Preparan Plan Maestro para remodelar Biblioteca Nacional

3 abril, 2013

El edificio de la Biblioteca Nacional comenzó a ser construido en el marco de las celebraciones del Centenario de la República. Mientras se inauguraban hitos urbanos como el Parque Forestal, el Museo de Bellas Artes y la Estación Mapocho, el Monasterio de Santa Clara era demolido para dar paso al inmueble de estilo neoclásico que hoy ocupa la biblioteca.

En agosto de 1913, cuando la entidad cumplía 100 años, se puso la primera piedra en la Alameda, a un costado del cerro Santa Lucía. Ahí Gustavo García del Postigo proyectó el nuevo edificio que desde entonces alberga a la institución (antes estuvo en la ex Aduana y luego en el ex Congreso). Recién en 1925 pudo abrir sus puertas al público.

A 200 años de su creación, la Biblioteca Nacional será sometida a una remodelación de gran envergadura y para eso la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) encargó un estudio preliminar para detectar las necesidades del inmueble.

“El edificio fue pensado hace 100 años y está saturado en sus capacidades. Necesitamos nuevos espacios públicos para atender a más ciudadanos”, asegura Magdalena Krebs, directora de la Dibam.

Se estima que para albergar nuevas colecciones de libros en los próximos 20 años se requiere de 14.000 m2 para depósitos de ejemplares. Actualmente la biblioteca cuenta sólo con 6.800 m2.

Con el fin de desarrollar el Plan Maestro se convocó al arquitecto Fernando Pérez, jefe del programa de doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos de la UC y experto en patrimonio. El, quien también está recuperando los antiguos cimientos de la Catedral de Santiago, comenzó a trabajar hace un año en el inmueble junto a un equipo de cinco arquitectos más de la U. Católica. “La primera etapa consiste en evaluar la relevancia del edificio en la ciudad y el uso que le dan los visitantes y los funcionarios”, afirma.

Pérez confirmó la urgencia de mayor espacio. “El recinto está a punto de coparse con todos los volúmenes que recibe año a año. La Biblioteca Nacional debe ampliar su capacidad de acopio, ya sea en su interior o en lugares satélites”, explica Pérez.

Planos y futuro

Durante esta primera fase se está recopilando información histórica y arquitectónica del inmueble.

Para eso los expertos tuvieron que buscar los planos originales que estaban en dependencias de la Municipalidad de Santiago y del Ministerio de Obras Públicas. Sólo así se pudo realizar un levantamiento y catastro de los salones existentes y de los espacios destinados a labores administrativas.

“Fuimos armando los planos actuales con los antiguos. Nos encontramos con discordancias entre unos y otros y por eso tuvimos que chequear en terreno cada lugar. Así llegamos a uno completo y definitivo”, comenta el académico.

Por el momento, la misión del equipo es comprender la lógica del edificio, de cómo fue concebido para rescatar sus sistemas de circulación, ventilación y los accesos de luz. Sólo así se podrá encontrar un modelo para reordenar este monumento histórico.

Pérez indica que durante este año terminarán con la recopilación de antecedentes del edificio y que en dos meses más podrían estar proponiendo un diseño para el futuro de la biblioteca.

Entre las ideas que ya han aparecido se encuentran tomar los espacios que actualmente ocupan las oficinas administrativas de la Dibam en el ala poniente del edificio, las que se trasladarán al Palacio Pereira cuando éste quede remodelado.

“Dentro de las propuestas económicas y arquitectónicas que vamos a comenzar a evaluar en un par de meses está la expansión subterránea o algunos tipos de edificaciones livianas sobre los actuales pabellones”, explica el arquitecto a cargo.

Magdalena Krebs explica que la idea es que con todos esos antecedentes se llame a un concurso durante 2013 para hacer las modificaciones al edificio.

Fernando Pérez cuenta que se ofrecerán alternativas para que el edificio dialogue de mejor forma con el entorno, es decir, con el cerro Santa Lucía, la plaza Vicuña Mackenna y la estación de Metro, ubicada a pasos del acceso.

“Quizás con el tren subterráneo podríamos hacer algo similar a lo que se hizo en París entre una estación y el Louvre. Ahí existen elementos que dan cuenta de que el museo está ahí. Con los jardines que dan a McIver, se puede generar nuevos espacios para lectura o una cafetería. Son ideas que vamos a ir consolidando según la visión que tenga la biblioteca a largo plazo”, remata Pérez.

Fuente: La Tercera