Luces en la ciudad

28 marzo, 2013

Luces y sombras hay en la ciudad si hablamos de la iluminación de nuestras calles y plazas. Basta darse una vuelta por Santiago, o por cualquier ciudad chilena, para ver que el panorama es variopinto, algo desordenado, pero también con destellos de modernidad.

En la práctica, y si hablamos de alumbrado público, cada comuna se las arregla como puede en este tema, que representa una de las facturas más altas a fin de mes, y si hablamos de iluminación urbana en espacios públicos y privados, hay una búsqueda por superar el gris y, en todos los casos, por ahorrar.

Nuestra iluminación urbana ¿alumbra y aporta al entorno urbano o ni lo uno ni lo otro?

Es la pregunta para la arquitecta especialista Mónica Pérez, de Arquitectura de Luz y miembro de la United States Green Building Council y de su capítulo chileno. “Mientras la luz sea considerada positivamente en los proyectos de todo tipo, públicos y privados, va a ser una contribución a la imagen de la ciudad, a la seguridad y un símbolo del buen uso de la energía”.

A su juicio, mucho ha cambiado la iluminación urbana y seguirá haciéndolo. Autoridades y mandantes están más conscientes de la importancia de la iluminación, desde el punto de vista funcional y como complemento de cualquier proyecto. Ejemplifica: “De día, todos los edificios se ven parecidos, pero en la noche adquieren una identidad propia. Hoy, nuestras ciudades viven de día y de noche”.

Hacer un proyecto de iluminación, señala, no es que quede bonito o feo, sino que se consideren múltiples condiciones, para que el proyecto sea viable y pueda mantenerse en el tiempo; como, por ejemplo, que apoye a la arquitectura funcional y estéticamente; que se escojan las fuentes adecuadas y que cuenten con la debida reposición, y que esté de acuerdo con la realidad económica donde está inserto.

A nivel urbano, Mónica Pérez, también miembro de la Illuminating Engineering Society, plantea la necesidad de contar “con una especie de plan regulador del alumbrado público, que permita sistematizar una política nacional o regional donde se coordinen los esfuerzos de las comunas. De lo contrario, seguirá siendo una preocupación puntual y no un aporte donde se podrían obtener mejores resultados, según las expectativas de una ciudad moderna”.

En este sentido, destaca, por ejemplo, la verdadera revolución que está significando la incorporación de la tecnología LED, que hace un sustantivo aporte al ahorro energético. “Hay que reescribir todo, pero al mismo tiempo tomar decisiones técnicamente correctas. Para eso serviría además dicho plan regulador”.

Ciertamente que la necesidad de coordinación es compartida también por las autoridades.

Ragnar Branth, jefe de la División Técnica de Estudio y Fomento Habitacional del Ministerio de Vivienda, señala que el tema de la iluminación es fundamental para la amabilidad y seguridad de las ciudades y es una preocupación transversal para todos los ministerios y municipalidades. “Es dificil avanzar hacia ciudades más sostenibles sin considerar la iluminación y un consumo más eficiente de la energía”.

Añade que efectivamente hoy “se requiere más coordinación e instalar el tema, porque las cosas se pueden hacer de mejor manera”.

La cara amarga y extrema que plantean las luces urbanas es la contaminación lumínica. Ragnar Branth confirma que a nivel gubernamental se está estudiando ampliar al resto de las ciudades del país el decreto que regula este tipo de contaminación en las regiones II, III y IV. Nacida como una necesidad de la astronomía, se extendería porque se ha demostrado que dicha normativa colabora con la anhelada eficiencia energética.

Vienen más cambios. En estudio hace un año y medio y en etapa de revisión, para ser promulgado “a la brevedad posible” se encuentra en el Ministerio de Energía el Reglamento de Alumbrado Público para Vías Vehiculares, el cual establece requerimientos técnicos de comportamiento de la luminosidad para las distintas calles, avenidas y autopistas. Además, dicen en el ministerio, “optimizará el consumo energético del alumbrado público con la introducción de nuevas tecnologías que, adicionalmente, impliquen menores costos de mantenimiento y reposición, manteniendo el nivel de prestaciones”.

Fuente: El Mercurio