El desafío es codificar toda la experiencia del 27/F para transformarla en una gran norma

31 mayo, 2016

Y la idea es hacerlo en un plazo razonable, añaden en el Instituto de la Construcción. Destacan que luego del terremoto del 2010, han sido muchas las normas que se han actualizado, mientras que otras están en proceso de revisión y actualización.

Edificio Onemi_Teodoro Fernández_parq_702
Edificio Onemi, de Teodoro Fernández, en Plataforma Arquitectura.

Codificar la experiencia obtenida -especialmente, luego del terremoto de 2010- para transformarla en una norma. Ese es el principal reto que tienen todos los actores que participan en la industria de la construcción en nuestro país.

Así lo estima Fernando Yáñez, director del Instituto de la Construcción (en representación de la Universidad de Chile). “Ese es el gran desafío: poder tener ese aprendizaje codificado en un plazo razonable. Es un proceso muy largo, que de acuerdo a la experiencia pasada puede significar de 10 a 15 años. Y en el intertanto puede venir otro terremoto”, enfatiza.

Agrega que, en el último terremoto, los edificios en Chile se comportaron “bastante bien, lo que fue una sorpresa para todos, especialmente para los extranjeros. Sin embargo, lo que a la ingeniería chilena le preocupa es que los edificios que tuvieron serios daños eran nuevos, de la década del 80, incluso del 90, año en que se produjo el boom de la construcción. Eso nos puso una señal de alarma”.

Desde el punto de vista de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), Ignacio Hernández, vicepresidente de la entidad, estima que el principal desafío normativo es “precisar mejor los estándares y resultados que deben cumplir los edificios sometidos al sismo según su magnitud, incorporar el concepto Diseño por Desempeño y desarrollar mejor la normativa para las soluciones de Aislación y Disipación”.

En tanto Yves Besançon, past president de AOA, destaca que los mayores desafíos están en los controles y la supervisión de las obras de construcción en el cumplimento de los proyectos y sus especificaciones. “Afortunadamente nuestro país cuenta con profesionales del más alto nivel tanto en el diseño como en la construcción de los proyectos. Esto está cada vez más controlado y existe gran conciencia de ello”, agrega.

Más allá de los desafíos que enfrenta un país como el nuestro -que es definido por los expertos como un verdadero laboratorio de terremotos- tanto las autoridades de gobierno como representantes del sector de la construcción han trabajado en conjunto para actualizar las normas, de manera de mantenerlas actualizadas al más alto estándar.
“Esto ha permitido a la mayoría de las estructuras construidas resistir grandes terremotos”, aclara Eduardo Contreras, director del Instituto de la Construcción (en representación del Colegio de Ingenieros).

Normas actualizadas

El experto destaca que luego del terremoto de 2010 se comenzó el trabajo de actualización de dos normas muy importantes para las edificaciones, la NCh 433 “Diseño Sísmico de Edificios” y la NCh 430 “Hormigón Armado – Requisitos de Diseño y Cálculo”. “Esta actualización incluyó lo observado en el terremoto y generó nuevas disposiciones para el cálculo estructural de edificios”, agrega.

Adicionalmente, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo encargó al Instituto de la Construcción la generación de 7 nuevas normas, que abordaban temas relacionados con la construcción y su resiliencia frente a terremotos y tsunamis.

“También se le solicitó evaluar la posibilidad de generar una nueva norma que regulase un importante factor de la mayoría de las normas relacionadas a diseño sísmico, el Espectro de Pseudo-Aceleraciones, en la que actualmente está trabajando un grupo de connotados ingenieros”, señala Eduardo Contreras.

Adicionalmente, se está trabajando en la Norma NCh 2369, “Diseño Sísmico de Estructuras e Instalaciones Industriales” y se espera, durante el 2016, tener un borrador de modificación de esta normativa. En este comité se decidió estudiar el desarrollo de una norma para el diseño sísmico de obras portuarias, que prontamente iniciará su trabajo en el Instituto de la Construcción.

“Otro punto importante relacionado con el diseño sismorresistente son los sistemas de aislación y disipación de energía, que son utilizados para disminuir los efectos de un terremoto en las estructuras. Es por ello que también se solicitó al Instituto de la Construcción un reestudio de la norma de diseño de estos elementos, contando hoy con una actualización que considera los avances y estudios que se han realizado con respecto a estos elementos”, concluye Eduardo Contreras.

Por su parte, Fernando Yáñez sostiene que el año 2015 fue muy bueno en términos normativos y para la labor desarrollada desde el Instituto de la Construcción, puesto que el Instituto Nacional de Normalización (INN) aprobó catorce normas en el marco del proyecto Innova 27F, desarrollado junto con el Minvu.

De ellas, ocho anteproyectos se elaboraron en el Instituto de la Construcción, con el trabajo de diversos especialistas.

La lista de normas aprobadas es: NCh 3357 “Diseño sísmico de componentes y sistemas no estructurales”, ex NTM 1; NCh 3359 “Requisitos para edificaciones estratégicas y de servicio comunitario”, ex NTM 3; NCh 3362 “Requisitos mínimos de diseño, instalación y operación para ascensores electromecánicos frente a sismos”, ex NTM 6; NCh 3363 “Diseño Estructural – Edificaciones en áreas de riesgo de inundación por tsunami o seiche”, ex NTM 7; Actualización NCh 2745 “Análisis y Diseño Sísmico de Edificios con Aislación Sísmica”; Actualización NCh 1508 “Estudio de Mecánica de Suelos”, hoy vigente como NCh 1508/2014; NCh 3365:2015 Requisitos para equipos de transporte vertical: Ascensores y Montacargas inclinados o funiculares, y Norma NCh 3364:2014 “Geotecnia – Ensayo de Penetración Estándar”.

“De haber estado disponibles antes, las NCh 3357, 3359, 3362 y 3363 se habrían utilizado para la reconstrucción que siguió al 27F. Pese a ello, hay satisfacción porque ahora se espera que estos documentos técnicos gestados en el IC, en algún momento cercano, sean parte de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones”, concluye Fernando Yáñez.

Revisa la nota publicada en El Mercurio.