12 de enero de 2026

Emilio De la Cerda

“El patrimonio es un elemento tan importante como el equilibrio medioambiental, la integración social, el crecimiento económico o la gobernanza”

Recientemente fue reconocido con la Medalla AOA a la Trayectoria Académica, destacando su aporte sistemático al desarrollo de la arquitectura en Chile, desde el ámbito público, institucional, docente y práctico. “Me interesa esa relación, ese equilibrio entre mundos distintos”, dice.

El terremoto de 2010 marca un importante hito en la carrera profesional de Emilio De la Cerda, arquitecto y magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica (2006), actual Director de Patrimonio Cultural de la mencionada casa de estudios.

Hasta ese entonces, se había dedicado a la docencia; había trabajado, antes de titularse, junto a Alejandro Aravena en el proyecto Quinta Monroy en Iquique -primer conjunto de vivienda desarrollado por ELEMENTAL- y, en paralelo, había formado OWAR Arquitectos, junto a Álvaro Benítez y Tomás Folch. Su objetivo era hacer proyecto de arquitectura y así proyectaron viviendas sociales en la isla de Juan Fernández y proyectos de patrimonio en Valparaíso, entre otros, en muchos casos asociados con otras oficinas. Antes del terremoto, cuenta De la Cerda, habían ocupado sistemas constructivos “más o menos innovadores, que algo tenía que ver con la casa tradicional chilena, sistemas de fardos de trigo, por ejemplo.”

El llamado a sumarse al mundo público, hoy, lo ve como algo que surgió de manera natural. En 2011, Magdalena Krebs, directora de la DIBAM, lo nombró como Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). “Buscó un arquitecto de proyecto, con experiencia en patrimonio, para poder enfrentar el proceso de la reconstrucción y todo lo que estaba pasando ahí”, explica.

Dejó su oficina, pensando que sería algo provisorio, y participó de la discusión orgánica para la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. El Presidente Sebastián Piñera firmó el proyecto de ley para crearlo en mayo de 2013, y se convirtió en la Ley 21.045 en octubre de 2017, durante el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

En ese período también participó en las definiciones de la primera versión de la Ley de Patrimonio Cultural y en la recuperación del Palacio Pereira, proyecto que se transformó en el caso emblemático y reflejo concreto de toda la discusión más abstracta respecto a las políticas públicas relacionadas con el patrimonio.
“Gestionamos la compra, hicimos el concurso, fue un proceso muy lindo y terminó diez años después de la mejor manera posible. El Palacio Pereira fue una especie de buque insignia de toda esa otra discusión que se estaba fraguando (…) En nuestra historia reciente, el terremoto fue un momento bisagra para la arquitectura, para la ciudad y para las normas. En ese entonces, se sacaron dos normas nuevas de sismos para las construcciones patrimoniales”, recuerda De la Cerda, que en 2014 fue nombrado Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica. En 2018 dejó ese cargo y volvió al sector público como Subsecretario del Patrimonio Cultural, en el recientemente creado Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

—Cómo has logrado articular tu trabajo en la academia, en el ámbito público y en la gestión cultural?
—Siempre me he visto como un arquitecto de proyectos, como un arquitecto interesado en la arquitectura, que opera desde distintos ámbitos, pero siempre con una mirada disciplinar. Yo no me veo ni como un arquitecto 100 por ciento de obra, pero sí me siento parte de ese mundo, ni como un funcionario público o político, ni solo académico. A mí me interesa esa relación, ese equilibrio entre mundos distintos. Los veo súper vinculados. No me interesa mucho una academia que no tiene vínculos con lo que pasa en la sociedad, que no tiene relación con el mundo profesional, ni un mundo profesional que no reflexiona sobre lo que hace y que no influye en la cosa públicamente. Hay casos muy notables de arquitectos que han tenido esas vinculaciones. Fernando Castillo Velasco, Sergio Larraín, Héctor Valdés fueron personas que transitaron entre lo gremial, lo académico y lo público.

—Es importante que hoy esa manera de entender la profesión impacte en la sociedad, entendiendo que hay un interés creciente de volver a cuidar las ciudades, tras momentos en que fueron muy dañadas por el contexto político.
—Es un interés creciente, yo estoy muy de acuerdo, y me parece que nos impone a nosotros los profesionales, no solo los arquitectos, una responsabilidad respecto a cómo tratarlo. Se requieren reflexiones, nuevas normas, nuevas prácticas, cómo intervenir. Creo que hay mucho que avanzar en esto.

