Sebastián Rozas y Guillermo Parada
“Un mono porfiado, no puede representar más el espíritu de la oficina”
gt2P se encuentra participando, hasta el 28 de febrero, en la Bienal de Arquitectura de Chicago con Los Porfiados, instalación que pone en jaque a los espectadores y los invita a conectar, jugar y así, dar vida al espacio. Más allá de lo lúdico, una práctica que caracteriza el trabajo de esta oficina.
El estudio fundado por Guillermo Parada, Tamara Pérez, Sebastián Rozas y Eduardo Arancibia en 2009 ha desarrollando importantes proyectos de arte público de diversas escalas en varias ciudades de Estados Unidos, como la instalación de columpios Conscious Actions en Miami o Shhh: The Hopekeeper, en el parque del centro oncológico Ted Schwartz Family Hope & Healing Park, en Duarte, California, y un pabellón con el mismo nombre en San Diego, todas obras que se suman a Endless Chair en el Design Museum de Londres, The Wishing Wall, junto a Andile Dyalvane, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. En Chile, en tanto, gt2P ha desarrollado proyectos para el Aeropuerto El Tepual en Puerto Montt, el paso fronterizo Pino Hachad, el Museo Interactivo Mirador (obra aún no inaugurada) y una que se encuentra en un centro de salud en Rancagua. Además, se encuentran trabajando con Mall Plaza, probando un concepto en Plaza Norte, Plaza Oeste y Plaza El Trejo.
Su última instalación, Los Porfiados. Una reflexión de resiliencia y construcción de espacios públicos, es un prototipo de lo que presentarán en High Museum, en Atlanta, en mayo, y que debutó en la Bienal de Arquitectura de Chicago, que bajo el título SHIFT: Architecture in Times of Radical Change (CAMBIO: Arquitectura en tiempos de cambio radical), reúne a más de cien proyectos de treinta países.
El de Los Porfiados, fue un camino con varios obstáculos. “Inicialmente lo habíamos presentado al High Museum. Lo teníamos en carpeta. Nunca nos habían contestado. Y resultó que en una de las idas a Miami conocimos a Florencia Rodríguez (en el marco del lanzamiento del libro “Woman Made: Great Women Designers” de Jane Hall, publicado por Phaidon, que destaca la contribución de más de 200 mujeres diseñadoras, incluyendo a Tamara Pérez, socia fundadora de gt2P). Cuando nos enteramos que sería la curadora de la Bienal de Arquitectura de Chicago la felicitamos y le dijimos que contara con nosotros para cualquier cosa que quisiera presentar y le mandamos nuestro portafolio y le gustaron Los Porfiados”, cuentan Sebastián Rozas y Guillermo Parada.
La instalación se iba a ubicar en un parque del Navy Pier de Chicago, un emblemático muelle sobre el Lago Michigan en el que se encuentra, entre otros, la noria Centennial Wheel.
“Un mono porfiado, no puede representar más el espíritu de la oficina”, agregan y recuerdan: “Se cayó el sponsor y nos paramos de nuevo. Llamamos al High Museum y le mandamos el video del prototipo que habíamos mandado hacer para demostrar que funcionaba. Luego no nos contestaron más y en paralelo conseguimos los recursos para presentarnos en Chicago”. En ese momento el High Museum, que hasta ese entonces no había respondido al requerimiento de presentar a Los Porfiados, reactivó las conversaciones. Ya tenían los prototipos (fabricados en Inglaterra y China), así que finalmente llegaron a Chicago, a un edificio de cuatro pisos, que en el pasado albergó una tienda H&M, en la avenida Michigan y donde estarán presentes hasta el 28 de febrero.





¿Cómo surgió la idea de los porfiados?
Guillermo: Hay cosas que van corriendo en la oficina como ideas paralelas y de repente se juntan y aparecen las cosas. Entonces tú no puedes decir cuándo son los puntos de partida. Por ejemplo, yo me acuerdo de la primera idea de los monos porfiados salió para un concurso en el que participamos con Ariel Rojo en el que hicimos unas espigas que se movían.
Sebastián: A mi modo de ver los Porfiados forman parte de un grupo grande de obras que, en el fondo, tienen que ver con proyectos en espacio público, que en interacción con los usuarios, producen una experiencia de ese lugar. Me interesa la manera en que los objetos interactúan. El mono porfiado es una de las ideas que tienen de interacción.
Ya es una línea de trabajo reconocible
G: En el dossier que le presentamos al High Museum hay unos proyectos con telas, que son muy bonitos, que ojalá algún día salgan, y que también tienen que ver con eso, que una persona se acerca a algo, activa un ventilador y se levanta una tela. Y también tiene que ver con eso, que la obra aparece o se hace más entretenida cuando está la gente, no cuando está la cosa sola.
Eso es muy importante. Por eso siempre está el cuestionamiento a la construcción del espacio público, a partir de la infraestructura que nosotros proponemos.
S: Desde la primera obra, que fue en un centro de Salud en Rancagua (Vibración Parronal, encargo del MOP en 2010), donde mil bolitas de cristal recetado dan forma a una gran hoja que proyecta distintas sombras, de distintos colores, durante el día. Entonces, más que haber hecho como un proyecto para el museo, existe algo, que es previo, que es cualquier idea que permita interactuar en el espacio público. Y esa interacción es algo que está más transversalmente presente en la oficina. Entonces, para nosotros, los objetos no son algo exclusivamente para mirar, sino que son objetos con los que tú vas a interactuar.
La interacción en esta obra es alegre, hace pasar un buen rato, lo que también es necesario. No hace falta un concepto complejo.
G: Me acuerdo cuando hicimos el columpio en Miami y se lo mandé a una periodista que se llama Annalisa Rosso. Estábamos en la mitad de la pandemia y me dijo: “estamos necesitados de alegría”.
Siempre repito que para dar un mensaje, generalmente, en el arte, últimamente tendrías que matar un elefante y que la galería esté llena de sangre por todos lados. Nosotros pensamos que con la acción que puedes generar en el espacio, ya se genera un mensaje potente.
¿Cómo evalúan el panorama del arte público a nivel nacional?
S: La Comisión Nemesio Antúnez, que depende de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, lleva muchos años haciendo concursos para la incorporación de obras de arte, a lo largo de todo el país, en espacios públicos.
Y también está abierto a que los gobiernos locales puedan financiar lo que nosotros hicimos en el centro de salud de Rancagua.
G: En el caso de los privados, es muy complicado por la cantidad de recursos y exigencias. En Estados Unidos, lograron que un porcentaje de la inversión en los edificios se destine al arte o se pague al municipio, de esa forma es un “win win”. Gasto la plata y le subo la plusvalía a mi edificio, colocando una obra de arte. En Chile, es más fácil trabajar con el Estado.




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