Reacción y catástrofe

5 febrero, 2013

Señor Director:

La dolorosa y evitable experiencia del incendio en la discoteca de Santa María en Brasil obliga a extraer lecciones desde las que podamos ponernos en alerta sobre cómo en nuestro propio contexto activamos acciones que eviten o minimicen este tipo de inesperados episodios.

A lo largo de la historia hemos sido testigos de cómo las leyes y normas resultan desde episodios catastróficos, como lo fue la creación del Cuerpo de Bomberos de Santiago después del incendio de la Iglesia de La Compañía en 1863. Entonces, se torna una oportunidad de desarrollo dejar atrás la mala costumbre reactiva, para reemplazarla por nuevas acciones destinadas a minimizar riesgos, facilitar la evacuación y permitir la extinción, medidas que ya recoge la norma, para complementarlas con nuevas acciones en torno a la fiscalización y la administración de la emergencia. Para validarla normativa vigente y comprender estas nuevas exigencias a considerar, hay algunas ya asumidas por la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones que califican a los sistemas pasivos y activos para evitarla propagación y controlarla evacuación de los recintos. Sin embargo todas estas medidas han de estar respaldadas por la normativa que exija su cumplimiento y una periódica revisión de su operatividad. Fiscalizar y administrar la catástrofe más allá de la normativa de construcción son gestiones que la autoridad local y nacional debe incorporar cuanto antes. Si consideramos además que los bomberos voluntarios requieren permanente financiamiento, se abre una oportunidad de incorporar esta institución a los procesos de fiscalización, capacitación y administración de emergencias en eventos masivos, más allá de una ambulancia o un carro bomba estacionados. Cabe recordar que desde hace pocos años es obligación la entrega de una copia de planos desde la DOM (Dirección de Obras Municipales) al Cuerpo de Bomberos respectivo, lo que en proyectos calificados “de uso público” implica la confección de un plan de emergencia y una visita inspectiva previa a la recepción definitiva de obras. Sumar a estola regularidad de visitas, la atribución de clausura y a la presencia normada de personal capacitado, ha de serla clave para determinar los riesgos de la carga combustible, sistemas de extinción operativos, apertura de puertas y evacuaciones controladas.

LEOPOLDO PRAT VARGAS, Decano Facultad de Arquitectura y Urbanismo Universidad de Chile

Fuente: El Mercurio