19 de enero de 2026

Rodrigo Guendelman

“Mi rol es hacer que la gente aprecie la ciudad en la que vive y la disfrute”

La plataforma multimedia Santiago Adicto fue  reconocida con la Medalla AOA al Aporte Institucional a la Arquitectura y su fundador explica en esta entrevista cómo se originó y se transformó en una sólida comunidad que hoy se aproxima a la ciudad, la arquitectura y el patrimonio desde una mirada propositiva.

© Cristobal Venegas

No es que la gente quiera a las ciudades porque son bellas; las ciudades son bellas cuando la gente las quiere”. La frase que describe el perfil de la cuenta Santiago Adicto en X (ex Twitter), Instagram y en su página web, da cuenta de la mirada positiva que caracteriza a esta verdadera institución en la que se ha convertido la plataforma multimedia que cuenta con una gran comunidad y que se apronta a celebrar su 15 decimoquinto aniversario.

En octubre de 2011, Rodrigo Guendelman publicó en el diario La Tercera una columna que se titulaba Santiago Adicto y desde un año antes, el hashtag con ese mismo nombre en X (Twitter, en ese entonces), en momentos en que mucha gente usaba #Santiasco. “Era como que se hubiera subido una campaña de gente que quería denostar a su propia ciudad. A mí me costaba mucho entenderlo, me encantaba mi ciudad”, cuenta el periodista de la Universidad Diego Portales, columnista del diario La Tercera, conductor de Santiago Adicto en Radio Duna que también condujo el programa Hay que Ir en el noticiero de canal 13.

Abrió la cuenta en X, luego en Instagram, al tiempo sumó @adictoachile y hoy, esta “adicción” se ha amplificado. Casi quince años después, ya existe la Guía de Santiago, en español e inglés. alojada en santiagoadicto.cl y se complementa con una nueva cuenta de Instagram: @guiasantiagoadicto. Además, hace pocas semanas vio la luz la Guía Chile Adicto Hoteles, fruto de la asociación de Guendelman con Patricio Miñano.

¿Cómo comenzó este vínculo con la ciudad?

Cuando trabajaba en la Radio Zero, terminaba a las 14:00 hrs. y, muchas veces, si podía me iba a caminar después del programa, iba a buscar esculturas, que era mi hobby en esa época. La escultura chilena es de altísimo nivel, pero poco conocida e invisibilizada también. Me iba poniendo metas, como por ejemplo buscar la obra de Federico Assler, que está en un conjunto de viviendas sociales que hizo Alejandro Aravena en Renca o las fuentes de agua, de Samuel Román, en Avenida Matta. Recorría distintos barrios y comunas, y así empecé a toparme con los árboles, con los edificios, con los museos, con las plazas, con la gente. Me di cuenta que la ciudad era más entretenida, todavía, de lo que yo pensaba.

¿Cómo enfrentaste el estallido social y la destrucción de la ciudad?

Los dos primeros años post 18 de octubre de 2019, fue súper difícil comunicar cualquier cosa. 

En los tiempos más duros del estallido social había una masa de gente muy extrema que te castigaba por opinar de cualquier cosa que no fuera lo que ellos querían que opinaras. Por lo tanto, era mucho más difícil editorializar, tener conceptos, que la gente pusiera likes, porque estaba como asustada de ser castigada socialmente.

Pero la comunidad y la gente que quiere esta ciudad nunca ha desaparecido.

“Mi rol es hacer que la gente aprecie la ciudad en la que vive y la disfrute”

Rodrigo Guendelman se ha transformado en un referente al momento de hablar de ciudad, más allá de su infraestructura y espacio público, también sobre las relaciones y cruces y, en ese sentido, de la agenda cultural que esta ofrece. Conocedor de la historia de la arquitectura nacional, del diseño y del arte público, recomienda lugares y panoramas, y además profundiza en estas materias con una mirada ciudadana.  “No soy arquitecto ni urbanista, soy comunicador y, por lo tanto, siempre estoy preguntando. Entonces, lo que aprendo lo voy usando, pero siempre asumiendo que yo no me voy a meter en honduras técnicas, porque no es mi rol. Mi rol es hacer que la gente aprecie la ciudad en la que vive y la disfrute, y haga turismo en ella. Si la conocemos, la vamos a querer, y si la queremos la vamos a cuidar. Entonces es un círculo virtuoso. Me gusta estar con los pies en la calle, para poder tener una opinión de lo bueno y de lo malo. Y lo malo, hablarlo de manera constructiva, con propuestas, no solamente diciendo que somos una porquería. No, no somos, nunca, una porquería.

¿Cómo te hiciste adicto a Santiago?

Dentro de mi jerarquía de las cosas que me gustan de la ciudad, primero, y lejos de cualquier otra cosa, es la geografía. En Santiago no hay arquitectura que compita con ella. En perspectiva, desde lejos, cuando uno ve la torre de César Pelli, en comparación con la cordillera, se ve como una hormiga, a diferencia de lo que pasa, por ejemplo, en Nueva York. Acá lo primero es la geografía, es la cordillera, es el cerro El Plomo, todos esos glaciares y todas esas cumbres, después la precordillera, los cerros isla y después vienen los espacios urbanos y arquitectónicos que tenemos, que son maravillosos. Vienen los parques, que se han ido desarrollando en los últimos 30 años, los espacios cívicos, como la Plaza de la Constitución o el Centro Cultural La Moneda.

¿Cómo recibes este reconocimiento que coincide con el aniversario de Santiago Adicto?

Con muchísimo honor, porque admiro mucho el trabajo que hace la AOA, a las personas que están en el directorio y en el grupo ejecutivo, digamos, de la Asociación de Oficinas de Arquitectos. Me parece que hoy día es la institución más importante, más sólida y más creíble que representa a los arquitectos y arquitectas de Chile.

Por lo tanto, así como en algún momento recibir el premio del Colegio de Arquitectos era uno de los reconocimientos más relevantes, hoy me parece que recibir la medalla AOA, es el máximo honor posible para alguien que se vincula con la arquitectura como comunicador. Estoy muy contento.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.