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Opinión - Ocho maestros

La ciudad es fiel reflejo de nuestra sociedad, y en la ciudad de los nuevos chilenos sobran el mal gusto, la estridencia y la vulgaridad, penetrando todos los ámbitos de nuestra vida.


La capacidad de armonizar dinámicas propias del crecimiento con los valores de armonía, belleza y austeridad se hace cada vez más difícil. Cosa de revisar la programación televisiva y sus “realities”, la publicidad de productos de consumo o los titulares de la prensa “popular” para darse cuenta de que la abundancia de estímulos y recursos puede terminar causando indigestión cultural.


En este contexto, la producción arquitectónica puede ser la salvación o la condena. Si bien hay casos destacables de una arquitectura chilena de primer nivel, la percepción general es otra, al ver cómo abundan proyectos comerciales e inmobiliarios que pretenden ser los más grandes, los más altos o los más estridentes, ignorando de lleno su entorno inmediato, contexto geográfico y cultural.


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