Discurso del presidente AOA, Osvaldo Fuenzalida, en la apertura de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo 2015

29 abril, 2015

Pensar juntos “El país que somos” precede a “el país que queremos”. Somos una realidad concreta en la cual nos sostenemos para, desde ella, pensar nuestro futuro.

Hoy 9 de cada 10 chilenos viven en ciudades. Por ello, y sin despreocuparnos del territorio, asumimos que cuando hablamos del país en que vivimos pensamos necesariamente en nuestras ciudades. No es sorprendente por tanto que la ciudad, su arquitectura, su desarrollo, su transporte, sus espacios públicos se hayan transformado en tema de preocupación ciudadana. Nuestra realidad es que somos una sociedad creciente y masivamente urbana.

Asumido lo anterior constatamos que vivimos en un entorno natural agresivo. Somos uno de los países más sísmicos del mundo: la escasa distancia cordillera-mar hace de nuestros ríos torrentes muchas veces incontrolables, tenemos volcanes cercanos, etc.

Vivir en este territorio requiere entonces una más atenta y delicada planificación.

El 65% las ciudades de Chile tienen planos reguladores con áreas de restricción a construcciones, indicaciones de zonificaciones por actividad, alturas permitidas definidas y densidades habitacionales particulares. Sin embargo, vemos que al igual que en tiempos de la colonia, en nuestros días diversas ciudades de norte a sur colapsan periódicamente.

Recientemente el país ha sido testigo de los devastadores efectos de las lluvias en muchas ciudades del norte de nuestro país. A estos desastres se suman los incendios en Valparaíso el año pasado y los tsunamis el 2010, que si bien se pueden achacar a fenómenos naturales y a eventos difíciles de prever, es claro que hay situaciones previsibles y gestiones que permitirían aminorar notablemente la gravedad de sus consecuencias.

Ambos casos comparten situaciones comunes a muchas de las ciudades de este país: en primer lugar, el uso de quebradas y cauces naturales con rellenos y vertederos tan clandestinos como ilegales. Segundo, la apropiación y uso de este tipo de terrenos siempre inadecuados para autoconstrucciones precarias sin permisos y ningún control; tercero, la escasa inversión en soluciones para el encauzamiento de cauces naturales y aguas lluvias en áreas urbanas, y finalmente, la mala fiscalización de construcciones ilegales -60% de los inmuebles en Chile- en la mayor parte de los casos sin estructuración o soluciones ignífugas adecuadas.

Si bien el 90% de los habitantes viven en pueblos y ciudades. Solo un 40% de sus viviendas cuentan con permisos y menos con recepción final de obras. Solo en Valparaíso hay, más de 40.000 viviendas informales sin permisos y menos títulos de dominio.

Es urgente que el Estado asuma la responsabilidad de ordenar el territorio no solo con una adecuada planificación y desarrollo de infraestructura que falta, sino además que por encima de la búsqueda de la aprobación inmediata y fácil de vecinos o pobladores haga valer su autoridad y haga cumplir el ordenamiento jurídico.

Junto a ello, deseamos asumir que el crecimiento, vegetativo de la población y económico del país, obliga a pensar en la densificación de nuestras ciudades en áreas consolidadas con equipamientos y servicios.

Las recientes políticas de congelamiento de permisos y mayores restricciones en los planos reguladores para áreas completas de grandes comunas son una restricción de parche que lleva a la ciudad a extenderse como mancha de aceite, empujando a las personas más vulnerables a instalarse muchas veces en terrenos inadecuados por falta de otras posibilidades.

Segregación v/s integración: el 2002, por cada diez permisos de edificación para casas, dos fueron para departamentos. El 2012 por cada 10 permisos para casas, seis fueron para departamentos. Esto refleja la tendencia del querer de los chilenos que buscan masivamente soluciones más funcionales, seguras y mejor conectadas.

La construcción en altura en áreas consolidadas y seguras geográficamente no tiene porqué empeorar la calidad de vida. Muy por el contrario, las más bellas ciudades europeas, con los mejores índices de calidad de vida, tienen 350 habitantes por hectárea contra los 90 de santiago y menor en capitales regionales. El fenómeno de jóvenes repoblando antiguos y centrales barrios es conocido e ilustra una clara preferencia de una sociedad cada vez más urbana.

Es esta sociedad la que pide ciudades mejor consolidadas con viviendas más cercanas a los servicios de educación, trabajo, comercio y esparcimiento. Las ciudades más concentradas son muchísimo más económicas al Estado y requieren menos soluciones de prevención para los desastres naturales, centrándose su desarrollo en suelos más seguros y de mejor calidad.

Estos temas y otros de especial preocupación gremial y ciudadana se abordarán en esta XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Chile que inauguramos hoy.

Como Asociación de Oficinas de Arquitectos, junto al Colegio y la Red de Escuelas de Arquitectura, queremos aportar a una sensibilización respecto a nuestro futuro urbano y el aporte que las oficinas de arquitectura están entregando y pueden continuar ofreciendo, siempre de la mano del mundo ciudadano.

Los principios que sustentan esta bienal nos pueden dar luces para compartir la perspectiva de que el país que queremos se construye con una mejor planificación conjunta que integre bajo una dirección tutelar los desafíos de transporte, habitación, áreas verdes, espacio público, equipamiento, recintos educacionales, comercio y servicios en ciudades en permanente transformación, desarrollo y crecimiento.