El elegante cité de Matucana que se niega a desaparecer

25 marzo, 2013

¿SABE dónde está el Cité Las Palmas? -¿El cité qué?-, responde el guardia de seguridad de un edificio cercano, en la misma calle Matucana donde se ubica esta construcción de 1914. Penan las ánimas a la una de la tarde de un domingo en este pasaje de ocho casas de dos y tres pisos, coronados por dos enormes torreones. Levantado a un costado del Parque Quinta Normal y frente al Museo de la Memoria, tiene altura y abolengo, dos características que lo hacen diferente de otros cités del vecindario. Pocos lo advierten, pues sus grandes fisuras exteriores, cornisas desprendidas y vitrales rotos no ayudan mucho a recordar la prestancia que alcanzó en su época. Proyectado por el arquitecto francés Julio Bertrand -quien era parte del grupo de Los Diez y autor de la ex embajada de Estados Unidos- quiso que calidad de vida y belleza se fusionaran en una edificación que, prácticamente, dejaba ingresar el Parque Quinta Normal en su interior. Algo que hoy está interrumpido por un muro. Desde la enorme y pesada reja de acceso que da a Matucana se avistan las dos veteranas palmeras que le dan el nombre a este cité. Todavía le entregan una delicada sombra al patio, concebido con la premisa urbanística de crear un punto de encuentro entre sus moradores.

De los dueños originales casi no hay huella. Dos casas permanecen vacías desde hace años y en otras – donde viven un médico de avanzada edad, una señora con su empleada, una familia que sale al alba y una mujer que arrienda piezas- nadie responde a sus puertas. Sólo Esther Guzmán, quien vive hace 40 años ahí. “Tengo sentimientos encontrados con esto. Siento orgullo por vivir en un edificio con historia y hermoso; y pena, porque toda esa historia no sirve para nada y las casas se están cayendo a pedazos. Llevamos años a puro parche, por debajo todo se está pudriendo”, dice.

Un estudio hecho por el Observatorio de Ciudades de la UC reveló que existían aún 811 cités en 2012 en la capital, un 77% de los cuales estaba en la comuna de Santiago. El catastro tardó un año, y el objetivo era determinar cuáles podían repararse y cuáles estaban en vías de desaparecer. Para alegría de los amantes del patrimonio, la investigación determinó que un 54% de estos conjuntos habitacionales estaba en condiciones de ser rehabilitado. “Yo creo que el de Las Palmas se puede reparar. Aunque sus condiciones son regulares, siempre es factible recuperar algo si hay recursos y voluntad”, afirma Sebastián Seisdedos, arquitecto de la UC a cargo de la investigación de los cités y experto en rehabilitación patrimonial.

Intentos

En la Municipalidad de Santiago cuentan que después del 27/F, este inmueble no pudo acogerse a subsidios de reconstrucción, por dificultad. “Este sólo se otorga a los propietarios y no a los edificios. Y como es un problema identificar a los dueños originales y organizar a los vecinos, en este caso era difícil”, expresa un especialista de la Unidad de Viviendas de la Municipalidad de Santiago.

Tal vez todo se solucionaría declarando al edificio Monumento Nacional. Ezio Mosciatti, integrante del Comité de Patrimonio del Colegio de Arquitectos de Chile, asegura que sería la garantía de que no se demoliera en forma arbitraria. Sin embargo, Seisdedos señala que “desincentivaría cualquier tipo de proyectos que quieran ejecutar los vecinos”.

El cité Las Palmas tuvo suerte de ser remozado en 2003, cuando se pintaron sus fachadas gracias a los $ 89 millones que allegó la Junta de Andalucía y la cooperación de la Corporación para el Desarrollo de Santiago (Cordesan), encargada de mejor la calidad de vida de los vecinos de la comuna de Santiago. Sin embargo, el tiempo hizo lo suyo y las paredes lucen nuevamente descascaradas.

“Actualmente hay daños estructurales sin riesgo de derrumbe, pero ante un sismo fuerte el cité se puede venir abajo. Tenemos que abordarlo con urgencia”, asegura la funcionaria del municipio de Santiago. Para Seisdedos, la gracia de recuperar este tipo de inmuebles radica en la forma de vida que se da en su interior. “Retoma lo colectivo, la vida de barrio”, apunta.

Fuente: La Tercera