Río Mapocho: testigo natural de los 472 años de Santiago

12 febrero, 2013

La primera vez que se ocupó una cámara al interior del lecho del río, para otros fines que no fuera mostrar la miseria debajo de sus puentes, fue con la proyección de “Chile a la Luz”, 104 obras de arte proyectadas sobre el Mapocho como si éste fuera un museo al aire libre. Fue en pleno verano de 2011 (ver recuadro) y el fin era mostrar una ciudad más bella y moderna para el Bicentenario (2010).

Durante varios meses, a partir de las 9.30 hrs. y hasta las 11.30 hrs. , el curso de agua se llenaba de colores. Hoy, lo volverá a hacer, para celebrar los 472 años de la fundación de Santiago, con la reedición de la iniciativa.

Haber elegido este escenario como salón de exposiciones no fue casual. Por ahí pasan indefectiblemente todas las miradas santiaguinas, pues tal como señala el jefe del programa de magíster de proyectos urbanos de Arquitectura UC, Eduardo Bresciani, “es el lugar sobre el que gira el desarrollo de la ciudad”.

El río ha sido testigo natural del crecimiento de la capital. Desde la prehistoria hasta la Conquista, la Colonia y la modernidad del siglo XX. Incluidas las torres del barrio financiero, cuya mirada se dirige hacia el curso.

Los hitos

Los españoles veían al cauce natural como una zona de asentamiento estratégico. “Santiago se fundó entre dos aguas”, explica el arquitecto Sebastián Gray, refiriéndose al cauce principal, el Mapocho, y a La Cañada, el brazo que partía en Plaza Italia, corría por la Alameda, y que volvía al curso más abajo de la Plaza de la Constitución.

En el plano de la urbe, el Mapocho se convirtió, durante la Colonia, en un elemento geográfico divisorio de la sociedad. “El lado norte fue el patio trasero y ahí se ubicaba lo menos formal de la ciudad, como cementerios, mercados y la gente de la Chimba. Al sur estaba la ciudad como tal”, agrega Gray.

Sólo con la construcción del puente Cal y Canto, a fines del siglo XVIII, se acabó el aislamiento del norte.

Las aguas del río eran rabiosas e incontrolables. Fueron varios los que intentaron domesticarlo. Entre ellos, el corregidor Luis Manuel de Zañartu, que en 1773 comenzó la construcción de los Tajamares del Mapocho. La obra demoró 35 años y comprendía 33 cuadras desde la calle Condell hasta la actual Estación Mapocho. Pero al seguir desbordándose las aguas, fue necesario canalizarlo. En 1888 se iniciaron las obras para hacerlo, las que dejaron al lecho casi como se le conoce hoy, con el agua encajonada desde Tobalaba hasta la Estación Mapocho. “En ese momento el río obtuvo el ancho actual de 50 metros y se construyeron todos sus puentes metálicos”, agrega el jefe del programa del doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos UC, Fernando Pérez.

La canalización generó espacio y le dio lugar a la construcción del Parque Forestal, con motivo del Centenario de la Independencia. “Marcó un hito de consolidación junto al nuevo edificio del Museo de Bellas Artes. Eso y la construcción de la Estación Mapocho reforzaron esa zona”, señala el arquitecto Humberto Eliash.

Las intervenciones que vinieron, se ejecutaron a los costados del río. A mediados del siglo pasado, de hecho, se construyeron las avenidas Andrés Bello y Santa María. Mucho más tarde, en 2005, se inauguró Costanera Norte, la última gran intervención que ha sufrido el Mapocho en el siglo XXI.

Para adelante, se espera la consolidación de la ribera sur del río, con el proyecto del cicloparque 42K, que comenzaría sus obras este año. También el Mapocho Pedaleable, que ocupará el lecho para pasear en bicicleta (en proceso de estudio de factibilidad), y el Parque Renato Poblete, de 20 hectáreas -con una laguna- y que estará al poniente del Parque de los Reyes. Esta obra comenzará este año.

Fuente: La Tercera