Nace un nuevo campus universitario

2 mayo, 2013

Un cubo de hormigón de seis pisos de altura flota sobre cuatro pilares y una barra rectangular de ocho pisos se integra con sensibilidad al paisaje circundante.

Arquitectura que no rompe con el entorno. Así se podrían definir los edificios de la nueva Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales emplazados a los pies del cerro San Cristóbal, en el sector de La Pirámide, y uno de los cuales no deja de tener cierto parecido al de la Villa Portales, de Estación Central.

Diseñados por el arquitecto Rodrigo Duque y ubicados en un espacio contiguo a la Ciudad Empresarial, es el primer edificio universitario que llega a esa zona.

El terreno tiene tres hectáreas y en su primera etapa cuenta con 16.000 m² construidos de salas de clases -que miran al cerro-, laboratorios computacionales, casino, patios, un auditorio para 530 personas y un parque deportivo de 1.800 m².

Duque trabajó junto a los arquitectos Rafael Hevia y Catalina Ventura en un diseño sustentable, pues tal como la Biblioteca Central de la misma universidad, este edificio tenía que cumplir con obtener la certificación LEED (Líder en Eficiencia Energética y Diseño Sostenible). Y consiguió la categoría “gold”, entre otras razones, por ahorrar energía en la climatización del edificio gracias a las fachadas recubiertas por una capa vegetal. “Son enredaderas que tienen hojas sólo en verano y que dan sombra y humedad en días de calor. En invierno, con la ausencia de hojas, deja entrar la radiación solar, y esto permite temperar el interior”, señala Rodrigo Duque. Fuera de eso, según indica el arquitecto, están los jardines dispuestos en los techos de las construcciones, que también ayudan a aislarlas térmicamente.

Otro de los aspectos que les dio puntos para conseguir el sello, fue el estacionamiento de bicicletas, que promueve el transporte sustentable.

Las nuevas estructuras permitirán gran aprovechamiento de la luz natural, la reutilización de aguas para el riego de áreas verdes, un bajo consumo de agua en artefactos sanitarios. Fuera de eso, menos pérdidas de calor gracias a cristales especiales que ayudan a conservar la temperatura interior. “Actúa de forma similar a las casas de adobe, que por definición mantienen el calor en invierno y son frescas en verano”, dice Rodrigo Duque.

Las construcciones tienen fachadas de hormigón con diversos sacados que funcionarán como terrazas panorámicas, recubiertas de madera y cuya idea es relacionar a los estudiantes con el entorno natural.

A su vez, el edificio rectangular tiene pasillos pintados de colores cálidos, como rojo, naranja y amarillo, que son luminosos.

Hay un tercer recinto semisubterráneo en el zócalo, que une los dos edificios anteriores.

El campus tiene una estética pétrea y rocosa, que rompe con la de Ciudad Empresarial, más asociada a muros acristalados. “Como se trata de una universidad, los edificios necesitaban otro carácter y debía dar una impresión mucho más de peso”, explica Duque.

Construir “verde” cobra cada vez más fuerza con el objetivo de aspirar a obtener el codiciado sello LEED, que reconoce un estándar de desempeño energético y medioambiental. Eso, aunque a nivel local no permita tener rebajas tributarias como en otros países.

Para otorgar el sello, el United States Green Building Council mide aspectos como el ahorro de energía en la construcción, eficiencia del uso del agua y selección de materiales de bajo impacto medioambiental.

Todos estos elementos se traducen directamente en una reducción de emisiones de CO‚ y de la huella de carbono del edificio; en el fondo, en un ahorro de hasta un 30% de la energía que utilizan los convencionales.

Fuente: La Tercera