Silabario urbanístico

12 noviembre, 2012

EN ESTOS momentos está en discusión la definición de las reglas del juego urbanístico para más del 60% de las comunas de Chile. De las 345 comunas del país, 97 de ellas se encuentran desarrollando su Plan Regulador Comunal por primera vez. Luego, son 115 las comunas que se encuentran actualizando sus planes reguladores o bien haciendo modificaciones parciales a los mismos. Toda esta carne en la parrilla debiese ser razón suficiente para que todos los actores interpelados se interesen y participen activamente.

Con este escenario al frente, creo necesaria una “alfabetización urbanística”, enfocada a entregar herramientas y conocimientos básicos a los ciudadanos para que las discusiones y argumentaciones referidas al Plan Regulador en elaboración tengan sustento, racionalidad y sentido de oportunidad, y no sean mero bloqueo por desconocimiento o defensa de intereses particulares.

Con ese espíritu, me permito comenzar, la que espero pueda ser entendida como una serie o silabario urbanístico. Así como para aprender a leer y escribir se usa el silabario, es necesario que aquellos ciudadanos que se interesan en la planificación de su ciudad y barrio, conozcan y manejen conceptos mínimos. Aquí va la primera “lección”.

Al estar inmersos en el proceso de discusión de un plan regulador, uno de los temas centrales que acapara las preocupaciones de la comunidad se refiere a la cantidad de personas que habitarán/circularán en esos barrios. Esa cantidad de personas habitando un área definida se conoce como la densidad habitacional. Por otra parte, y muchas veces confundida como sinónimo de la anterior, está la definición de la máxima altura para las nuevas construcciones. Estos dos elementos, la densidad habitacional y las alturas máximas, son definiciones muy poderosas, en conjunto, capaces de cambiarle la cara a un barrio o a una ciudad completa.

Esta distinción entre altura y densidad es muy importante. Un ejemplo simple para terminar de visualizarla. Un terreno con 12 familias en un edificio de 12 pisos, con un departamento por piso, tiene la misma densidad habitacional que el mismo terreno con 12 familias en un edificio de tres pisos, con cuatro departamentos por piso. ¿Cuál es la consecuencia práctica? Pudiere darse que una comunidad esté abierta a recibir más familias en su sector, aumentando, por ende, la densidad. Con ello podría aportar una mayor vitalidad al barrio, atraer servicios que hoy no existen justamente por falta de personas, y eventualmente captar mayor atención del municipio a sus demandas. Sin embargo, esa mayor densidad no tendría por qué ser sinónimo de gran altura, podrían ser edificios bajos.

Entonces, si la preocupación de los vecinos es la falta de espacios en las veredas, los tacos en las mañanas para salir de la casa, la baja en la presión de agua, el colapso de la red de alcantarillado, o la sobredemanda de las plazas vecinales, la preocupación, por cierto, será la densidad máxima permitida. Si la inquietud, por el contrario, se centra en la imagen de su barrio, en la privacidad de sus patios, jardines o balcones, en la entrada del sol en las mañanas y en las vistas, la preocupación, claro está, serán las alturas máximas.

Julio Poblete Arquitecto

Fuente: La Tercera