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Max Mora Workshop Office: “En nuestra oficina prima la diversidad cultural”


Max Mora Workshop Office es una oficina de arquitectura joven. Nació en 2018 y desde entonces sus proyectos se han centrado en áreas colaborativas, de trabajo y educación. Esto, como consecuencia de la motivación del equipo de generar lugares flexibles, experienciales y polifuncionales; “espacios que permitan encontrarse”, dicen.


Su obra emblema es Alma de Cerro, un edificio de cinco pisos construido en la ciudad de Coyhaique, en plena Patagonia chilena, que tuvo que sortear las dificultades propias de la pandemia, dando como resultado un edificio distinto, austero y generoso con el paisaje, según sostiene Max Mora, fundador de la oficina.


"Alma de Cerro, emplazado en un terreno de 537,5 m2, fue un gran desafío. Se desarrolló al inicio de la pandemia y se construyó en plenas cuarentenas, con muchísima escasez de todo y donde hubo que trabajar con 'lo poco y nada'. Tuvimos que buscar el máximo rendimiento de todo, con austeridad y lo que había disponible en la zona, sin grandes lujos", explica el profesional.


Pero previo a ese edificio, Max Mora Workshop Office hizo su debut con un proyecto de cuatro pisos, dos interiores, terraza en el último piso y estacionamiento subterráneo, ubicado en la calle 8 Norte de Viña del Mar. "Allí incorporamos color, texturas y movimiento. Quisimos hacer de cada piso una experiencia distinta de trabajo y colaboración", comenta Mora.


"Es el proyecto ancla de nuestra oficina y le tenemos mucho cariño. Luego vinieron proyectos de cowork ecológicos, casas, oficinas y restaurantes, todo muy disperso, pero todos querían algo del proyecto de Viña", agrega.

“Nuestra experiencia proviene de la observación”


A ojos de Max Mora, la oficina que dirige es diversa y pluricultural. Sus profesionales, en su mayoría mujeres, provienen de distintas universidades, tanto públicas como privadas; nacionales e internacionales. “Es muy relevante el recorrido de la persona, sus experiencias y motivaciones. Esto es muy importante para la misión de nuestra oficina, que es ‘crear lugares y experiencias que unen’”, asegura.


Enfatiza que “somos un proyecto de oficina de arquitectura callejera y, quisiera decir, regionalista en toda su magnitud. En nuestra oficina prima la diversidad cultural, la conversación acerca de la ciudad y el territorio, la política, por cierto. Creemos que es la forma de acercarse a la arquitectura como un componente de la sociedad y su paisaje”.


En ese sentido, el arquitecto explica que la experiencia principal de su equipo “proviene de la observación, urbana y territorial”. “El fundamento de cada proyecto aparece del estudio del lugar y su habitante, de conocer sus medidas, del relato de lo que quiere ser y desde ahí la creación; por eso es una oficina-taller”, declara.


Así, al ser consultado sobre cuál es el sello diferenciador de la oficina, Mora apunta a la “coordinación entre visión, mundo y estilo, no el estilo de diseño, sino de cómo unimos la experiencia, la acción y creación”.

Sobre la AOA, destacan su “estilo y contenido”, razón que los llevó a asociarse. “Se han tomado con mucha seriedad su participación en el medio. El arquitecto es muy importante en la sociedad, más cuando está unido a un cuerpo mayor. Durante años he visto el desarrollo, la comunicación y acción de la AOA en distintos planos de la sociedad chilena, y no cabe duda del gran aporte que genera al gremio y al país. Hay bases fuertes y se deja ver un gran camino por recorrer”, opina Mora.

Visión optimista


Desde la oficina dicen tener una visión optimista respecto de la realidad nacional, pues consideran que “se está construyendo con mayor conciencia y se está entrando en una era de mayor madurez urbana”. “Se modificarán muchos edificios, sus usos, sus destinos, y aumentará considerablemente la movilidad territorial. Creo que se construirán nuevos tejidos urbanos, todo más humano y social, donde la arquitectura deberá ser mucho más propositiva hacia el encuentro, hacia la permanencia temporal y la legislación deberá ser mucho más ‘amigable’ con la realidad de las personas, el territorio y la ciudad”, asevera Mora.


No obstante, de forma paralela, identifica un problema: “La realidad nacional es cada vez más global, esto va determinando que nos ausentemos de nuestra identidad y busquemos formas de autentificar lo propio o quizás regenerarlo. Hoy la identidad y libertad individual está por sobre la institucional. Debemos mejorar nuestra legislación urbana y fortalecer los programas culturales y sociales, no todo es hacer locales comerciales. Es cosa de ver los nuevos edificios públicos o centros consistoriales, cada vez incorporan más espacios ciudadanos y son más conscientes de lo que deben ser para el presente y futuro”.


Además, el profesional advierte que debemos tener cuidado con la tecnología, porque avanza más rápido que la cultura, y el territorio rural no está preparado para recibir a la ciudad tan bruscamente. Hay que proteger nuestro verdadero patrimonio. Cuando eso ocurre, construimos y destruimos, el mercado actúa con agilidad sobre una legislación que se va poniendo al día y es poco proactiva, luego solo queda reaccionar. El resultado, ciudades que parecen improvisadas, saturadas, no alcanzamos a enmendar el error y, lo que es peor, no entregamos una solución al habitante y mucho menos al paisaje”.


En esa línea, Mora considera que “los desafíos van orientados hacia una legislación urbana y territorial más proactiva, menos burocrática y más cercana a la gente. Aumentar la inversión pública en espacios y edificios culturales, de colaboración y proposición. Por otro lado, incentivar al sector privado a incorporar espacios de encuentro comunitario y mejorar la calidad de los proyectos de densificación en altura con miradores en altura como áreas verdes, entre tantas ideas que nos pueden ayudar a tener una mejor ciudad. La cultura es el mayor patrimonio que puede existir para crear conciencia en nuestra sociedad. Creemos que los espacios culturales acercan las realidades de todos y su acceso debe ser universal, como un parque o una plaza. No hay mayor inversión que la cultura”.