26 de mayo del 2025

Presentación libro “Contra la Corriente” de Jorge Figueroa E.

El pasado 13 de marzo se presentó el texto que recoge una serie de conversaciones entre el arquitecto Jorge Figueroa y el Premio Nacional de Arquitectura radicado en París, Borja Huidobro.

El encargado de presentar el escrito fue el Past President de la AOA, Pablo Jordán F. Dado el valor de sus palabras y la manera en que nos aproximan al libro las compartimos a continuación:

El arquitecto Borja Huidobro es por todos conocido. Su obra, su condición de Premio Nacional de Arquitectura 1991, su personalidad y carácter. Menos conocida es su biografía, sus motivaciones, la evaluación de sus pares, la ponderación de sí mismo o cómo se integraron sus circunstancias en su desarrollo profesional y  el de su obra. 

Jorge, amigo, socio, colega y admirador, se dio a la tarea de cruzar elementos de la biografía de Borja, con su postura frente a la arquitectura, sus creaciones arquitectónicas y el personaje, intentando descifrar las lecciones, claves y condicionantes de su producción de vida como arquitecto y pintor. 

Nos enfrentamos de esta forma a un texto bien escrito, que nos hace sentir casi intrusos en una conversación entre amigos y colegas. Detrás de la puerta, asistimos como testigos a la conversación sincera y generosa donde Borja transmite su historia personal, experiencias y opiniones, de forma directa y franca.

El diálogo fluye. De manera inteligente el autor teje las anécdotas, los temas y las preguntas, de forma que se integran en las respuestas, la narración biográfica con la persona de Borja Huidobro. Se produce así en el lector interesado la reacción emocional: sorpresa, risa, interés, aplauso…

El texto se completa con la incorporación medida y correcta del autor y su propia experiencia profesional (con o sin Borja), como contrapunto y complemento al texto central, otorgando solidez a la discusión y puntos de vista, así como complemento contextual al hecho narrado. Estamos frente a un libro que funde admiración y reconocimiento con amistad y camaradería. El autor se hace parte del producto el que resulta entonces en un esfuerzo colaborativo. Una obra conjunta.  Esto se concreta en la carátula de la publicación.

Acompañan al texto fotografías e ilustraciones que muestran obra, proyectos, croquis, pinturas y dibujos de Borja. También familia, amigos, profesores y lugares familiares. Este material enriquece el texto y ayuda a comprender el contexto de lo narrado.

Las conversaciones descritas entre los arquitectos cubren múltiples y diferentes temas agrupados estructuralmente en, lo estrictamente biográfico, la formación, la práctica profesional, vivencias y anécdotas y, opiniones sobre temas de la disciplina.

Se develan de esta forma capas, las que progresivamente acercan al lector al interés por la obra, su concepción y tratamiento, alcanzando incluso elementos del método de trabajo. Así, quien quiera conocer los pasos que guían la concepción y desarrollo de un proyecto de Borja, puede conocer las etapas y acciones de su desarrollo, refiriéndolos a su propia práctica.

En este trayecto, se configura, lee y conoce al hombre Borja Huidobro, al arquitecto y el personaje. Todo ello para integrar persona y obra. ¿Lo logra? Yo pienso que sí. 

En el texto se hace referencia a la “caja blanca” y la “caja negra” como las metáforas para la representación del contexto y de la creatividad respectivamente. El texto explícitamente resuelve la caja blanca, entregando además la mirada del mismo Borja en cuanto a la forma en que su personalidad determina la creación arquitectónica y plástica. En este sentido la definición de belleza (solo ES) para él, resulta de la síntesis de intuición y racionalidad. 

El libro que hoy se entrega no es una monografía. Tampoco una biografía. Es una conversación abierta. Sincera, honesta y afectuosa. A ratos conmovedora. Fuerte. Pero no cerrada ni concluyente. Tiene más elementos de persona, de humano que de arquitecto. 

