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¡Algo pasó en la metrópolis!

Por Víctor Nadal, socio fundador de NFL Arquitectos Revisores y socio de AOA


Su vertiginoso crecimiento demográfico la obliga a crecer desmesuradamente como si se tratara de una temible y colosal máquina contaminante que va forzando la explotación de más recursos, producir más alimentos, consumir más agua, generar más desechos, utilizar más energía y emitir más y más gases de efecto invernadero en millones de traslados impulsados por combustibles fósiles.


Lamentablemente ya estamos sufriendo las consecuencias de esta contaminación y el acelerado cambio climático.


A pesar de este escenario poco alentador, las grandes ciudades tienen el potencial de la acción humana y la manera en cómo esto se realiza, es la clave. “Si el clima está cambiando, nosotros también debemos hacerlo”: esta reflexión va en el sentido correcto y con esa persistente característica del ser humano respecto de sentirnos capaces de arreglarlo todo, viene a dar soluciones reales.

Desde la perspectiva del principal contaminante de la atmósfera, las personas tenemos mucho que decir, la idea de eliminar los traslados innecesarios y crear políticas públicas que incentiven la utilización de vehículos amigables con el medio ambiente aparece como una gran tarea pendiente.


La misión de reemplazar la totalidad de los vehículos es compleja, porque la logística entrega soporte vital a la sociedad y no puede verse interrumpida, sino que debe evolucionar en movimiento y, aunque a ratos parece un objetivo ambicioso e inalcanzable, algunos fabricantes automotrices lo han puesto como una meta a corto plazo. Esto quiere decir que los vehículos del futuro inmediato no pueden emitir gases de efecto invernadero y tener líneas de fabricación y de producción de materias primas que cumplan con este estándar para llegar a ser carbono neutral.


En esta materia, en Chile tenemos características únicas y un potencial de crecimiento con valor agregado que nos posiciona como un productor de recursos minerales que puede ser abastecido por una matriz energética limpia y de origen renovable, y entonces nos preguntamos: ¿Podemos tener ciudades inteligentes en materia medioambiental? La respuesta es sí, pero, el mayor desafío está en crear incentivos poderosos, oportunos y claros, sin letra chica, capaces de involucrar a la sociedad en su conjunto.


Nosotros los arquitectos diseñamos dentro de un marco normativo carente de incentivos en esta materia, y no podemos hacer otra cosa que concientizar respecto a la implementación de tecnologías de vanguardia y fomentar la electromovilidad; pero no es suficiente.


La tecnología eficiente tiene un precio elevado y si queremos democratizar la electromovilidad, es el Estado quien debe establecer premios a los que se arriesguen a invertir en estas, la incertidumbre normativa nos tiene enfocados en dar batallas legales sobre derechos otorgados olvidando temas vitales para el territorio que habitan las personas.


En la misma línea, el Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones dice que el porcentaje de viajes que se realiza en transporte público es de un 29,1%, 28% de viajes se realizan en transporte privado, en tanto los no motorizados representan un 38,5% del total. Si fuésemos capaces de tomar ese 57,1% de viajes y lograr utilizar energética eléctrica almacenada en baterías que no producen emisiones de CO2 al liberar su energía en el vehículo eléctrico cuando este está en movimiento, y si Chile para el 2050 alcanza la meta de una matriz de generación eléctrica compuesta por más de un 70% de energías renovables y reemplazar el 40% del parque automotriz de vehículos livianos por eléctricos, se evitan 11.000.000 de toneladas de CO2 al año en nuestra atmósfera.


Es urgente reprogramar el ADN cultural con nuevos y mejores hábitos de conciencia medioambiental con elevado sentido cívico, se deben dar las condiciones normativas y de fiscalización para asumir el desafío de tener ciudades inteligentes. De lo contrario, se trata de una caverna que no nos permite ver la realidad: no hemos sido capaces de entender que no existe otro lugar para estar y el planeta ya nos da muestras claras que no lo hemos hecho bien pero que estamos a tiempo de la redención.