Las torres de la ciudadanía

7 diciembre, 2012

ESTA SEMANA, en el marco de la XVIII Bienal de Arquitectura “Ciudades para los ciudadanos”, el Presidente de la República dio a conocer los proyectos ganadores de dos concursos públicos de arquitectura dentro del programa “Legado Bicentenario”. Se trata de la Recuperación patrimonial del Palacio Pereira, diseño de la arquitecta Cecilia Puga y que albergará en un solo complejo las oficinas del la Dibam, Monumentos Nacionales y el futuro Ministerio de Cultura; y por otro lado, el proyecto urbano de recuperación del barrio cívico de Santiago en lo que respecta al inconcluso Eje Bulnes que conecta el Palacio de la Moneda con el Parque Almagro al sur de la Alameda. Este último concurso, ganado por la oficina del arquitecto Cristián Undurraga, ha generado airados debates apenas se dio a conocer el resultado en este diario y que vale la pena precisar.

La propuesta de Undurraga plantea hacer un trabajo de ordenamiento de suelos, pavimentos, fachadas y reacondicionamiento de los primeros pisos del paseo Bulnes que entren en consonancia con el trabajo ya realizado en las plazas de la Constitución y Plaza de la Ciudadanía, estas últimas también obras de Undurraga desarrolladas con más de 20 años de distancia. Si bien el actual concurso era de carácter anónimo, con más de 70 propuestas de arquitectos chilenos e internacionales, el conocimiento de Undurraga del barrio así como la coherencia y sobriedad de su propuesta hicieron que el jurado, compuesto por destacados arquitectos como Rafael Moneo (premio Pritzker de arquitectura) no dudaran en elegir esta virtuosa coincidencia.

Pese a lo anterior, la propuesta no ha estado libre de críticos respecto de cómo Undurraga eligió culminar el eje hacia el Parque Almagro, con dos torres gemelas de cerca de 30 pisos que pretenden actuar como un hito visual que marque el término del paseo y el encuentro con el parque, que albergarán reparticiones públicas hoy dispersas por el centro de la capital.

Los críticos plantean que las torres rompen con la normativa vigente en el eje cívico, incorporando una tipología que para muchos ha desdibujado la estructura urbana del centro. Otros plantean que existen restricciones de altura debido al carácter patrimonial del barrio, y los últimos que las torres podrían generar impactos viales en un sector ya saturado. Si bien todas estas aprensiones son legítimas, la propuesta hay que entenderla dentro de la evolución propia de un barrio cívico que lleva casi 80 años inconcluso, que las torres vienen a reinterpretar el fallido intento de Karl Brunner -primer urbanista del barrio- por localizar el Congreso Nacional al final del eje, y que si bien existe una norma para proteger el carácter del barrio, esta propuesta nace de la necesidad de renovar el barrio y volver a traer actividad cívica a uno de los lugares más memorables de Santiago que hoy yace semiabandonado con armerías, bares y comercio de segunda.

Finalmente, para los que creen que la propuesta no ha incorporado la opinión o participación de la ciudadanía, el hecho de ser parte de un concurso público, y la propia discusión que se ha iniciado son garantía que de ejecutarse, este barrio y estas torres serán con el tiempo reconocidas.

Pablo Allard, Arquitecto

Fuente: La Tercera