—Se pueden entregar soluciones más integrales, que no solo queden en el ámbito académico.
—Veo que hay una especie de desconexión, muchas veces, desde el ámbito universitario, tanto de la discusión pública como de la discusión disciplinar, gremial. Y entonces, claro, hay aproximaciones súper inteligentes, súper informadas, pero a veces muy de nicho, muy restringidas a su propio círculo. No hay una voluntad real de influir en la discusión pública. Yo, con mucha preocupación, veo eso hoy día en las universidades.

La posta de tres gobiernos de la Ley de Patrimonio Cultural

Respecto a la agenda concreta relacionada con el patrimonio, el ex subsecretario es enfático en destacar el proyecto para la nueva Ley de Patrimonio Cultural (que ingresó al Congreso en 2019, para luego ser revisada en 2021 y aprobada por la Cámara de Diputados en 2022).
“El nuevo gobierno partió frenándola y luego le dio continuidad. Ingresó indicaciones a fines de 2024 y se está discutiendo en la Comisión de Cultura en el Senado. Es una ley compleja, en un momento difícil, con toda esta discusión de la ‘permisología’ que ha entrado con mucha fuerza”, afirma.
“Ojalá que el nuevo gobierno, que le va a tocar sancionarla, pueda respetar eso, esta posta de tres gobiernos ya, y terminarla de buena forma. Estamos tan anquilosados en nuestra regulación que la descentralización, el marco conceptual renovado, la armonización con el instrumento de planificación territorial, el financiamiento y los subsidios van a ser noticias positivas”, agrega.

Además, destaca la práctica urbana de los profesionales que construyen ciudades, que se reflejan en iniciativas como el Premio Aporte Urbano, los avances en el plano normativo y en cómo las universidades se han involucrado en el tema patrimonial, “no como una reliquia, no como el tratamiento de las antigüedades, sino que como un elemento más en la definición de proyectos urbanos integrales. Y cuando digo eso, pienso en los ejes de la Política Nacional del Desarrollo Urbano (2014), donde el patrimonio es un elemento tan importante como el equilibrio medioambiental, la integración social, el crecimiento económico o la gobernanza”, sostiene.

—¿Qué opinión tienes de la recién aprobada propuesta de actualización de la Política Nacional de Desarrollo Urbano, por parte del Consejo Nacional de Desarrollo Territorial (CNDT)?
—Soy bastante crítico. En el Consejo de Desarrollo Urbano original, la Subsecretaría de Patrimonio estaba sentada en la mesa y el patrimonio era uno de los cuatro ejes de la política. Cuando hicieron el nuevo consejo, salió la subsecretaría y el tópico patrimonial. Ahora se incluyó al mundo rural, entonces todo el mundo de las manifestaciones rurales de la cultura popular desaparece, pero el organismo se aumentó de 25 a 50 integrantes. A mí me parece absolutamente inexplicable. Y la manera en la que lo están abordando también es insuficiente. Entonces, por un lado, me parece bien que exista una visión que busca incorporar lo rural y lo urbano en una visión más integral, creo que eso es adecuado en términos contemporáneos, pero me parece que el patrimonio está tratado de una manera, desde el principio de este consejo, completamente inadecuada.

“La visión más tradicional del patrimonio siempre ha estado asociada a una idea más como de élite y muy material, muy monumentalista”

Emilio de la Cerda fue nombrado por Ignacio Sánchez, exrector de la Universidad Católica, como Director del Patrimonio de la misma institución, dirección a la cual el actual rector, Juan Carlos de la Llera, le ha dado continuidad.
“Desde ahí se busca que los recursos patrimoniales que la universidad maneja puedan tener una vinculación más robusta con la investigación, con la docencia y la vinculación con el medio para generar espacios que integren estas colecciones en una mezcla entre investigación y exposición abierta al público”, explica el arquitecto, al tiempo que comenta lo estimulante que ha sido esta experiencia, que comparte con un equipo interdisciplinar, considerando la diversidad y relevancia de los acervos bajo su resguardo.

