Cristián Undurraga
“Tenemos una capacidad de resiliencia bastante grande”
Entre el 6 de mayo y el 30 de junio se desarrolló en Mantova, Italia, la exposición “Arquitectura chilena en conflicto”, muestra que profundiza en el trabajo de la oficina Undurraga Devés y la relación que ha tenido con los conflictos sociales, urbanos e indígenas.
En el marco de Mantovarchitettura 2025 se realizó, en la ciudad de Mantova, Italia, la exposición monográfica del taller de arquitectura Undurraga Deves.
La muestra titulada “Arquitectura chilena en conflicto” abarcó la primera planta de la Casa Mantegna, magnífica residencia del pintor Andrea Mantegna, uno de los más reconocidos artistas del Renacimiento.
Mantovarchitettura es un evento anual que convoca a diferentes actores relevantes de la arquitectura contemporánea mundial siendo el tema de este año “El Conflicto” como reflejo de las tensiones que se vive en la ciudad global contemporánea.
La exposición, curada por Massimo Ferrari y Claudia Tinazzi, abarcó el tema del conflicto desde la perspectiva disciplinar propia del quehacer de Undurraga Deves y fueron los proyectos más emblemáticos de la oficina los que dieron cuenta de estas tensiones que surgen en el ámbito urbano actual.
Proyectos como el Barrio Cívico de Santiago, las viviendas Mapuches, el proyecto de la Universidad de los Andes en Bogotá o el Santuario del Padre Hurtado, entre otros, dieron cuenta de la tensión entre centro y periferia, entre sociedad actual y pueblos originarios o la permanente disputa entre espacio público y conflicto político.
Cristián Undurraga enseña en el Politécnico de Milán desde 2017 y el año pasado la Universidad editó una monografía sobre sus principales trabajos.
– Además del conflicto, les ha tocado ver como otros proyectos han quedado en pausa por años, como el Mercado de Temuco o el proyecto para el Eje Bulnes en el centro de Santiago. Eso también tiene un grado de tensión.
El ejercicio como arquitecto en el campo de lo público es, por definición, un campo de batalla donde el conflicto se manifiesta cotidianamente. Creo que es un muy buen ejemplo de lo que es la vida, de lo que pasa en la ciudad, de lo que pasa en cada uno de nuestros ámbitos.
Nos hemos abocado a lo público, donde los proyectos toman años en ver la luz. Esa extensión de tiempo, que a veces son décadas, hace más expuestos los proyectos al conflicto.
– Hace poco tiempo se dio a conocer el estado de abandono en que se encuentra el Pabellón de Chile para la Expo Milán de 2015 y que ahora se encuentra en Temuco.
El Estado lo abandonó, lo cerró por fuera. Esa es la verdad. La madera es un material precioso, sustentable por definición, y de los más bellos con los que uno puede trabajar, pero requiere de una mantención permanente, , a las cuales un edificio temporal no está obligado. Ese edificio temporal, planificado para una exposición que dura seis meses, pasó a ser un edificio patrimonial y permanente, lo que obliga a un tratamiento adecuado y bueno, los problemas que todos conocemos han sido producto del abandono.
Hemos propuesto una alternativa de hacerlo permanente, y en eso estamos. Hoy el proyecto está en manos de la Municipalidad de Temuco y creo que con ellos podremos recuperar el edificio.
También estamos trabajando en la reconstrucción del Museo de Violeta Parra y retomando el proyecto del mercado de Temuco.
– Debe ser frustrante ejercer la arquitectura así, reparando lo que otros descuidaron o destruyeron.
La vida es una suma de aciertos, desaciertos, amores, desamores, contradicciones, momentos preciosos, y eso es la historia de esto. Nosotros tenemos una capacidad de resiliencia bastante grande, y bastante buen humor, digamos
“He tenido la suerte de tener las oportunidades para poder hacer y construir en lo que he creído”
Undurraga Devés comenzó su práctica en 1978 y hoy, ad portas de cumplir 50 años, Cristián Undurraga comenta que no se le ha hecho largo. “Ha sido apasionante. Partimos muy, muy jóvenes. Piensa que cuando se inició el barrio cívico yo tenía 25 años”, cuenta.
– Han visto y experimentado los cambios que ha vivido el país y la ciudad.
Claro. Somos bien privilegiados en ello. He vivido la dimensión política intensísima de estos años. Y me ha tocado estar ahí en medio de todo.
-¿Crees que el rol del arquitecto ha ido perdiendo importancia en los últimos años?
Creo que hemos cedido mucho terreno. Siempre adjudicamos la responsabilidad de la pérdida de relevancia del arquitecto a la sociedad, pero la verdad es que somos bien responsables en esa pérdida del protagonismo, porque hemos entregado el desarrollo de la ciudad al mercado. El mercado, creo, es un mecanismo eficiente de asignación de recursos, pero la ciudad tiene una complejidad que es distinta. Yo creo que el arquitecto y el Estado deben definir el modelo de ciudad con que queremos vivir.
