creo que la AOA debe ampliar cada vez su rol y relevancia. Las oficinas hoy no solo enfrentan desafíos de diseño, también tecnológicos, regulatorios, medioambientales y de gestión cada vez más complejos. Imagino una asociación más conectada con regiones, con el mundo académico, con la innovación y también con redes internacionales. Una institución capaz de influir mucho más en políticas públicas, aportar discusión técnica y al mismo tiempo fortalecer la colaboración entre oficinas.
Las ciudades, las composiciones demográficas y el ejercicio profesional, en general, está cambiando muy rápido y los gremios también tienen que evolucionar en esa velocidad. Gremios anquilosados en miradas excesivamente teóricas o peor aún capturados por ideologías, no tienen ningún espacio en los próximos años.
El reconocimiento a Smiljan Radic con el Premio Pritzker vuelve a poner a la arquitectura chilena en la escena internacional. ¿Cómo lees este momento? ¿Existe todavía una identidad reconocible en la arquitectura chilena contemporánea?
Creo que sí existe una identidad reconocible, aunque hoy es más diversa que hace algunas décadas. La arquitectura chilena ha logrado combinar creatividad, austeridad material, adaptación territorial, riesgos naturales y una cierta capacidad de trabajar con restricciones de manera muy inteligente. No podemos olvidar que eso nace en gran medida en la excelente formación que se da en Chile.
El reconocimiento a Smiljan Radic, sumado al de Alejandro Aravena años atrás, confirma que desde Chile se está produciendo arquitectura con lenguaje propio pero con capacidad de dialogar e impactar globalmente.
También creo que este reconocimiento obliga a preguntarnos cómo cuidamos y proyectamos ese capital cultural hacia las nuevas generaciones.
Tu oficina ha trabajado en proyectos de alta complejidad, especialmente infraestructura pública. ¿Cómo ves hoy la relación entre arquitectura, Estado y desarrollo de ciudad en Chile?
La infraestructura pública tiene un enorme impacto en la calidad de vida y muchas veces no se entiende así. Un aeropuerto, recintos penitenciarios, colegios o campus universitarios no son solo obras complejas sino que son espacios donde transcurre parte importante de la vida colectiva. Desde ese concepto la arquitectura debe necesariamente mejorar la calidad de vida de sus usuarios
El problema es que frecuentemente los proyectos públicos quedan atrapados entre exceso de burocracia, cambios de criterio y procesos demasiado largos. Eso termina afectando costos, tiempos y calidad y lo más grave es que bajo las condiciones de licitaciones actuales, muchas veces se privilegia el precio sobre el diseño y esto es no comprender como un buen proyecto finalmente tiene una rentabilidad social que no se expresa en la oferta económica inicial.
¿Qué opinión tienes sobre las reformas a la OGUC y los cambios regulatorios impulsados por el Gobierno? ¿Sientes que hoy existe una comprensión adecuada del impacto que tienen estas normativas sobre la calidad de nuestras ciudades y espacios?
Creo que varias de las reformas apuntan a problemas reales y necesarios de abordar. Chile necesita simplificar procesos, actualizar instrumentos y, principalmente, responder mejor a los cambios demográficos y déficit urbanos que estamos viviendo.
El riesgo aparece cuando las regulaciones comienzan a reemplazar excesivamente el espacio propio de la arquitectura y el diseño. Las ciudades son fenómenos complejos y no siempre pueden resolverse mediante reglas rígidas o interpretaciones excesivamente restrictivas.Cuando el Estado opera como diseñador, frecuentemente los resultados no son los mejores y sus efectos se transforman en problemas permanentes.
Por eso es importante que las discusiones regulatorias incorporen más mirada urbana, más experiencia técnica y también mayor comprensión de cómo las normas impactan finalmente la forma en que habitamos las ciudades.
Has desarrollado una carrera académica importante, incluso como decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Construcción de la Universidad Mayor (2011–2016), ¿Qué cambios observas en las nuevas generaciones de arquitectos? ¿Qué capacidades crees que necesitarán desarrollar en los próximos años?
Veo generaciones muy rápidas para adaptarse tecnológicamente y con mayor sensibilidad hacia temas ambientales, sociales y colaborativos, pero dejando un poco relegada la reflexión inicial que requiere cada encargo académico y posteriormente profesional. También enfrentan un contexto mucho más incierto y acelerado que el que tuvimos en generaciones anteriores.
Creo que el arquitecto del futuro necesitará combinar capacidades muy diversas. Pensamiento crítico, manejo tecnológico, mucha mirada y trabajo interdisciplinario, comprensión de datos y también habilidades comunicacionales y de gestión.
La arquitectura seguirá siendo una disciplina profundamente humanista, pero operará en entornos cada vez más complejos y mediados por la tecnología.
Hoy se habla mucho de inteligencia artificial y automatización. ¿Crees que la IA transformará la práctica arquitectónica de manera comparable a lo que ocurrió con la irrupción del CAD o el modelamiento BIM, o estamos frente a un cambio mucho más profundo?
Creo que es un cambio bastante más profundo. CAD y BIM transformaron y optimizaron principalmente herramientas y procesos. La inteligencia artificial comienza a intervenir también en la forma en que analizamos información, generamos alternativas y tomamos decisiones.Eso va a modificar muchas etapas del ejercicio profesional, desde el diseño hasta la gestión de proyectos y la relación con los usuarios pero lo que creo que no puede superar es, lo que indico antes, la reflexión y análisis al inicio de un proyecto. Es ahí donde una formación correcta, enseña a combinar y ponderar las variables que inciden en un proyecto. Eso está lejos, y bienvenido que así sea, de automatizarse.
En mi opinión la IA no va a reemplazar el rol del arquitecto. Más bien va a aumentar el valor de capacidades más humanas como criterio, pensamiento estratégico, comprensión cultural y capacidad de integrar variables complejas.
¿Qué te gustaría que dejara esta gestión cuando termine el período 2026–2028?
Me gustaría dejar una AOA más incidente, más cohesionada y más preparada para el futuro. Una asociación referente para dialogar con el Estado, la academia y el sector privado desde una posición técnica sólida y con visión de largo plazo. Asimismo, retomar algo que, de alguna manera, siento que se ha ido perdiendo que es la cohesión entre las oficinas asociadas. Una sana competencia en un ambiente de valiosa convivencia. Y , finalmente, también contribuir a reinstalar una idea que me parece central: La arquitectura no es un tema accesorio, es parte de la manera en que una sociedad construye su calidad de vida, su identidad y su futuro.
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