Los primeros capítulos nos acercan a la infancia y la juventud. Conocemos de la genealogía familiar la que nos informa del hecho de que Borja nace en una familia tradicional, de muchos recursos, y que habita sus primeros años en un fundo, El Oliveto, en Talagante, con todas las comodidades, pero aislado del Chile real. Él y sus hermanos son cuidados por una institutriz inglesa. Solo habla inglés. Tiene poco contacto con sus padres. Fue feliz, nos cuenta, pero toma conciencia de su invisibilidad. Surge en su vida el tema central: la superación de la adversidad y la verificación de poder salir adelante. De podérsela solo, nos dice. 

Su trayectoria educacional lo lleva a ingresar al San Ignacio donde debe enfrentarse con otros niños y resolver conflictos, ¡incluyendo el puñete como medio de comunicación!

De esta educación en casa y escolar quedan en él el rigor, la disciplina, el idioma, la fuerza física, y por sobre todo las ganas de superación. 

A los 14 años decide renunciar a la situación de privilegio en la que vive, y opta por ingresar a la Escuela Naval. Busca, de nuevo, probarse a sí mismo. Ser el mejor. “Ponerse parches al mérito”, nos dice. El puñete vuelve a ser parte del lenguaje y herramienta de carácter. Logra la primera antigüedad. “Me gané el primer lugar solito” dice. Sin apoyos, sin contactos.  Su vida permanecerá cercana a la Armada la que le entrega los valores del servicio, el sentido de bien, la disciplina, el respeto y el trabajo. 

Ingresa a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica. “No tuve vocación, fue por descarte”, nos cuenta. Tuvo excelentes profesores: Sergio Larraín, Alberto Piwonka, Emilio Duhart (quien sería su suegro), Mario Pérez de Arce, Nemesio Antúnez, Tito Barreda.  Recuerda que la formación fue dura, que aprendió a dibujar y que “fui rebelde. Fui y soy muy tozudo”.

La siguiente sección trata de la migración a París, su consolidación familiar y profesional en un medio desconocido y difícil. Viajan a París con Michelle y allá nacería su hija Claudia. Opta por nadar contra la corriente nuevamente. Tenían todo listo para partir a Harvard, pero opta por lo difícil. No sabe el idioma. Se van a la aventura. Iban a ser tres años. Fue para toda la vida. 

Es tal su fuerza y voluntad de superación que incluso adapta su nombre: deja atrás el García. Lo hace, nos cuenta, desde un profundo sentido práctico: “los franceses me podían confundir con el guatón de El Zorro”, nos cuenta. 

Conoce y se integra con famosos: Matta, Neruda, Cremonini, presidentes, etc. Estudia un año en el Instituto de Urbanismo y lo deja por aburrido. Pinta. Define como es el rol del arquitecto en la producción de arquitectura: “el arquitecto lo ve todo”. Afirma: “El arquitecto debe ser culto, simpático, educado, amable, bonito, es decir encantador. Si no, uno no tiene clientes. Eso, más contactos y empatía”.

Confrontado con una definición sobre su estilo de diseño confiesa: “Soy ante todo intuitivo”. “No busco sorprender. Hay que diseñar en los límites, al borde de lo legal”. “La Arquitectura No es arte”.

Es destacable su modestia, la que se refleja en su obra concebida en base a una estricta funcionalidad, proporción y sobriedad.  “Para la buena arquitectura basta la forma. No se requiere narración. La forma y la técnica bastan”, nos comenta.

También es modesto en su reacción frente al éxito y la fama. “No sé manejar el halago”, “soy un arquitecto medieval”. 

Nunca mira atrás. Se adapta a su nuevo contexto. Da la pelea y gana. 

Pinta y encuentra en la pintura el espacio de la libertad y la espontaneidad. La arquitectura es trabajo más trabajo, menos discurso y más dibujo, requiere de talento, conocimiento fino de las variables del proyecto, y mucho esfuerzo.

