Lo público con lo público

10 diciembre, 2012

Es común escuchar que para poder desarrollar proyectos que sean un beneficio para las ciudades tales como la construcción de más áreas verdes, el aprovechamiento de terrenos abandonados o subutilizados o simplemente el emprender proyectos que valoricen el espacio publico, es la autoridad pública la que debe asociarse con los emprendedores privados para sacar adelante grandes inversiones con el argumento de que el estado no tiene los fondos suficientes o debe destinarlos a otras prioridades.

En un periplo realizado recientemente por Berlín, Paris y Bilbao en una misión tecnológica de la AOA (Asociación de Oficinas de Arquitectos), pudimos aprender y conocer que la verdad es que la tarea más difícil no es poner de acuerdo a lo privado con lo público sino que a lo público con lo público. Al privado siempre se le tendrá para inversiones en las cuales tenga utilidades y beneficios como es lógico, es por eso que siempre con creatividad se dispondrá de su participación si se dan esas condiciones. Poner de acuerdo a los ferrocarriles con los ministerios de obras públicas, las municipalidades, los consejos de protección de patrimonio y otros organismos es mucho más complicado pero se puede, en este caso los únicos beneficios deseados son el bien común y la calidad de vida de los ciudadanos.

Se requiere de voluntad política y de un liderazgo acertado.

En París, por ejemplo, todos los proyectos en los que existe inversión publica, aunque sea ésta en un mínimo porcentaje del total, deben ser realizados con llamados a concursos públicos pero a la francesa, esto es, con una precalificación previa en la que se presenta el que quiere y una comisión ad-hoc elige entre cinco y diez oficinas de arquitectura para que desarrollen el concurso con bases precisas y un trabajo anónimo y pagado. El Estado interviene fuertemente en Francia para producir una deseada integración social evitando así los guetos periféricos que han demostrado ser un círculo vicioso de pobreza y degradación de la calidad de vida entre sus habitantes. La inversión pretende, por lo tanto, hacer que los barrios sean mixtos en sus usos por un lado y sean inclusivos e integradores socialmente por el otro.

Para ello la vivienda social no se entrega en propiedad al nuevo usuario, sino que se le arrienda muy barata. La razón por la que el Estado mantiene la propiedad, es para evitar que esta vivienda valorizada por la gran inversión pública realizada con el esfuerzo del erario nacional o del municipio sea rápidamente vendida dado su alto valor y se produzca la emigración de los beneficiados, disgregando nuevamente el tejido social heterogéneo que se había logrado.

En Berlín, vimos cómo la planificación de una ciudad puede lograr que un 30% de la superficie territorial sea destinada a áreas verdes y que los nuevos proyectos de edificios públicos conforman una red de espacios entregados a la comunidad que los utiliza con mucho éxito a pesar del riguroso clima de Alemania. Ejemplos como el Reichstag de Norman Foster o los edificios de Potsdamer Platz de Renzo Piano o el Museo Judío de Daniel Libeskind junto a los extensos parques y áreas verdes, son grandes aportes a la vida del nuevo Berlín después de la caída del muro.

Bilbao es una ciudad de casi 900.000 habitantes y es un modelo para replicar en lo que de acuerdos entre lo “público y lo público” se trata. La Sociedad de La Ría aglutinó a todos los actores de los diferentes poderes públicos que podían conjugarse para obtener un resultado ejemplar en el Bilbao de hoy en solo 20 años.

Todos creemos que el museo Guggenheim de Frank Gehry es el polo que produjo este cambio, esto no fue así, el museo puso a Bilbao en al mapa del mundo, pero la nueva ciudad se creó a partir de muchas voluntades públicas que dirigió Ibon Areso Mendiguren, Vice Alcalde de Bilbao, quien lideró la sociedad de la Ría para hacer una planificación que aprovechó terrenos residuales, que permitió trasladar el puerto desde la ciudad hacia el mar, que movió el ferrocarril de lugar para utilizar el espacio de la vía en proyectos y áreas verdes y que atrajo a grandes arquitectos a realizar los edificios que hoy conocemos. Es así como el Master Plan de César Pelli para el sector del museo Guggenheim, los edificios de Siza y Moneo, los proyectos de Calatrava en el Aeropuerto y el puente de Zubizuri, las torres de Isozaki, junto con el proyecto del Metro de Norman Foster, dieron a la ciudad un impulso inimaginable para la que hasta hace poco estaba llena de galpones y grúas en medio de una área vastamente contaminada por las empresas productivas y el puerto. Esta genial gestión ciudadana y de planificación urbana con los recursos de los que se disponía para crear nuevas fuentes de riqueza, esta vez ligadas a los servicios y no a las grandes empresas y al puerto como fue en el pasado, le ha dado a Bilbao un auge destacable en un mundo que vive una crisis como pocas veces habíamos visto.

Con voluntad política, creatividad y liderazgo se puede dar vuelta el destino de una ciudad o cambiar la calidad de vida de muchos sin renunciar a atreverse a utilizar la inversión pública y a una buena gestión urbana para una mejor ciudad, esto es eficiente y es productivo como inversión para una gran rentabilidad social.

Yves Besançon Prats, Presidente AOA

Fuente: Portalinmobiliario.com