La ciudad de Palladio

30 junio, 2015

No se puede conocer Vicenza sin saber quién es Andrea Palladio, ni aprender de su obra sin mirar el legado que dejó en ese lugar. La pequeña ciudad italiana, patrimonio de la humanidad, se enorgullece de su más célebre habitante con una calle que lleva su nombre y con un centro histórico marcado con recorridos por su magnífica arquitectura clásica.DSC04020

Yocasta se suicida al enterarse de su vida incestuosa y Edipo rey se va al destierro luego de quitarse los ojos, desgarrado por la culpa. La tragedia griega de Sófocles llega a su fin en el Teatro Olímpico de Vicenza y los invitados a la inauguración del edificio -nobles, autoridades y miembros de la Academia Olímpica- aplauden de pie. Es el 3 de marzo de 1585, y el nuevo edificio está siendo estrenado para deleite de todos, menos de su arquitecto, Andrea Palladio, que ha muerto poco antes de completar la obra.

Cinco siglos después, la construcción, inspirada en los antiguos teatros romanos, está casi intacta. Terminado por su discípulo Vincenzo Scamozzi, es el teatro cubierto más antiguo de Europa, una de las más bellas obras de Palladio y un ícono en la ciudad de Vicenza. Tanto que el propio Goethe quedó admirado cuando lo visitó dos siglos después de su apertura, y así lo plasmó en su libro “Viaje a Italia”: “Parece de otro tiempo, está realizado en pequeñas proporciones y es de una belleza inefable, pero respecto a nuestros teatros me hace pensar en un niño aristocrático y bien educado frente a un experto hombre de mundo”. Este es uno de los más de veinte edificios patrimoniales realizados por Palladio -todos debidamente señalizados, enumerados y con una pequeña reseña en letreros callejeros- con los que uno se puede encontrar al caminar por el centro histórico. Es lo que andan buscando los turistas y conocedores de su obra, porque aquí, no como en su vecina Venecia, es un hombre el punto de interés. Al salir a los alrededores su figura sigue presente, porque el genio de la arquitectura clásica esparció su talento en un sinnúmero de villas en la región del Véneto, que le dieron la fama necesaria para que sus construcciones influyeran, en siglos posteriores a los desarrollos arquitectónicos de otros países, en especial de Inglaterra y Norteamérica. Por algo la Unesco nombró a Vicenza Patrimonio de la Humanidad en 1994.

Nació en Padua en 1508 como Andrea di Pietro della Gondola y se dice que su apodo viene de su gran amigo, el mecenas y conde Giangiorgio Trissino, que igualaba el talento del joven con la diosa Palas Atenea, símbolo de la sabiduría. Se había entrenado como cantero, pero su padre lo mandó a trabajar a Vicenza con un arquitecto que conocía; allí aprendió y se relacionó con los intelectuales y la nobleza de la época. Según explica el arquitecto chileno Osvaldo Fuenzalida, presidente de la AOA, en el mundo se estaba viviendo el descubrimiento de los clásicos -que son humanistas- frente a un arte y una arquitectura que tenían una potente raíz religiosa. “Palladio investiga el mundo grecorromano, analiza la columna y empieza a sistematizar las proporciones. Dice, por ejemplo, que la columna tiene 24 estrías y que van 3 a 1 con respecto al espacio entre ellas”, explica. Y no solo ejecutó sus obras según el ideal clásico, sino que se las arregló para proyectar obras funcionales, pero muy distintas entre sí. Palladio nunca se copió a sí mismo.

Vicenza luce los palacetes que hizo para familias acomodadas (Chiericati, Valmarana, Schio, Thiene, etc.). “Son casas sin fastuosidad, cuyo prestigio urbano se confía más bien a la nobleza de las formas que a la ostentación de la riqueza o del poder”, decía el fallecido historiador italiano Giulio Carlo Argán. Las mismas familias también le encomendaban sus villas en el campo, siendo la más famosa la Capra, también conocida como “La Rotonda”, por su planta circular central cubierta con cúpula, inscrita en un cuadrado, y sus cuatro fachadas iguales. Destino imperdible que puede ser visitado por 10 euros. Sin pagar se puede conocer su trabajo público, a través de la “Basílica Palladiana”, que no es un edificio religioso, sino que el nombre fue tomado del griego donde basílica significaba un edificio público suntuoso que normalmente albergaba al tribunal. Ubicado en la Piazza dei Signori es un emblema de la ciudad y quizás la más importante obra del arquitecto, donde inteligentemente rodeó el volumen medieval existente con un envoltorio clásico, que consiste en una corona de pórticos en dos pisos con arcadas volteadas. Una postal magistral que tampoco pudo ver finalizada, ya que se completó en 1614, 30 años después de su muerte. Pero, el maestro se las arregla para custodiarla diariamente a través de la escultura que lo inmortalizó en Vicenza, para siempre.

Revisa la nota publicada en Revista VD: página 1, página 2, página 3 y página 4.