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Opinión - La realidad del centro de Santiago de las últimas décadas


Foto: CronicaDigital.cl


El llamado repoblamiento o redensificación de Santiago fue y pudo ser la idea más brillante de intervención urbana en nuestra ciudad de Santiago. Sin embargo, esta idea se llevó y se lleva a cabo con una ordenanza permisiva e insensible, la cual está produciendo un sector de la ciudad en una verdadera monstruosidad, otro tiro por la culata como fue el desarrollo de nuestra periferia en donde se ocupó la misma fórmula de en donde se plantaban lechugas se sembraron casas sin sentido de ciudad.


En los últimos años se han elevado en el centro sur y centro poniente de Santiago cientos de edificios de departamentos rompiendo toda la escala, belleza y proporcionalidad del casco antiguo.

Me pregunto, ¿Qué ciudad culta toleraría esta máxima agresión sin vuelta atrás?

¿Hasta dónde llegará el desastre urbano en nuestra ciudad para que la ciudadanía reaccione?

¿Que tendrá que ocurrir para que las autoridades de los gobiernos centrales y municipales se den cuenta de la monstruosidad de ciudad que aparece día a día?


Algunos argumentarán que la manera de que Santiago no muera es devolviéndole su habitabilidad. Es verdad, redensificar los centros con usos mixtos de viviendas, oficinas, comercio, ocio y servicios potencia y recupera el abandono de los centros de las ciudades; sin embargo, en Santiago se ha realizado de manera equívoca, en donde una atroz y desvergonzada ordenanza de décadas ha transformado y desgarrado todo el patrimonio urbanístico de nuestro Santiago histórico.

La ciudad se construye y se define a partir del espacio público. Para pensar en una ciudad más bella debemos empezar proyectando el vacío. Nuestra ordenanza debe urgentemente cambiar en este sentido. Es necesario iniciar en los temas relacionados con nuestras ciudades una operación creadora, en base a propuestas urbanas y arquitectónicas nuevas, que enriquezcan la vida colectiva. Es urgente poner en la agenda de los que gobiernan y también de los que aspiran a gobernar el tema ciudad y arquitectura.


Nuestra esencia de principios de siglo permite ver que las respuestas, en su gran mayoría, a la solución de nuestras ciudades no han sido las más correctas. La arquitectura de los barrios céntricos nos presenta una ciudad con edificios tipo gigantografias que inevitablemente destruyen la escala de ciudad. Dicho de otro modo, con la ordenanza de las últimas décadas se ha roto la posibilidad de la relación humanista entre calle y edificio y la relación interior-exterior basada en la esperanza de una ciudad coherente. El hecho cierto, es que estos edificios independientes de tener una mejor o peor resolución arquitectónica pasan a no ser capaces de precisar ni conformar espacio urbano alguno.

Esto solo produce una ciudad atrofiada sin espacio para el ser humano, sin proporciones y carentes de ideas y creatividad. En ninguna ciudad del mundo en sus cascos históricos existe esta permisividad, en ninguna se aplican estas normas y jamás este seudo modelo propio de un simple mercantilismo que aúna miopía y cinismo sin cultura. En esta periferia nuestras políticas han sido mansas con los desarrolladores y duras con los desposeídos que han sido expulsados de la ciudad a la barbarie.


Muy por el contrario, en las ciudades cultas se piensa y se repiensa a través de foros, concursos, propuestas con la colaboración de profesionales y de la comunidad. Basta pensar en la experiencia de España los últimos 20 años. El ejemplo de Sevilla, Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia y tantas más, o bien el extraordinario Berlín luego de la reunificación, que contando con los mejores arquitectos de todas partes reconstruyó su centro con sensibilidad, modernidad, con buena y equilibrada arquitectura reconociendo y respetando su patrimonio y su historia.


La historia de la civilización está plagada de torres maravillosas y también horribles. Grandes siluetas esbeltas destacan y dibujan el horizonte de grandes ciudades. No desconfío de la altura. Sería impensable y absurdo, pero creo que lo que se está haciendo en nuestra ciudad no tiene parangón. Esta absurda forma de buscar la estratosfera en calles diseñadas para alturas medias y uniformes destruyo toda la belleza que este sector del Santiago poniente y sur-poniente siempre tuvo. Nos estamos farreando la posibilidad de realizar una ciudad moderna, bella, respetuosa de sus edificaciones con valor histórico. Una ciudad con altura media, más horizontal, más mansa, más austera con muchos más arboles a la altura de la arquitectura en equilibrio con la naturaleza. Algo tan simple pero tan necesario. ¿Quién para este desenfreno? ¿En qué están los políticos los cuales en sus campañas hablan y consultan tanto sobre el futuro de nuestras ciudades?


La identidad de las zonas céntricas de Santiago debe estar garantizada por la rehabilitación de los espacios urbanos logrados y los pocos Edificios antiguos con valor patrimonial que aún no se han destruido y principalmente por las nuevas construcciones y las nuevas intervenciones urbanas que intenten la recreación del espacio público, del bien común. Hay que reconstruir urgentemente el espacio público de calles, avenidas, parques y plazas acentuando el valor de las fachadas y sus proporciones con relación al espacio urbano; al vacío urbano. Hay que valorar e incrementar los parques a través de plantaciones que recuperen las áreas verdes esenciales para nuestra ciudad. La Ciudad no es un hecho natural, es el resultado de una voluntad humana y está en nuestras manos corregir el rumbo equivocado de estas últimas décadas. Nuestro país en este tema no ha estado dispuesto a realizar los esfuerzos mínimos necesarios, pero a veces la historia nos da una oportunidad y nos obliga a abrir los ojos y caer en la cuenta de nuestra obligación de poner en la agenda lo que realmente importa.


Por Gonzalo Mardones V.

Arquitecto AOA.

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