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Ciudad accesible

Señor Director: Sobre la necesidad de que nuestras ciudades sean accesibles para todos, quisiera exponer mi experiencia personal de recorrer parte de la ciudad de Santiago con un coche, evidenciando la obstaculizada accesibilidad universal. En concreto, falta de rampas o rebajes en los cruces de calle, veredas deterioradas fuera de norma, rampas de acceso a edificios de uso público que no cumplen con las pendientes exigidas o definitivamente inexistentes, circulaciones angostas y con obstáculos varios, algunos ejemplos: pinos navideños, basureros y señalética entorpeciendo el paso, letreros publicitarios, etc. En general, barreras con las que se sí se puede convivir, aunque de forma incómoda, y no en iguales condiciones de acuerdo a lo que buscan los estándares de accesibilidad universal actualmente. Sin embargo, recientemente nos quedamos encerradas, mi hija de dos meses y yo, en un montacarga, el cual tuvimos que tomar obligadamente porque las rampas de acceso a un edificio de uso público estaban clausuradas. Tenía la puerta de salida cerrada con llave, por lo que era imposible abrirla. Llamé al teléfono de seguridad y luego de minutos, que parecieron una eternidad, nos liberaron. ¿Qué hubiera hecho una persona con discapacidad visual, auditiva o motriz para comunicarse en estas circunstancias? Invito a otros a hacer el ejercicio de intentar o imaginar por unos días desenvolverse con ruedas por la ciudad; hacer un llamado de atención a los edificios públicos que revisen si efectivamente existe acceso equivalente, seguro y digno para todas las personas, y a los municipios a enfatizar la necesidad de veredas transitables, despejadas y libres de obstáculos. Como arquitecta y planificadora invito a mis pares a reflexionar sobre las soluciones que estamos proponiendo en esta misma línea, que permitan construir una ciudad para todos.


Ángela Delorenzo

Directora de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA)

La Segunda