20 de abril del 2026

Nuevos asociados

LCV Arquitectos se integra a la AOA con una trayectoria consolidada

La oficina liderada por Luis Corvalán cuenta con 30 años de trayectoria, tiempo en que ha estado detrás de importantes proyectos que le han dado un carácter particular a los espacios en los que se emplazan, especialmente en Nueva Las Condes

LCV Arquitectos se constituyó en 1995 y, desde entonces, ha desarrollado proyectos que suman alrededor de 800 mil metros construidos, entre los que se cuentan el emblemático Edificio Corporativo CTC, más conocido como la Torre Telefónica, en conjunto con Iglesis-Prat Arquitectos; la Torre Santa María II y la Torre Huidobro en Nueva Las Condes, en la que se asoció con la firma internacional H.O.K., marcando la fisonomía de la zona, la misma donde suma un total de 18 torres proyectadas junto a A4, de las cuales cuatro están actualmente en construcción.

Repasando los 20 años de historia de la oficina, ¿qué proyectos destacaría?

La Fiscalía Nacional, que fue un concurso nacional. Lo destaco por cómo se fue gestando y cómo me obsesioné con el concurso, que me interesó porque era una intervención en el centro de Santiago. Yo tenía edificios en el sector y más o menos manejaba la normativa local. Eso nos permitió plantear un edificio bastante novedoso, que me encanta por el espacio interior que se logró.

El otro que podría destacar es la Torre Santa María II. Se trató de mostrar cómo pasaron 30 años entre la primera y la segunda, de manera muy respetuosa. Si uno la mira, se ve que efectivamente hay un tiempo de por medio, pero el edificio no es agresivo, sino que se hermana muy bien con el otro. Entonces, cada uno tiene su valor en sí mismo y en su gestación.

¿Cuál es su opinión sobre la arquitectura de Chile? ¿Qué fortalezas detecta?

La fortaleza de la arquitectura chilena es la identidad, entendida como algo propio del lugar, y uno se da cuenta al visitar otras ciudades fuera del país. Tú ves un edificio puesto en la Avenida Apoquindo y sabes que pertenece a Apoquindo, ya sea por sus líneas, por su tensión, por su carácter o por su materialidad. En Tokio o cualquier otra ciudad en que tienes los edificios uno al lado del otro, prácticamente pegados, con una densidad increíble por el costo del terreno, no sucede eso. Los edificios miran hacia el frente y no hacia el lado. Falta esa integración que es la que se produce, en general, en la arquitectura chilena.

Los arquitectos chilenos tenemos una formación para ser muy amigables con el vecino, tomar los elementos propios de los lugares y poder llevarlos a una obra única. Ahí está la gran diferencia que distingue, en el fondo, la arquitectura chilena.

¿Cómo cree que la AOA puede aportar en los desafíos que enfrenta la arquitectura chilena?

La AOA puede aportar como la gran diversidad de participantes que tiene. Hay oficinas que son especialistas en uno u otro rubro y se van complementando. Todas son, más o menos, oficinas de un cierto nivel, más o menos parejas en cuanto a cantidad de metros cuadrados construidos, tipos de destinos, edificios y lo demás. Además, la AOA es un lugar de encuentro en el cual las empresas también pueden apoyar y dirigirse.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.