31 de agosto del 2026

Línea Directa

SERGIO MIRANDA RODRÍGUEZ

1929-2026

Gonzalo Mardones Viviani

Arquitecto

Maestro de varias generaciones.

Hay arquitectos cuya obra se mide en edificios y otros cuya obra más profunda se mide en generaciones de alumnos. Sergio Miranda Rodríguez perteneció a ambos mundos. Para quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos de Taller, su enseñanza fue fundamental.

Durante cerca de siete décadas hizo de la enseñanza una vocación, primero en la Pontificia Universidad Católica de Chile y posteriormente, con el mismo rigor, en la Universidad Finis Terrae.

Sergio había tenido el privilegio extraordinario de estudiar con Mies van der Rohe en Chicago pero nunca convirtió aquella proximidad con uno de los grandes maestros del siglo XX en una credencial académica. Hizo algo mucho más fértil: transformó esa experiencia en cultura arquitectónica.

De Mies probablemente aprendió también que detrás de la aparente simplicidad existe una enorme complejidad y exigencia para ser un buen arquitecto. Que reducir significa saber caer en la cuenta de lo que realmente importa a la arquitectura. Que una arquitectura precisa nace de innumerables decisiones invisibles.

Sergio entendía la modernidad no como un catálogo formal ni como un estilo que debía reproducirse, sino como una actitud intelectual: una manera nueva de ordenar, relacionar y comprender.

Por eso otorgaba tanta importancia a la observación. En su taller antes de proyectar había que aprender a mirar con reparo. Enseñaba a develar (sacar el velo).

Tal vez allí radica una de las diferencias entre un profesor y un maestro. El profesor transmite conocimientos; el maestro modifica la manera en que su alumno observa el mundo.

En arquitectura esto resulta decisivo, porque proyectar no consiste solamente en diseñar.  Consiste primero en comprender. Comprender un lugar, un acto, una medida, una necesidad, una materia, una cultura. Y después saber establecer entre todas ellas un orden.

Sergio no enseñaba el Taller como la búsqueda de una respuesta correcta. Enseñaba algo bastante más importante: a formular buenas preguntas.

Observar, dibujar, comparar, probar, equivocarse, corregir y volver a mirar. El proyecto avanzaba así no como una cuestión repentina, sino como una paciente construcción del juicio. La corrección de Taller no era solamente la revisión de un objeto; era una conversación sobre arquitectura y muchas veces, sobre la manera de pensarla.

Porque quizás la arquitectura no pueda enseñarse completamente. Lo que sí puede enseñarse es a estar disponible para aprenderla: despertar curiosidad, transmitir rigor, ampliar referencias, ejercitar la sensibilidad y cultivar una cierta inconformidad frente a la primera solución.

Su conocimiento de la arquitectura moderna lo transmitía en cada corrección. Había sido protagonista y testigo de uno de los períodos más fértiles de nuestra disciplina.

Su mayor proyecto fueron sus alumnos que lo admiraron y hoy lo elogian.

Las facultades de arquitectura de la Universidad Católica de Chile y la Universidad Finis Terrae lo distinguieron como Profesor Emérito, siendo en esta última el primero en recibir ese reconocimiento. Pero los títulos académicos, aun siendo importantes, dicen menos de un maestro que la memoria de quienes aprendieron junto a él.

Y eso pudo sentirse, en sus funerales de hoy, en el afecto y el respeto de tantas generaciones que acompañaron a su familia.

Los verdaderos maestros poseen una extraña forma de permanencia. Siguen apareciendo muchos años después en una decisión tomada frente a un proyecto, en una proporción que todavía nos incomoda, en una línea que decidimos borrar o en esa voz interior que nos obliga a mirar una vez más algo que creíamos resuelto.

Sergio Miranda, un maestro que  nos deja una huella profunda.

Con 25 años de historia, nos hemos ganado un espacio importante para la representación de los arquitectos en el debate público y frente a la autoridad. Buscamos tener una voz nítida y respaldada técnicamente, queremos llegar con nuestro mensaje a la opinión pública, y ser capaces de construir una red amplia de vínculos con la sociedad.