Diseño estructural chileno se orienta hacia daños cada vez más controlados y leves

27 octubre, 2015

Señalan los expertos que Chile ha logrado que sus edificios sean más seguros para sus habitantes. Ahora se debe avanzar, afirman, en lograr daños no estructurales cada vez menores, utilizando sistemas de disipación o aislación.

Santiago1
Los avances normativos han permitido un buen desempeño de las estructuras ante eventos naturales, como terremotos

Rubén Boroschek, miembro de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE), afirma que “se han realizado grandes avances en el tema normativo y ya estamos viendo su resultado positivo. Un ejemplo es el bajo nivel de daño en edificios de mediana altura, gracias a los nuevos requisitos normativos que aumentan los espesores de muros y que estiman de mejor manera los efectos que un terremoto tendrá en una edificación”.

A su vez, indica, “la incorporación de normas de protección de los componentes arquitectónicos, mecánicos, de climatización y ascensores, entre otros, aprobada en el primer semestre de este año, tendrá un impacto radical disminuyendo las pérdidas económicas y las paralizaciones en nuestras industrias y comercios”.

Pero indica Rubén Boroschek que aún falta camino por recorrer.

“Creo que lo que se está haciendo cada vez más patente es la falta de información de calidad para reaccionar ante un evento sísmico y poder realizar una recuperación racional, rápida y sustentable. La tecnología hoy permite no solo saber la magnitud de un evento sísmico y su ubicación, sino que es posible saber qué áreas de la población pueden estar más afectadas, qué puentes han sufrido daño, qué edificación requieren evacuación (y cuáles no), qué represas tuvieron daños, etc. No tenemos que evacuar todos los hospitales cada vez que ocurre un terremoto. Toda esta información para la respuesta y la recuperación es posible, basta con instrumentar nuestras ciudades, puentes, represas, hospitales y otras instalaciones críticas para que la tecnología en pocos minutos después del terremoto nos indique dónde dirigir los recursos y de qué manera utilizarlos más eficientemente. Acá no estamos hablando de planes millonarios, la tecnología ya es muy barata”.

¿Hacia dónde irán las tendencias?

Rubén Boroschek dice que “claramente vamos hacia el daño controlado y leve. La población ha observado que es posible el no daño. Sin embargo, pareciera ser como la ruleta rusa que algunas edificaciones tienen más daño que otros, que algunas industrias tuvieron paralizaciones y pérdidas económicas mayores. Esto va ir desapareciendo en la medida que exista conciencia de que un mejor desempeño es posible. Solo se requiere establecer claramente lo que desea el cliente, evaluar sus costos y efectos operacionales y tomar decisiones de tal manera que no sea suerte sino lo que se ha definido en la etapa de diseño”.

Por su parte, Fernando Guarello, arquitecto y ex director de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), opina que después del 2010 se ha avanzado bastante. “Con la modificación en la normativa sísmica, se aumentó los coeficientes de aceleración de suelos de manera de cumplir un espectro más amplio de resistencia. Los edificios son más robustos, aun cuando los que se elevaron previo a esta norma también son de muy buena calidad”.

Afirma que “los próximos cambios deberían orientarse a que la norma sismorresistente pudiese, dentro del cálculo, compensar la descarga de energía con disipadores sísmicos, especialmente en edificios con diseños más esbeltos, delgados o livianos”.

Dice que “esto se refiere a que un edificio que está diseñado para estar apoyado en el suelo con ciertas características, pueda afirmarse sobre aisladores sísmicos que funcionan como amortiguadores; así podrían elevarse construcciones más esbeltas o livianas, porque la energía que viene del suelo, en un terremoto, se disiparía en los aisladores. Eso está en desarrollo aún”.

Buenos resultados

¿Qué sucede en el campo de las construcciones públicas?

Carlos Javier Méndez Torrico, ingeniero de la Dirección de Arquitectura, del Ministerio de Obras Públicas, señala que en lo referente a la edificación pública en general no se han producido daños de grandes proporciones en las estructuras de hormigón armado, considerando que el terremoto del 27 de febrero fue de 8.8 y los del norte, de Iquique en abril de 2014 y el reciente de septiembre de 2015 en Coquimbo, fueron de 8.1 y 8.4, respectivamente. Este buen comportamiento sísmico en general nos hace pensar que el diseño estructural que exige nuestra norma de diseño sísmico de edificios, la Nch. 433 (cuya última actualización previo al terremoto del 27/F fue del año 1996, y que exige que los edificios no colapsen, garantizando la vida de las personas cuando ocurre un sismo severo), es seriamente considerada por nuestros ingenieros calculistas.

Sin embargo, señala, “es importante mencionar que aún quedan aspectos importantes por abordar”.

Señala, por ejemplo, que muchas escuelas construidas con albañilería confinada sufrieron daños importantes, siendo irreparables principalmente las de mayor antigüedad. “Esto nos hace pensar que existe un stock de infraestructura crítica -me refiero a la pública- que debe ser revisada respecto de su cumplimiento normativo actual, especialmente en aquellas zonas donde estamos esperando los megaterremotos, como es el caso del norte, y que deben ser evaluadas desde el punto de vista de la prevención”.

En definitiva, señala, en el caso de Chile “se está subiendo el umbral de los estados límites del diseño sismorresistente, pensando ya no solo en salvaguardar vidas durante un terremoto severo, sino en lo que se llama la continuidad de operación del edificio, en relación a su función, sea privado, como puede ser un negocio, o público, como servicio a la comunidad. Me refiero, por ejemplo, al caso de los hospitales. Y en el ámbito público, en el caso de la Dirección de Arquitectura, me ha tocado proponer el uso de aislación sísmica en este tipo de construcciones. Un ejemplo de ello ha sido el edificio de la Policía de Investigaciones de Viña del Mar, en el cual acogieron esta iniciativa.

Ventajas Comparativas

Bernardo Echeverría, presidente del Instituto de la Construcción, afirma que los buenos resultados obtenidos por Chile en materia sísmica se deben a varias razones.

“La primera es una elección por la formalidad. Chile, en comparación con otros países, tiene hoy poca construcción informal. El grueso de la construcción, aunque no toda, es formal y eso pesa, porque esta debe cumplir con los requerimientos normativos existentes”.

En segundo término, dice, “contamos con un gran profesionalismo. Tenemos un conjunto de diseñadores de estructuras de nivel mundial. Esta es una comunidad pequeña, con una preocupación permanente por la calidad de las estructuras”.

A su vez, sostiene, “ha sido de gran importancia el contar con el Estado de Chile, que ha sido capaz de aprender y mejorar su respuesta ante cada una de estas demandas, que nos impone periódicamente nuestro siempre cambiante territorio”.

Lee la nota completa en El Mercurio.