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Mónica Álvarez de Oro: “A veces tenemos que endurecer el discurso, no podemos caer en la inercia”


En abril de 2020 Mónica Álvarez de Oro hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta de la Asociación de Oficinas de Arquitectos, gremio que agrupa más de 180 oficinas de arquitectura y que en su conjunto proyectan cerca del 80% de los metros cuadrados que se construyen en el país al año.


A un año de mandato y con la pandemia de por medio, su trabajo desde la presidencia ha puesto énfasis en el desarrollo sostenible y equilibrado de nuestras ciudades, con una postura fuerte tanto en la responsabilidad del gremio por los proyectos que se construyen, como ante los organismos gubernamentales capaces de diseñar políticas públicas para la construcción de urbes más justas e integradas.


Pasada la primera ola de la pandemia, la presidenta lideró la propuesta de desconfinamiento que realizó la Asociación con miras a llevar adelante un proceso más seguro y equitativo.


En tanto, ha liderado la voz del gremio cuando falta claridad en las normas que rigen al sector. Desde mediados del año pasado y en lo que va de este 2021, la AOA se ha pronunciado respecto de diversos Decretos en elaboración o tramitación por parte del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, impulsando la continuidad de diferentes mesas de trabajo y resultados efectivos de las mismas, con el objetivo de alcanzar las metas antes planteadas.


Mónica Álvarez de Oro es arquitecta de la Universidad de Chile, magíster en Dirección de Proyectos con Eficiencia Energética de la Universidad Mayor y con estudios de Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica. También es socia de MAO Arquitectos y consejera del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano. Ejerció también como directora ejecutiva de Seismic A+E, consorcio de oficinas en formación para exportación de servicios de arquitectura e ingeniería a China, con apoyo de Corfo.


En esta entrevista, repasa algunos de los principales hitos de su primer año como presidenta.


¿Cómo evalúas este periodo como presidenta de la Asociación de Oficinas de Arquitectos?

Ha sido un continuo de emociones, empezando por el hecho de que no aspiraba a ser presidenta y a que es un cargo muy desafiante, en un periodo incierto donde no sabíamos qué iba a pasar.


Siendo la primera mujer en ocupar el cargo, había muchos ojos puestos en mí y quería marcar una diferencia. El apoyo del directorio ha sido increíble, excelentes compañeros quienes han aportado en la toma de decisiones y las acciones a desarrollar. Me he sentido muy respaldada.


No he sentido mucho la diferencia al tener una presidencia virtual: el trabajo es igual de intenso, lleno de reuniones, mesas de trabajo, entrevistas. Solo ha cambiado el formato.


¿Crees que el hecho de ser la primera mujer generó más expectativa?

Sí, de todas maneras. Creo que a la AOA se la percibía como un Club de Toby y que yo llegara a la presidencia fue bien llamativo. Se trata de un sector productivo donde la mayoría es masculina y en la Asociación el directorio está constituido por arquitectos muy destacados. Creo que se generó duda y expectativa, pero las he ido tratando de sortear bien y el feedback ha sido positivo.

¿Hay alguna experiencia que te gustaría destacar de este periodo?

Creo que el plan de desconfinamiento que le presentamos al Gobierno fue un aporte, dando nuestro punto de vista en una materia, como lo es la ciudad, en donde sólo se había tenido en cuenta una visión sanitaria hasta ese minuto. Frente a esto, decidimos ser propositivos y tuvimos una buena acogida. El aportar y no solo criticar genera relaciones más comprometidas. Si al final, vamos todos remando hacia la misma orilla.


También hemos golpeado la mesa, cuestionando la forma de llevar adelante algunos procesos y hemos recibido bastantes críticas, incluso al interior de la Asociación; pero estamos convencidos de que en algunas ocasiones es necesario. No podemos estar siempre de acuerdo con la autoridad y solo esperando resultados: cuando estos no llegan, no fluyen los procesos y no se escucha nuestra voz en los canales formales, llega el punto en que tenemos que endurecer el discurso. No podemos caer en la inercia ni ser pusilánimes.


Si el ejercicio de la profesión es claro para los arquitectos, se beneficia la ciudad y sus habitantes, además de los profesionales, los gremios y la autoridad. Queremos navegar en un mar calmo, con buen tiempo, donde todos estemos de acuerdo y trabajemos mancomunadamente.


¿Cómo se enfrentan las críticas?

En la misión de AOA está el contribuir a hacer mejores ciudades y es duro enfrentar las críticas de quienes nos identifican solo como defensores de una industria inmobiliaria que han caricaturizado como predatoria. Hay algunas empresas que hacen malos proyectos y otras, la gran mayoría, son respetuosas de la calidad y la legislación, pero por algunos caemos todos bajo la misma clasificación.


Nosotros, como arquitectos, debemos tener una voz independiente de los intereses económicos y somos los primeros en defender la ciudad y trabajamos, por ejemplo, para densificar planificada y equilibradamente. La ciudad tiene que ser densa, ya que el Estado gasta muchos recursos en equipamiento de calidad y no podemos permitir que, por el sentir de un grupo de vecinos que se oponen a nuevas edificaciones, las comunidades se vayan relegando hacia la periferia, donde su calidad de vida se ve afectada sin acceso a servicios y con largos tiempos de traslado.


Cuando las reglas están claras y son transparentes, las procesos resultan bien; es en las zonas grises donde surgen los conflictos. Todas las mesas de trabajo en las que participamos tienen como fin generar leyes y reglamentos más claros. Nosotros, como organismo técnico y sin intereses económicos de por medio, estamos convencidos de que lo que solicitamos, permitirá mejorar la calidad de nuestras ciudades.

¿Crees que la AOA ha estado a la altura de lo que significaba funcionar en pandemia?

Al principio siempre cuesta, era algo desconocido para todos, pero la transición fue rápida y creo que enfrentamos bien el desafío de dejar la presencialidad.


Tratamos de apoyar a las autoridades con algunas propuestas que desde nuestra experticia sentíamos era una mejor forma de enfrentar la pandemia.


También hemos prestado atención a nuestros socios más complicados, ayudándolos en la medida de lo posible. Es verdad que ante la magnitud de la pandemia lo que puede hacer la AOA es poco, pero intentamos apoyarlos y de alguna manera intentar resolver sus dificultades. Por ejemplo, colaborar en resolver la burocracia de las tramitaciones de permisos de obras o revisar el estado de las cuotas de nuestros asociados.


¿Cómo ha sido de distinto ver a la AOA primero como oficina asociada, luego como directora y después como presidenta?

Es un cambio bien profundo, ya que muchas oficinas asociadas no saben bien qué se hace en AOA. Yo misma no lo conocía con certeza. Una llega con el ímpetu de cambiar todo y se da cuenta de que hay muchos más flancos abiertos, trabajo y horas dedicadas de las que se imaginan, por lo que es necesario alinearse y trabajar conjuntamente.


Cuando lideré el comité de Globalización y Misiones me dediqué en específico a ello: organizamos una Misión Tecnológica a Escandinavia, una feria de exportación de servicios profesionales con ProChile y una Misión Histórico Cultural a Montevideo. El cambio a la presidencia ha sido enorme: Es desafiante la gran cantidad y diversidad de temas en los que se trabaja. También hay mucho de política, donde he tenido que aprender a manejar la intensidad del discurso y moverme con un lenguaje diferente, ¡a veces hay que ser más duro!