01 de junio del 2026

Andrés Morelli

“Si queremos que la arquitectura genere impactos positivos, debemos volver a posicionarnos en la cabeza de los proyectos”

Socio y Jefe de Taller en MARQA Arquitectos, el arquitecto de la Universidad Católica, Magíster en Arquitectura Sustentable y Energía y Master of Advanced Architectural Design por la University of California, Berkeley, llega a liderar del recientemente creado Comité de Innovación y Tecnología, área en la que ha puesto especial foco en MARQA Arquitectos, donde es socio y jefe de taller, “explorando nuevas metodologías y sistemas constructivos que permitan responder de mejor manera a los desafíos actuales de la industria y de las ciudades.”, explica. Con experiencia en proyectos complejos, ha abordado diversas escalas que van desde planificación urbana y proyectos de uso mixto hasta iniciativas de integración social y desarrollos residenciales de alta complejidad técnica. 

“Más allá de un proyecto específico, lo que destacaría es nuestra capacidad de integrar variables urbanas, normativas, técnicas y arquitectónicas dentro de una misma estrategia de diseño. Nos interesa trabajar proyectos donde la arquitectura tenga un impacto real en la ciudad y donde el diseño se entienda como una herramienta de articulación entre distintas disciplinas y necesidades”, afirma.

Al postularte como director para la AOA, afirmaste que la arquitectura chilena enfrenta un momento decisivo y que esta “debe conducir la conversación tecnológica en la construcción, no quedar subordinada a ella. Es tiempo de asumir un liderazgo técnico, estratégico y con visión de futuro”. ¿Cómo crees que la asociación puede contribuir a esta misión?

Los arquitectos tenemos el deber profesional de mantenernos vigentes y actualizados frente a los avances tecnológicos y los nuevos procesos que están transformando la industria. Pero, al mismo tiempo, la asociación debe actuar como un catalizador que facilite esa transición y permita que este conocimiento sea accesible para todos sus socios. 

En este sentido, la AOA tiene la misión de generar una base sólida que permita escalar las innovaciones y desarrollos tecnológicos dentro de las oficinas de arquitectura. Hoy la tecnología no solo impacta el resultado final de los proyectos, sino también la manera en que gestionamos nuestras oficinas, coordinamos equipos y desarrollamos los procesos de diseño. Ahí existe una enorme oportunidad de mejora y evolución. 

La arquitectura debe liderar esta conversación tecnológica desde una mirada estratégica y disciplinar, entendiendo que nuestro rol no puede quedar subordinado a herramientas o procesos externos, sino que debe conducirlos con visión crítica y capacidad de integración. 

¿Cuáles son las líneas de trabajo que esperas implementar en el Comité de Innovación y Tecnología?

Lo primero será levantar un diagnóstico claro sobre el estado actual de nuestros socios en relación con innovación y tecnología. Necesitamos entender cuál es el nivel de incorporación tecnológica dentro de las oficinas y cómo se están abordando estos procesos. Para eso, impulsaremos un Censo que nos permita conocer el estado del arte de la profesión en esta materia. 

A partir de esa información, el objetivo será generar una base común de conocimiento mediante seminarios, charlas, documentos técnicos y espacios de intercambio que permitan nivelar hacia arriba y entregar herramientas concretas a cada socio según sus necesidades y objetivos. 

La clave de todo esto es la colaboración. Hoy los desafíos son demasiado complejos para enfrentarlos de manera individual. Necesitamos construir una cultura donde los socios participen activamente, compartan experiencias, aprendizajes y metodologías, transformando a la AOA en un verdadero ecosistema de colaboración y transferencia de conocimiento.

Eres miembro activo del Comité de Vivienda e Inmobiliario de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) y ahora director de la AOA, ¿qué te ha motivado a participar del trabajo gremial? ¿Qué valor ves en el trabajo colectivo?

Dada la complejidad del contexto actual, veo con mucho optimismo el rol de las organizaciones gremiales como espacios de apoyo y articulación para los profesionales y para la industria en general. 

