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Opinión - Volver a enrielarnos


Tren Valparaíso Santiago. Foto: infraestructurapublica.cl/


Existe una nueva y creciente preocupación por nuestras ciudades. Se han extendido las coordinaciones del ministro de la Vivienda con el presidente del Colegio de Arquitectos, con la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), con las universidades; se están haciendo esfuerzos en apuntar a la mejora definitiva de las viviendas de interés social intentando volver al sistema de concursos de arquitectura que permitió realizar obras paradigmáticas; las redes de metro se expanden cada día más logrando una importante mejora de la calidad de vida de los habitantes de Santiago, impulsando además a tantos automovilistas a dejar su auto en la casa. Todo esto con una visión de país, con aportes de uno y otro lado y con el sueño de lograr el desarrollo que todos esperamos.


Además es necesario, ahora y con la mayor urgencia, contar con un transporte de ferrocarriles veloz, eficiente y de alta calidad.


Chile fue un modelo a seguir en cuanto a su red ferroviaria que conectaba miles de kilómetros. Sin embargo, durante los siglos XX y XXI esta modalidad dio paso a priorizar la infraestructura vial, dotando al país de carreteras que conectan los diversos puntos de manera más expedita, quedando el servicio ferroviario excluido y sin inversiones que pudiesen otorgarle competitividad y mejoras.


Es ahora, cuando nuestras carreteras ya se encuentran absolutamente colapsadas, cuando necesitamos que nuestros puertos y aeropuertos puedan funcionar de manera expedita para atraer inversiones, cuando más y más personas están viajando dentro del país potenciando el turismo, y cuando estamos en una coyuntura medioambiental que puede significarnos un paso adelante como país, que se requiere una estrategia por el bien común, para desarrollar y dar impulso a una nueva red ferroviaria de transporte de carga y pasajeros que potencie todas estas áreas y dé un fuerte impulso a la economía y a la calidad de vida de los usuarios.


Dentro de estos planes, está sobre la mesa la interesante propuesta del tren rápido Santiago-Valparaíso, el cual ha tenido diversas modalidades -privada por concesión, pública o una mezcla de ambas-, y considerando que hoy en día se está restringiendo cada vez más el acceso de camiones de carga a las ciudades puerto, está siendo debatido tanto en su concreción como en su trazado, cuestión vital.


Siendo Valparaíso nuestro puerto principal, es relevante que se le otorguen las mejores condiciones para volver a ser una potencia marítima y conducir las importaciones y exportaciones a nivel mundial, no solo de Chile, sino también de Latinoamérica.


Pero no todo se basa solo en una red conductora; el trazado además, y lo hemos visto con el caso ejemplar del metro, que potencia en su área de influencia las inversiones, tanto inmobiliarias como turísticas, agroindustriales y agropecuarias, permitiendo un desarrollo exponencial de macrozonas que se ven beneficiadas con este tipo de transporte y de interrelación directa con él.


Como casos de referencia: el de Alemania, que cubre la mayoría de los destinos principales; el de China, con más de 20.000 km, y el de España, donde los trenes de alta velocidad fueron una apuesta en la que todos salieron ganadores, siendo favorecidas las dinámicas socioespaciales a escala regional. Esto permitió una reconfiguración del espacio geográfico y urbano. Sumado a otras iniciativas de desarrollo regional, los cambios morfológicos permitieron la expansión orgánica de los límites de las ciudades, que contaron con un servicio de transporte expedito y de calidad, generando a su vez descentralizaciones significativas y propiciando una inmensa mejora en la calidad de vida de las personas, siempre considerando al tren como un medio con una clara vocación urbana.


El desarrollo ferroviario va ligado a los avances tecnológicos, y esta tecnología hoy en día lo permite, y los costos, aunque sustanciales, son factibles, y una vez que se da el impulso, las apuestas por un desarrollo a corto, mediano y largo plazo se manifiestan significativamente, no solo en términos de trenes de largo alcance, sino que también desarrollándose modelos de trenes de cercanía, tranvías urbanos y transporte de carga entre sectores industriales, aeropuertos y puertos marítimos, medioambientalmente sustentables y generadores de polos de desarrollo de infraestructura y urbanos, permitiendo la necesaria y urgente descentralización.


En un país largo y angosto, como el cuerpo humano, necesitamos de manera urgente proveerlo de una columna vertebral y extensiones que funcionen. Una columna fluida que permita eliminar problemas de la red vial existente, que permita conducirnos a un modelo de desarrollo acorde a la importancia a la que aspiramos, como sociedad, alcanzar.

Es el momento de tomar las decisiones, es el momento de dar el paso, es el momento de volver a enrielarnos.


Gonzalo Mardones

Miembro honorario del American Institute of Architects (AIA) y fundador de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA).

Medio El Mercurio.

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