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Opinión - Crecimiento urbano y visión de futuro

El gobierno chino construyó un canal de 1657 km de largo para unir los Ríos Amarillo y Yangtse con el objeto de activar la comunicación fluvial y comercio entre sus provincias así como permitir el riego y con ello la actividad agrícola en zonas desprovistas de ella. Lo notable de esta noticia, es que esta titánica obra fue ejecutada hacia finales del siglo VI.

En la actualidad, muchas ciudades chinas tienen planes de desarrollo y crecimiento urbano proyectado a 20 o 30 años plazo. Lo destacable de esta situación es que en muchos casos la infraestructura vial y de transportes está ya construida, o en construcción, para acoger ese crecimiento que asciende a un 3% al año. Sólo en Beijing se debe dar solución a 500 mil nuevos habitantes por año,  en un fenómeno que, por primera vez, hace que la población urbana supere a la rural en ese país.

En nuestra realidad, cada comuna define sus planes reguladores sin conciliar ni tomar en cuenta el propuesto por sus vecinas. Entonces, el crecimiento urbano se desarrolla sin un plan director que tome en cuenta todas las variables que lo componen. Actualmente, la Región Metropolitana está creciendo hacia la periferia de la ciudad, buscando aparentemente soluciones habitacionales con conciencia sustentable, sin embargo, esta expansión generará más desplazamientos con los consabidos atochamientos y contaminación, al no considerar equipamiento urbano que haga sostenible estos nuevos barrios.

Conocido por todos, el Transantiago se puso en marcha sin tomar en cuenta que las calles de la ciudad, literalmente «no dan el ancho», los pasos bajo nivel no tienen la altura suficiente y los pavimentos no están preparados para recibir a los buses orugas. Ni hablar de la logística y financiamiento que mes a mes sufre cambios y parches.

Esta comparación no se refiere a la previsión o improvisación de quienes hacen planificación urbana, sino a una cultura país y visión de futuro de quienes están a cargo de tomar las decisiones, cuyo resultado, impactará en el mediano o largo plazo en la calidad de vida de todos nosotros.

Hace algún tiempo se está desarrollando una polémica acerca del modelo más apropiado para el crecimiento urbano de Santiago. Hemos escuchado propuestas que acogen el natural e inevitable crecimiento urbano por extensión hacia el norte o sur y otras que lo absorben con mayor altura en zonas centrales deterioradas y sin mayor valor patrimonial como la zona sur de la Alameda, u otras zonas residenciales que ya han cambiado su posición referente a la nueva ciudad como Providencia y la parte baja de Las Condes.

Esta discusión, genera una oportunidad única, para cambiar esta actitud miope e ideológica. Como ciudadanos debiéramos liberar de este tipo de decisiones al gobierno de turno, que eventualmente puede enfrentar estas decisiones tomando en cuenta el componente electoral, y en su lugar, tomarlas como decisiones de Estado con equipos técnicos y no políticos, con opinión ciudadana informada y no sugestionada. Estos equipos técnicos debieran asumir con visión de país y de largo plazo, cómo deben ser las ciudades que habitaremos, hacia dónde y hasta cuándo crecer conciliando los planes reguladores comunales entre ellos y con los planes intercomunales o provinciales.

Asimismo, este equipo tendría que establecer Leyes y Ordenanzas objetivas y no interpretativas, que generen un marco de planificación que permita tener claridad de hacia dónde apuntar el crecimiento urbano, preparar la infraestructura con tiempo y proteger y preservar las áreas y edificios patrimoniales que lo requieran.

Para ello, necesariamente, las decisiones respecto a la ciudad que habitaremos no pueden quedar en manos de autoridades cuyos cargos tienen fecha de vencimiento.


Publicado en La Tercera

Por Fernando Marín C., arquitecto de la U. de Chile,