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Borde Costero de Valparaíso: Para una acción urbana

El Borde Costero es tal vez el patrimonio urbano más relevante y presente de la ciudad de Valparaíso, que se extiende a Viña del Mar y Concón, es decir, la costa de Valparaíso.


Es un recorrido continuo y sinuoso que se puede hacer caminando desde la Playa las Torpederas hasta terminar en la desembocadura del Río Aconcagua. Curiosamente, en esos lugares, desde la orilla del mar se puede ver en los días despejados la cumbre del Monte Aconcagua, la más alta de América, cuyas aguas corren hacia el océano Atlántico.


Este trayecto, que mide unos 25 kms., se inicia en la Avenida Altamirano, recorriendo las Avenidas Errázuriz, España, Perú, Jorge Montt y Borgoño. Se puede hacer a pie, en bicicleta o en auto. Está interrumpido muy pocas veces por accesos a las caletas, al puerto o algún edificio específico.


Se desarrolla bordeando la costa, mirando al mar. Tiene sólo dos tramos largos donde interrumpe la vista, el primero desde el molo de abrigo hasta la estación Barón y el segundo en la desembocadura del Aconcagua.


El recorrido se hace entre rocas, oleaje, docas, gaviotas, comercio, playas, el puerto, las caletas, jardines, restaurantes, algunos hoteles, el muelle Vergara, lugares que van recibiendo libremente a todos los que llegan.


El borde es fundamentalmente un gran parque abierto a la ciudad y, a través de él, la ciudad se abre y conecta con el mar, con su mar.


En el año 1959 se promulgó la Ley Lorca, con el objeto de recuperar parte de los terrenos ocupados por edificios industriales en la zona de Las Salinas y otros como el Castillo Wulff. Esta ley, si bien no prohíbe la construcción en el borde, desde Avenida España hasta la desembocadura, ha regulado las características, las construcciones y usos, para que éstas estén abiertas al uso común.


Con el pasar de los años se han perdido construcciones que conectaban la ciudad con el océano, como las piscinas de Recreo, de Ocho Norte y los antiguos baños de mar. Por otra parte, se han recuperado las estructuras de la Avenida Elevada de los años setenta, el Muelle Vergara, los terrenos eriazos Las Salinas, mencionados en la Ley Lorca, transformándolos en lugares habitables de paseo.


Sin embargo, no ha sido suficiente: el borde costero se ha ido deteriorando, al tiempo que aumenta la cantidad de personas y las actividades que en él se desarrollan.


Las veredas, los muros, los pórticos originales se han envejecido, y sus esporádicas mantenciones no han cuidado la materialidad original o al menos que ésta sea homogénea.


Parece entonces que es necesario definir un proyecto objetivo que establezca las condiciones de las edificaciones, que regule las obras, y que permita consolidar este paseo único.


Es conveniente establecer un objetivo urbano compartido entre las comunas, que sea asumido por la comunidad, que permita ordenar y consolidar la relación de la ciudad y su borde.


Incentivar la generación de nuevas actividades, con proyectos destinados a actividades localizadas en este “borde” orientadas a vincular la relación de la gente con el mar.


Materializar por medio de veredas, miradores, embarcaderos, lugares de pesca, jardines, el recorrido de las personas, de las bicicletas, de los autos, el deporte, las vistas, las actividades de esparcimiento, el acceso al agua y tanto físico como visual, bajo el marco de un diseño conceptual que resguarde la calidad de las obras nuevas y de mantención las que con los años se han ido deteriorando.


Existen decisiones, reglamentaciones y procesos de estudio, con análisis de propuestas concretas, que requieren de un mediano plazo para ser implementadas, así como también es necesario establecer previamente el establecimiento de una institucionalidad eficaz, que incluya la participación de las personas.


También existen medidas inmediatas y simples, como regular y adjudicar en forma adecuada concesiones de playas, de las extensiones de la orilla y espacios públicos para desarrollar proyectos que consoliden la relación de la ciudad y el mar, que permitan actividades como pesca, los deportes náuticos, la natación aguas abiertas, entre otras, que ya son incipientes.


Hay medidas prácticas de ornato, como reparar las barandas, defensas, muros y pavimentos dañados, con los materiales originales en que fueron construidos como piedra y madera.


Construir veredas, barandas y pistas de bicicletas, para consolidar el paseo en todo el tramo con seguridad y funcionalidad, y que hoy hace que las actividades se desarrollen con peligros de accidentes, en un entorno deteriorado.


Se podrían establecer restricciones de uso vehicular en partes del camino costero y en la Avenida España durante algunas horas de fines de semana, de forma que sean éstas destinadas al esparcimiento, en un ambiente seguro. Existen muchas medidas simples que se pueden tomar con enormes beneficios para la vida de la ciudad.


El borde está ahí, es un enorme patrimonio, brinda una calidad urbana a la que pocas ciudades pueden acceder, que requieren una organización mínima para ser mejoradas y cuidadas en forma concreta.


Actuar sobre su desarrollo, es un acto urbano irrenunciable.


Por Francisco Vivanco, arquitecto AOA