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Punto de Vista: Capítulo I – LOTA

Mónica Álvarez de Oro,

participante de la reciente Misión Patrimonial AOA Lota-Concepción.


Hablar del patrimonio inmaterial de Chile puede sonar un tanto pretencioso, poco entendible o tan intangible como su propio nombre lo dice. La verdad es que no se puede entender el patrimonio inmaterial sin haberlo vivido, sin haberlo experimentado y entendido en el lugar donde éste se respira.


Había leído el artículo sobre Lota de nuestra revista AOA 44 y me pareció un destino apropiado para comenzar nuestras Misiones Patrimoniales dentro de Chile. Lota es una ciudad de grandes contrastes, con una historia potente y por supuesto, con un patrimonio arquitectónico significativo. Sin embargo, era imposible prever la experiencia posteriormente vivida en este lugar.


Después de haber superado variados inconvenientes para llegar a Concepción (temporal, cancelación de vuelos y arribos de madrugada), nos encaminamos como grupo, a conocer Lota de la mano del ex Subsecretario de Patrimonio, el Sr. Emilio de la Cerda. Mucho antes siquiera, de bajar del bus que nos transportaba, pudimos entender el afecto que las personas de este lugar tenían por Emilio. Un cariño que trasciende a la obra que él dejó y que se explica por su comprensión de la trascendencia de esa parte de la historia de nuestro país que, de no haber existido, nuestro presente sería muy diferente.

Escuchar a los mineros contar sus historias dentro del pique de la mina fue, por decir lo menos, conmovedor. Transportados a mediados del siglo pasado, con los relatos y memorias de sus padres, nos sumergimos, literalmente, en lo que era la vida de los mineros del carbón. Una vida dura, con escaso sol, pocos recursos económicos, pero de valores tan claros como la luz que los iluminaba al interior del pique. Costaría entender esa añoranza por ese pasado de rigor extremo y tan pocos beneficios, pero que se va comprendiendo al vivir la experiencia. Esos hombres y mujeres están orgullosos de su oficio, de lo que brindaban al país y de cómo fueron traspasando, a lo largo de generaciones, su conocimiento; algo único, que sólo ellos sabían y podían hacer. Aquello define a estos hombres y mujeres: son mineros de alma y aunque se cerraran las minas de carbón de Lota, el año 1997, ellos no van a dejar de serlo jamás. Este es nuestro patrimonio inmaterial, la experiencia de vida y de conocimientos que cada uno de estos hombres y mujeres tiene. Sus historias, las de sus padres y antes, las de sus abuelos. Entender cómo vivían en esas pequeñas casas, en un solo gran dormitorio, donde los niños dormían cuando llegaba su padre al atardecer, y al que su madre bañaba con agua caliente de la cocina a carbón, para limpiar el hollín de su piel, en el otro espacio de la casa en primer piso, donde se ubicaba la cocina, el comedor y el estar familiar.


No ha sido fácil reconvertir y darles un oficio a estos más de 600 mineros que todavía viven en Lota, sin entender antes que, para ellos, no sólo es una manera de ganarse la vida, es su pasión, lo que los movía día a día, su razón de vida, la que se vio repentinamente truncada con la clausura de la mina. Conseguir la declaración de la Unesco, que defina a Lota patrimonio de la humanidad, es reconocer, en parte, lo que los Lotinos, a través del tiempo, hicieron por el progreso de nuestro país y, finalmente, por todos nosotros.


Mónica Álvarez de Oro S.

Pastpresident AOA




*Las opiniones expresadas en la sección punto de vista son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.