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Punto de Vista: Edificios derruidos versus comunidad en movimiento

Por Jorge Belmar

participante de la reciente Misión Histórico Patrimonial AOA Lota-Concepción.

Lota está viva, aunque su principal fuente de sustento histórica terminó el año 1997 con el cierre de la explotación minera de carbón iniciada a mediados del siglo XIX por la familia Cousiño para abastecer de combustible a sus flotas de barcos a vapor.


Está viva porque su comunidad, luego de pasar el remezón que implicó la pérdida de sus fuentes de trabajo, ha decidido hace algunos años, reflotar la historia de sus ancestros, la historia de su pueblo y la historia que se construyó por generaciones, poniendo en valor sus costumbres, tradiciones, condiciones de vida y lentamente también, los edificios donde todo esto ocurrió.


Así las cosas, ellos se levantan ahora con la idea de salir al mundo a contar cómo se produjo durante más de 100 años, la extracción de carbón desde minas subterráneas que se internaban bajo el mar y toda la vida periférica que se formó en la mezcla de geografía, clima y costumbres.


Desde sus posibilidades han establecido redes de comunicación y cooperación, logrando conectarse más allá de los límites comunales.


Este renovado impulso, los ha llevado a soñar con llegar más lejos y por ello es que actualmente, se encuentran postulando su patrimonio, al listado de la UNESCO con lo que pasarían a tener categoría mundial.


Para esto han contado desde hace unos años, con el apoyo del actual Ministerio de las Culturas, las artes y los patrimonios, universidades, instituciones regionales y locales pero falta mucho por hacer.


Sin perjuicio de todo este potencial, haciendo una revisión del estado de los edificios y lugares donde toda la faena minera se desarrollaba, se aprecia lo rápido que el abandono actúa negativamente.


Estos edificios derruidos, demolidos y abandonados, conservan aún gran parte de sus estructuras principales, pero necesitan de intervención pronta para frenar el proceso de deterioro en que se encuentran.


Muchos de ellos están en malas condiciones, las que obligatoriamente deberían mejorar para poder ser presentados al público.


El contraste es evidente entre la comunidad viva, movilizada a diario para mejorar sus condiciones de vida, afirmada en la historia desde la cual surgen y los edificios abandonados a su destino, expuestos al paso de los años.


El rescate de estos edificios es una tarea enorme que sin dudas requiere de grandes esfuerzos económicos, gubernamentales pero también culturales ya que la poca difusión de estos tesoros vivos, limita su gestión eficiente.


Todo esto es posible y realizable si, como ocurre en Lota, es su gente la que empuja el carro.

*Las opiniones expresadas en la sección punto de vista son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de la Asociación de Oficinas de Arquitectos.