Burbuja nortina

7 enero, 2013

HE TENIDO el privilegio de participar de varios de los talleres de discusión regional de la Nueva Política Nacional del Desarrollo Urbano. He conocido y aprendido de realidades respecto de las cuales no tenía contacto hace mucho tiempo.

Me ha sorprendido muy especialmente la realidad de las ciudades de Iquique y Antofagasta, fuertemente impactadas por el desarrollo minero y situadas en las dos regiones con el PIB per cápita más alto del país. A los muchos que les preocupa la “llamada burbuja inmobiliaria”, les diría vengan a conocer la Burbuja del Norte Grande, que más allá de la preocupación por los precios de la vivienda y del suelo, tiene a estas ciudades bajo estrés y con escasa capacidad de reacción frente a la prosperidad reinante.

El aumento del valor del suelo en ambas ciudades es dramático y hace que los subsidios de vivienda para la clase emergente pierdan efectividad y no sean posibles de concretar, justamente, por la ausencia de oferta en esos tramos de precios. Un botón de muestra es que hay casos de venta de viviendas sociales en Antofagasta cuyo costo inicial fue de 500 UF y que luego de cinco años llegan a precios de venta cercanos a las 2.000 UF.

En el caso de Iquique, gran parte de la razón para el aumento del precio del suelo es que la ciudad no cuenta con un plan regulador actualizado (tiene más de 20 años de antigüedad), lo que ha impedido planificar y regular el crecimiento. Consecuencia de esa ausencia de planificación fue en su momento el surgimiento de la toma de Alto Hospicio, hoy comuna de 100.000 habitantes. La rada de Iquique, con su maravillosa playa, tiene cada vez más torres en primera línea, sin planteamiento claro para su borde de mar. Por otra parte, una autopista del MOP amenaza con interrumpir el acceso de la ciudad al borde costero. Finalmente, no se ve reflejada la riqueza que ahí se genera en la calidad del desarrollo urbano.

Antofagasta, por su parte, vive un boom desde hace más años y hoy se constituye como la ciudad lineal más extensa del país. A diferencia de Iquique, Antofagasta no cuenta con atributos de balneario y sus playas son pequeñas y artificiales, con un marco geográfico menos espectacular. Asimismo, y a pesar de que los instrumentos de planificación urbana en este caso están actualizados, las demandas urbanas generadas por el desarrollo minero los dejan rápidamente obsoletos. Con más aprendizaje en el cuerpo y con gran cantidad de desarrollo reciente, preocupantemente deteriorado, la ciudad de Antofagasta está avanzando en una alianza público-privada que les permita pensar estratégicamente el futuro de la ciudad.

La burbuja nortina ha traído buenas noticias en empleo, en acceso a servicios y equipamiento, y en conectividad e infraestructura. Sin embargo, ese auge se ha encontrado con ciudades cuya estructura no estaba preparada para recibir estas nuevas cargas e inversiones. Es momento oportuno de levantar la necesidad de dotar a nuestras ciudades intermedias de buena planificación y de herramientas de gobierno y gestión para el desarrollo de hoy y del que vendrá. La calidad de vida urbana del Chile futuro se jugará en las ciudades intermedias, como lo son Iquique y Antofagasta.

Julio Poblete, arquitecto

Fuente: La Tercera