Ideas y Arquitectura

25 septiembre, 2012

Arquitectura sin ideas previas es simplemente construcción. Como bien dice Alberto Cruz Covarrubias, a mi juicio el arquitecto más profundo de la modernidad y sin dudas el más brillante e influyente maestro no sólo para los que tuvimos alguna vez el privilegio de ser sus alumnos, “la obra de arquitectura comparece porque tiene algo anterior que la origina”. Alberto, como se le reconoce, ha sido el vigía. Vio, observó, pensó y reparó más claro y antes que todos y desde nuestra América. Hoy es reconocido y está presente en todos los centros de enseñanza de la arquitectura importantes del mundo.

Recuerdo nuestro primer taller de América en donde los alumnos intentábamos “caer en la cuenta” de la importancia de esta mirada, de esas palabras y dibujos dotados de ojos que revelaban el descubrimiento de lo previo a la arquitectura. Esta enseñanza no termina y se despliega en diversas direcciones que no siempre son compatibles, pero siempre serán validas.

¿Qué decir de todo esto y por qué? Las verdaderas obras de arquitectura son las que aúnan ideas, las que suman observaciones previas que las fundamentan y sustentan. La arquitectura, como la poesía y la medicina, no se nutre de recetas casuales, se alimenta de búsquedas concienzudas. Lo esencial siempre tiene que ver con lo que precede. Esa necesaria relación entre el observar, el pensar, el decir, el concebir y el hacer transforman una simple o compleja obra de construcción en una obra de arquitectura. La ausencia de lo previo a la arquitectura produce muchas obras carentes de articidad. La arquitectura debe trascender la elemental utilidad en belleza.

El gran arquitecto Louis Kahn expresaba, “un pintor puede pintar ruedas cuadradas para hacer ver la ineptitud de la guerra, un escultor puede esculpir esas ruedas cuadradas, pero un arquitecto debe usar ruedas circulares”. Con esta afirmación explícita, el maestro Kahn da cuenta de la especificidad propia de la arquitectura dentro del arte. Así, la verdadera arquitectura es cultura y es arte, es acto de sentido y con sentido.

Nuestra tarea como arquitectos, a inicios de un nuevo milenio, es levantar obras de arquitectura con ideas fundadas en palabras y dibujos que la sostengan. Sólo en la experiencia de la observación podemos diferenciarnos de las simples formas construidas. Estas últimas pueden morir con el tiempo. Las ideas prevalecen. La obra arquitectónica debe hacer sentir la poesía mucho más allá de un verso en un cuaderno. Todos los días, a todas las horas, la arquitectura confirma el triunfo de la belleza como estado del espíritu.