Enuncia en esta parte del texto un método de trabajo en diseño: en primer lugar, establecer una hipótesis referencial; luego estudiar profundamente las variables (normas, códigos, leyes, materiales, usuario, lugar). En tercer lugar, fusionar ambos elementos en un trabajo de croquis, de dibujo para definir el proyecto. Se suma a lo anterior la búsqueda de el motivo o alma del edificio (que nos pide el proyecto) y, se asienta en un lugar. 

Finalmente, y como pieza clave en la producción de buena arquitectura: Nunca trabajar para malos clientes. 

Suma como clave del diseño, la integración de lo intuitivo del chileno con lo racional del francés, y en esa mezcla emerge la belleza. 

En una notable definición sintética sobre la identidad chilena nos dice que la nacional es la geografía y el paisaje, junto con la supervivencia y superación de la adversidad.  

Establecidos los fundamentos biográficos y personales que dan el contexto al arquitecto, las siguientes secciones del libro muestran dimensiones específicas del proceso de trabajo y su relación con sus socios, de proyectos ejecutados en Santiago y el mundo, de sus clientes, sobre la ciudad, la naturaleza, el entusiasmo y lo absurdo de intentar integración social mediante edificios (es tarea del urbanismo y la ciudad nos dice). Sus opiniones y juicios directos salpican el texto. 

De estas secciones, nos quedan los registros de los dibujos que acompañaron el diseño, los que en sí mismos son un conjunto extraordinario de definiciones de composición, emplazamiento, y construcción de cada obra. También el respetuoso y agradecido trato de Borja para con sus socios, a quienes admira. 

Hacia el final, el texto aborda temas como la vida familiar actual, el desapego como fuente de paz, y el tratamiento del legado. Siempre sorprendente, nos cuenta de su ego-room: una habitación que contiene los premios, medallas, noticias, diplomas y todo el reconocimiento del cual ha sido objeto. Guardado en una habitación cerrada, se visita sólo de vez en cuando. La modestia, y el auto control sobresalen en esta solución arquitectónica y funcional.. Notable

¿Qué aprendemos?

En primer lugar, conocemos al hombre, sus pasiones, pulsos, puntos de vista y emociones.

También sondeamos los modos de enfrentar la obra: en la generación del proyecto, su diseño, el trabajo en equipo, el método y el final desapego.

¿Supimos si el contexto determina?

Sin duda: educación, lugar, contactos, pareja, amigos, socios, colaboradores y clientes. 

También, que todo ello requiere de una personalidad propia para que estas oportunidades rindan frutos.   De un carácter sólido y también de valores (respeto por el equipo, gratitud, dignidad, solidaridad y generosidad).  Estas condiciones humanas y personales de Borja, atraviesan sin proponérselo todo el texto. Se comprenden y realizan a lo largo de la vida y se ven reflejadas en las conductas del profesional arquitecto. 

Por cierto, la lección de que sin trabajo no hay éxito o frutos, está presente. Otra cosa es buscarse situaciones límite para probarse a sí mismo, ángulo que requiere de mucha voluntad y tesón.

Con respecto a nuestra profesión, somos testigos de que la Arquitectura es generosa y agradecida para quienes la practican con desvelos, mucha pasión, dibujo y ciencia. 

Finalmente, desde la biografía de Borja Huidobro, las claves de su éxito y calidad personal, pasan por rechazar los privilegios, renegar de lo fácil, optar por el trabajo y camino duro para probarse a sí mismo, perseverar, dibujar y trabajar mucho, dar puñetes si es necesario. Ser eminentemente práctico y humilde.

En mi condición de past president de la Asociación de Oficinas de Arquitectos, es un orgullo haber contribuido con nuestro patrocinio a la materialización de este proyecto editorial. 

Quisiera concluir agradeciendo a Jorge por su amistad, a quienes hacen posible este merecido homenaje, y a Borja por su generosa entrega.

Nuestra disciplina es colectiva y de individuos. Los que se reúnen para aprender del colega y así forjar cultura arquitectónica. Desde la humildad por lo bien hecho, buscar al otro.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.