-También pasa por la urgencia de las autoridades por cortar cintas…
Desgraciadamente los niveles de urgencia son atentatorios contra el desarrollo de la arquitectura. No solamente la hegemonía del mercado le ha hecho un daño enorme a la ciudad, también el sistema político de cuatro años de gobierno sin reelección. En este afán de la inmediatez y en que las comunicaciones definen o le ponen nota al quehacer de la autoridad, cuatro años no son nada. Hay proyectos en los que llevo más de 40 años trabajando y he pasado por muchos presidentes.
-¿Hay gobiernos más interesados que otros?
El Presidente Lagos tenía muy clara la sensibilidad por el sentido colectivo de la ciudad como bien cultural. Fueron largas conversaciones al respecto y era una de sus pasiones. Creo que podría decir algo parecido de Sebastián Piñera, que también tenía un interés por el tema de la cultura de la ciudad.
-¿Cómo se ve desde Europa, pensando en el tema de la exposición, esta tensión declarada en el título de la muestra? Pareciera que en Chile nos aproximamos de otra manera.
Hay tensiones comunes como por ejemplo la migración que es un tema que concierne a todas las ciudades capitales del mundo. En el caso nuestro, me complica la desidia por el cuidado del patrimonio, y volvemos al tema del mercado. Otro tema complicado y que en Europa no se hace tan evidente como acá es el del valor del suelo que genera una segregación social brutal. El mercado le asigna un precio al bien -en este caso al suelo- y determina que el valor del suelo mejor ubicado tiene un precio que impide que se instalen allí viviendas para personas de bajos recursos. Ese es un crimen urbano. En la medida en que yo mando a los pobres a vivir a la periferia tengo que extender el metro, tengo que extender las calles, tengo que generar lugares donde no tenían comercio, servicios, escuelas, etcétera. Resuelvo cuantitativamente el déficit de vivienda de una manera económica para el Estado, o sea es un buen índice, pero es un índice que genera mala conciencia. Lo que sucede allí es que se genera este conflicto entre los marginados versus los privilegiados ¿Por qué no asignarle, por ejemplo, una obligatoriedad por ley a que un barrio tenga que tener un porcentaje representativo de lo que es la sociedad, con vivienda para gente de menos recursos, para gente de clase media, etc., todos conscientes de ser seres de un linaje colectivo.? No estoy hablando desde una trinchera política determinada, nada más lejos de eso. Es una cuestión de sentido común, que nos conviene a todos. Yo le asigno una responsabilidad enorme al estallido social a la marginalidad y a esta segregación social.
-En el caso del campamento de La Ermita en Lo Barnechea, las personas fueron reubicadas en Puente Alto y quisieron volver.
Vivían de forma muy precaria, pero tenían buenos trabajos. Estaban cerca de los servicios en una comuna donde se necesitaba mano de obra especializada, etc. Tenían condiciones de habitación muy precarias, pero trabajos que les daban esperanza de un futuro mejor. Vino la erradicación, los llevaron lejos a la periferia y la mayoría dejó las casas y volvió al campamento que tenían. Estaban a dos horas y media de su lugar de trabajo, cinco horas de transporte. No tenía ningún sentido ese mal vivir. Ese es un ejemplo clarísimo de una política motivada y exacerbada por el mercado.
-Luego, en 1999, ustedes realizaron el proyecto de vivienda social en ese lugar.
Sí. Me ha tocado, en general, hacer proyectos de vivienda social que son erradicaciones en el mismo lugar. No hago proyectos de vivienda social donde se manda a la gente a lugares remotos.
-¿Eso es por principio?
Sí. Una buena localización, aun cuando sea campamento o autoconstrucción, permite un desarrollo de la familia integral mejor en el mediano plazo. La cercanía del trabajo y de bienes de servicio además de la dignidad del entorno estimulan el desarrollo de las personas.
-¿Qué es lo que te motiva hoy, después de casi 50 años ejerciendo como arquitecto?
Me pasó una cosa bien curiosa en Italia en la exposición. Había un “manifiesto” escrito de cuando tenía 23 años y estaba recién salido de la universidad. Habíamos hecho algunos proyectos para concursos internacionales en Europa que habían sido exitosos, pero había uno específico sobre la ciudad. Apareció un documento para mi muy significativo porque no me acordaba que existía y hablaba exactamente de lo que estoy hablando ahora, del tipo de ciudad, de la escala humana, de lo colectivo, del espacio público y me dí cuenta de que, bueno, yo la verdad ideológicamente no he cambiado, he permanecido en una misma visión de lo que la ciudad debe ser. Lo que sí ha cambiado es la expresión de la obra que tiene que ver con procesos culturales que van mutando y con nuevas tecnologías, pero, en lo medular, no hemos cambiado. No lo veo como meritorio, me parece súper legítimo el cambiar de opinión. No ha sido mi caso.
Por otra parte, he tenido la suerte de tener las oportunidades para poder hacer y construir en lo que he creído y soy muy consciente de ese privilegio y muy agradecido.
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