Museo Militar reabre en marzo, y prepara visitas para ciegos y recorridos virtuales

8 febrero, 2013

Poca gente lo sabe, pero la Autopista Central, que hoy cruza el centro de la capital de norte a sur, divide un sector que hasta la segunda mitad del siglo XIX era conocido como La Pampilla, aludiendo al amplio y baldío terreno que hoy es el Parque O’Higgins.

Frente a este lugar, y con el paso de las décadas, el Ejército marcó su presencia, y le dio el carácter que hasta el día de hoy se mantiene en el sector: por un lado, los monumentales ex arsenales de guerra y, por el otro, un ecléctico palacio, cuna de la formación militar.

Se trata del edificio Alcázar, uno de los más emblemáticos inmuebles de ese lado de la capital y primer edificio oficial de la Escuela Militar.

Comenzó a ser construido en 1887 bajo los preceptos neoclásicos, y tuvo diversos usos, hasta que en 1997 fue inaugurado como el museo institucional.

Además de recrear la historia nacional y sus batallas, en este lugar se guardan elementos de la Guerra del Pacífico, objetos personales de Bernardo O’Higgins y otros artículos de interés patrimonial.

Y al igual que otros inmuebles, el 27 de febrero de 2010 marcó un antes y un después, ya que el terremoto amenazó con derrumbar la imponente construcción que, pese a no tener daños estructurales, tuvo que ser cerrada para su más completa restauración, que se espera concluya a fines de este mes.

“El terremoto nos afectó mucho en la infraestructura y las muestras del museo. Nuestra fachada resultó con un forado tremendo, de siete u ocho metros, así como varias vitrinas y espacios resultaron dañados. De igual manera, tuvimos que cambiar el sistema eléctrico y reparar varias salas”, explica Benjamín Acuña, director (s) del Museo Histórico Militar, detallando que en septiembre pasado concluyeron los trabajos mayores de restauración y que, por ahora, solo queda la renovación del frontis, que hoy luce tapado para su recuperación. Se estima que los trabajos tuvieron un valor superior a los $1.500 millones.

Con esto, se espera que para el 5 de marzo se concrete la anhelada reapertura del recinto, que prepara también varias novedades.

Además de mejorar aspectos de la muestra, sumando más elementos de interactividad, se desarrollan varios proyectos.

Uno de ellos ya funciona en el Museo Marítimo Nacional de Valparaíso, y se llama “Ver sin mirar”, que acerca los elementos exhibidos a las personas no videntes.

A través de objetos y paneles escritos en sistema Braille, los visitantes ciegos pueden tocar parte de la muestra e interactuar mejor con la exhibición.

“La idea es que nuestra propuesta educativa se acerque a más personas, y por eso estamos desarrollando esta iniciativa pionera, que esperamos concretar durante este año”, agregó Acuña.

Otra de las novedades que prepara el recinto ya ha sido probada en algunos colegios de Antofagasta, Cauquenes y Curicó. Se trata de un “tour virtual” que, a través de una videoconferencia, llega hasta las salas de clases de cualquier parte del país.

“Un guía transmite en directo y por internet una clase desde una de nuestras salas y muestra los detalles de esa exhibición. Los estudiantes nos pueden hacer preguntas y nosotros llevamos toda la infraestructura hasta allá”, explica Álvaro Casanova, historiador del museo.

A esta iniciativa se suma una innovación tecnológica que le dará otro carácter a ciertos episodios de la historia nacional, ya que en algunas salas del recinto se proyectarán videos en tres dimensiones de las batallas de Maipú y Chacabuco, o el Cruce de los Andes.

“Esperamos iniciar una etapa con muchos talleres y programas de educación. Queremos que la gente nos visite, y darle la importancia que se merece a un museo de nivel internacional”, explica Acuña.

Fuente: El Mercurio