Entre ellos se cuentan la colección de Arte Virreinal de la familia Gandarillas; el patrimonio de Vicente Huidobro —que incluye su casa y la tumba del poeta—, así como legados de Violeta Parra, Los Jaivas, Sergio Larraín Echeñique y Jaime Vadell. A ello se suma la colección que dio origen al Museo del Juguete Chileno, además de patrimonio de destacados arquitectos, como Cristián De Groote y la oficina Izquierdo Lehmann.

El arquitecto, además, es director de la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile, que tiene varias décadas y que se destaca por una estructura diversa en la que participan actores del ámbito de la industria, de la empresa y del patrimonio, bajo la dirección ejecutiva de Magdalena Krebs. “Estamos armando proyectos nuevos, reperfilando la corporación, incorporando las nuevas miradas sobre el patrimonio, el inmaterial, el material”.

—¿Comprende el mundo privado esa distinción o aún persiste una idea más tradicional respecto al patrimonio, con foco en la restauración, por ejemplo?
—Yo creo que sí, depende de cómo lo conceptualices. Por ejemplo, el concurso de microdocumentales que tiene la corporación, y que tiene una alianza para que salgan esos se transmitan por Canal 13 Cable, y por otros medios, registran a cultores de patrimonio inmaterial, que trabajan ciertas  prácticas de artesanía. Eso, por ejemplo, es un resultado muy concreto.

Si bien un bien cultural tiene atributos propios, además su valor, su importancia relativa, está sostenido en grupos humanos, en comunidades que le otorgan ese valor. Las cosas no se sostienen solas, lo hacen porque alguien las encuentra importantes, porque alguien las conoce, las quiere, quiere volver a ellas, las tiene en su memoria. Y ese equilibrio supone que hay ciertos elementos permanentes en ese patrimonio, pero hay otros dinámicos que se construyen como una relación cambiante, lo que nos abre fuertemente a la lógica del patrimonio inmaterial, pero incluso a la dimensión política del patrimonio, a cómo debatimos respecto a él, a cómo lo vamos perfeccionando, a cómo evitamos que se vuelva una reliquia.

Son discusiones que han penetrado fuertemente en el debate. Es importante destacarlo, porque quizá la visión más tradicional del patrimonio siempre ha estado asociada a una idea más como de élite, muy material, muy monumentalista. Yo diría que se ha diversificado mucho en el último tiempo.

—Has sostenido que Chile estuvo a la vanguardia, ¿cómo estamos hoy en el contexto latinoamericano?
—A nivel normativo estamos más atrás, comparados con países como Brasil, Colombia o Perú. Pero no a nivel de valoración social. El Día del Patrimonio atrae a más de 2 millones de personas y el proyecto de intervención del Palacio Pereira es emblemático a nivel de toda América Latina, juega igual que otros en el mundo. 

Entonces, yo veo un desacople muy fuerte entre el plano institucional normativo respecto del plano profesional.

Hoy día estamos completamente obsoletos, hace rato que venimos hablando de los paisajes culturales, del patrimonio inmaterial, tenemos la Convención del Patrimonio Inmaterial ratificada por Chile, todo el tema del tráfico ilícito de bienes culturales, de las zonas patrimoniales, la recomendación de los paisajes urbanos históricos, las rutas culturales. El marco doctrinario cambió, el sistema de lógicas de participación, de descentralización, de gobernanza, de financiamiento ha variado muchísimo en el último tiempo y nuestra ley sigue siendo la misma.

No podemos seguir entendiendo que el patrimonio es como una muralla contra el desarrollo urbano, tiene que ser un factor más del desarrollo. Y eso significa que la arquitectura nueva tiene lugar, que hay dimensiones tipológicas ambientales que tienen que respetarse, que también hay proyectos que no se pueden hacer porque hay que respetar estos bienes culturales que requieren ser protegidos, que el patrimonio no se limita solo a lo construido, que hay dimensiones inmateriales. Desde luego, que el paisaje hay que tratarlo distinto a un barrio consolidado, porque no se puede aplicar mecanismos de revisión caso a caso a territorios completos, que lo arqueológico hoy día no es el bien arqueológico, el huaco singular que yo puedo sacar y llevar a los museos; que hay nociones de sitios, que hay lógicas de medio ambiente que están chocando hoy día con la lógica arqueológica y patrimonial.  Entonces, estamos en otro mundo.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.