Tanto la CChC como la AOA tienen la responsabilidad de fortalecer el sector, darle viabilidad y, sobre todo, influir en las políticas públicas desde la experiencia concreta del hacer. Muchas veces las decisiones normativas o regulatorias se toman lejos de la realidad de los proyectos, y ahí el trabajo gremial permite aportar una mirada técnica y práctica que es fundamental. 

El valor del trabajo colectivo está precisamente en eso: en pasar de lo individual a la construcción de propuestas institucionales con capacidad de incidencia real. Cuando trabajamos colaborativamente, nuestra voz técnica adquiere mayor relevancia y podemos enfrentar de mejor manera los desafíos que tiene hoy la arquitectura y las ciudades.

Dada tu experiencia, como socio y Jefe de Taller en MARQA Arquitectos, donde te ha tocado coordinar proyectos de alta complejidad, ¿cuales crees que son los principales desafíos que enfrenta la arquitectura chilena?

Uno de los principales desafíos que enfrenta hoy la arquitectura chilena es la creciente complejidad del entorno que hace viables los proyectos. Con el nivel actual de normativas, regulaciones, permisos y condicionantes urbanas, prácticamente ya no existen proyectos simples. Todos requieren altos niveles de coordinación, gestión y capacidad técnica desde las etapas más tempranas, es ahí donde la innovación adquiere relevancia. 

Frente a eso, creo que los arquitectos debemos recuperar y fortalecer nuestro rol como coordinadores integrales del proceso, y no solo como especialistas enfocados en el diseño formal. Tenemos la responsabilidad de liderar los proyectos desde su génesis hasta su materialización, integrando variables técnicas, urbanas, ambientales, económicas y sociales. 

Pero, al mismo tiempo, es importante no perder de vista la relevancia de la buena arquitectura. Muchas veces la discusión queda reducida a normativas, costos o viabilidad, cuando en realidad los edificios construyen ciudad, afectan directamente la calidad de vida de las personas y permanecen por décadas. La arquitectura tiene un impacto público profundo, y por eso nuestro rol sigue siendo fundamental para equilibrar eficiencia, técnica y calidad espacial. 

Si queremos que la arquitectura genere impactos positivos, debemos volver a posicionarnos en la cabeza de los proyectos, entendiendo la ciudad como un sistema complejo donde cada intervención tiene consecuencias más amplias que el edificio en sí mismo.

Tu trabajo ha puesto énfasis en sostenibilidad aplicada, industrialización en madera e innovación técnica. ¿Cómo crees que estas herramientas pueden cambiar la manera en que proyectamos y construimos en Chile?

Creo que estas herramientas ya dejaron de ser tendencias y pasaron a ser necesidades urgentes. La sostenibilidad aplicada, la industrialización y la innovación técnica no solo responden a desafíos ambientales, sino también a problemas de eficiencia, productividad y calidad en la construcción. 

La industrialización —especialmente en madera— nos obliga a cambiar la lógica tradicional de diseño. Ya no se trata únicamente de diseñar un proyecto y luego ver cómo se construye, sino de incorporar desde el inicio las variables de fabricación, montaje, logística y desempeño ambiental. 

Esto permite reducir incertidumbres, optimizar tiempos, disminuir residuos y mejorar significativamente la huella de carbono de los edificios. En el caso de Chile, además, existe una oportunidad enorme: somos un país forestal, sísmico y con capacidades técnicas crecientes en construcción industrializada. La madera puede transformarse en un motor estratégico para desarrollar una arquitectura más sustentable, eficiente y de mayor calidad. 

Sin embargo, creo que es importante entender que la tecnología y la innovación no son un fin en sí mismo. Su verdadero valor está en cómo potencian la buena arquitectura. La eficiencia, la industrialización o incluso la inteligencia artificial sólo tienen sentido si nos permiten crear mejores espacios, más humanos, sostenibles y capaces de mejorar la vida de las personas y la calidad de nuestras ciudades. 

Más que una innovación puntual, creo que estamos frente a un cambio profundo en la manera de proyectar y construir.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.