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Opinión - Sanitización, arquitectura y planificación urbana: lecciones para la pospandemia


Arnaldo García

La planificación urbana ha debido resolver problemas de sanidad e higiene colectiva en la ciudad desde hace un buen tiempo. Las enfermedades asociadas a la falta de higiene y promiscuidad espacial tuvieron su peak durante la Edad Media, pero no fue hasta el siglo XIX que los gobernantes encargaron ambiciosos planes que reconfiguraron sus ciudades. El más emblemático es el nuevo París de Napoleon III, implementado con gran eficacia y visión por el barón de Haussmann. Sin embargo, no debemos olvidar la Viena y Budapest del Emperador Francisco José, o el barrio El Ensanche en Barcelona, encargado por el ayuntamiento a Idelfonso Cerda. Todos estos proyectos tenían un propósito en común: recoger los conceptos de extensión, sanitización y densificación.


Arquitectura sanitaria


La arquitectura encargada de desarrollar el movimiento moderno sobre esas mismas ciudades, también tomaría en consideración directrices basadas en la salud e higiene de sus usuarios. En este proceso, la tuberculosis -o plaga blanca, como se le conoció- fue una gran aliada en la búsqueda de nuevos paradigmas, porque antes del uso de la triple vacuna en los años 50 se pensaba que la enfermedad se curaba con sol y aire fresco y seco.


Elementos como los techos planos del sanatorio de Davos o las terrazas y balcones que se usaban para instalar a los enfermos, se transformaron rápidamente en el lenguaje de esta arquitectura contemporánea. El caso más emblemático lo presenta el sanatorio de Paimio en Finlandia, de Alvar Aalto, obra cúspide de esta arquitectura sanitaria.


Covid-19


El coronavirus está cambiando la vida de esta generación. Los países desarrollados y sus sistemas de salud no necesariamente mostraron estar mejor preparados que los países emergentes para enfrentar el horror de una pandemia. La única solución fue la cuarentena global, generando un complejo escenario en el que la gente se vio obligada a encerrarse y -por primera vez- a permanecer en sus viviendas por una extensión larga e incierta de tiempo.


La monotonía y el cansancio obligaron a las personas a revisar su hábitat y a soñar con espacios que les permitieran hacer las actividades de siempre, hoy perdidas.


Viviendas con patio: el nuevo lujo


En este escenario, la casa con jardín fue la gran ganadora. En casi todos los mercados, su precio subió exponencialmente, mientras que los departamentos han ido a la baja. Las casas más favorecidas han sido las que integran los espacios en base a un layout flexible y dinámico, en donde la seriedad como concepto pierde y la informalidad es lo que se busca: volver a habitar poniendo a la familia y la experiencia de vida íntima en el centro.


En nuestro mercado, los proyectos de vivienda se han reactivado con una enorme fuerza en todos los segmentos, se ve una transferencia de familias nuevamente a la periferia, proyectos con seguridad integral (otro de los desafíos de esta etapa), con amenities como recintos deportivos o áreas verdes, han sido los preferidos. Esta tendencia no pareciera cambiar mientras sigamos recordando este año de monótono encierro.


¿Cómo es la ciudad que queremos?


El escenario descrito resuelve una inquietud de las personas que pueden tomar decisiones y materializarlas. Sin embargo, como sociedad tenemos la obligación de repensar, tal como lo hicieron los gobernantes decimonónicos, cuál es la ciudad que queremos. Este núcleo urbano deberá responder a la ecuación, sanitización/distancia social/inclusión.


Juntos, debemos establecer cómo transferir a los espacios públicos los valores y atributos que sus ciudadanos están buscando integrar a su espacio privado. Es de esperar que el covid-19, al igual que lo hizo la tuberculosis en el pasado, nos permita reinventar nuestros espacios públicos y privados, junto con el correcto y justo equilibrio entre estos dos ámbitos.


Por Pablo Larraín, socio de BL Arquitectos y past president de AOA

Imagen ARNALDO GARCÍA.