Conjunto Los Carpinteros: Abierto hacia la calle

15 junio, 2015

Con la intención de crear un espacio urbano, de arquitectura funcional y a una escala apropiada al barrio, el conjunto Los Carpinteros, en la comuna de Las Condes, ha logrado cautivar por décadas a familias que buscan calidad de vida. Obra de la oficina Flaño, Núñez, Tuca, y levantada en 1974, se mantiene más vigente que nunca por su materialidad, diseño y por el modo de privilegiar los espacios públicos.

Los Carpinteros

Parecen departamentos, pero son casas; la gente piensa que es un condominio, sin embargo sus arquitectos querían que fuera una obra que formara espacio urbano y tuviera relación directa con la calle. Conocido como Los Carpinteros, este conjunto de ladrillo fue diseñado por la oficina Flaño, Núñez, Tuca en 1974 y se conserva en excelentes condiciones porque, a pesar de los años y de los cambios en la ciudad, todos quienes viven ahí lo valoran, cuidan y respetan su arquitectura original.

Dividido en tres cuerpos, un grupo de casas se levanta sobre la calle Charles Hamilton, otro a lo largo de Los Carpinteros y el último en una callecita perpendicular, Los Perales, formando así una planta triangular que deja en el centro un patio común que desde un principio se convirtió en el alma del conjunto.

La inspiración del diseño fue tomada de las antiguas construcciones de fachada continua de Santiago Poniente, las famosas “casas de alto” con las que se lograba alta densidad en baja altura. “Queríamos hacer algo que tuviera condiciones que después no se han vuelto a tocar: reclamábamos contra la ciudad jardín, porque estaba bajando la densidad habitacional y eso significaba una expansión gigantesca, y queríamos que la vivienda siguiera siendo la configuradora del espacio urbano, pero con una arquitectura más actual”, cuenta Max Núñez, quien formó esta oficina con sus amigos y compañeros de la Universidad Católica, Hernán Flaño y José Tuca, hace 46 años.

Reconoce que esta fue la primera gran obra que hicieron juntos, y por ella y todo el trabajo que han seguido realizando recibieron este año de la AOA el premio a la trayectoria. Y se enorgullecen en especial de este conjunto porque siempre ha sido muy valorado por sus pares, es visita obligada de estudiantes de Arquitectura y luego son esos profesionales los que más han elegido vivir ahí.

Su singularidad está en la distribución interior, ya que un mismo volumen contiene dos viviendas, una en el primer piso y la mitad posterior del segundo; y la otra que se posa usando la mitad delantera y todo el tercer piso. Así, cada una tiene su acceso propio que da directamente hacia la calle, unos a nivel de la vereda y otros a través de una escalera.

Con este módulo fueron armando grupos de casas pareadas que juegan con la línea de los frentes y la disposición de las puertas de entrada, todo hecho en base a una estructura de ladrillo armado, con terminación de ladrillo a la vista por fuera y muros estucados por dentro. Eligieron madera en ventanas y puertas, pisos de cerámica de Batuco y parqué, baldosas con diseño para las escaleras exteriores y patios de las casas superiores. Esta materialidad se cuida y conserva, así como el carácter del gran jardín adonde mira la parte de atrás de todas las casas y que es el centro de reunión de los niños.

-Siempre ha habido familias con niños chicos, es como el target del conjunto. Y es ideal porque ellos lo pasan increíble; en la tarde el jardín se llena y cuando están de vacaciones, no hay que preocuparse de hacerles panorama. Se vive con puertas abiertas para que ellos entren y salgan -cuenta María Jesús Fernández, arquitecta que llegó a vivir acá recién casada, hace 12 años, hoy con tres hijas.

Como ella, todos dan prioridad a la vida de barrio y la capacidad de hacer amigos que sus hijos tienen en Los Carpinteros, por sobre el tamaño de las casas. Bajo el parámetro de los DFL2 -menos de 140 m² de superficie útil-, sus espacios están muy bien aprovechados y bien distribuidos, pero no son grandes.

-La casa te obliga a salir, a que los niños jueguen afuera y uno conozca a sus vecinos -dice Susan Abumohor, quien con su marido, Roberto Urzúa, ambos arquitectos, eligieron hace ocho años este lugar por la calidad de su diseño y porque querían una plaza cerca. Sus dos hijas, como la mayoría de los niños del sector, van al mismo jardín de la esquina y “todos se vuelven juntos de la mano”.

Cuando Susan y María Jesús llegaron, la calle Los Perales estaba abierta, sin embargo, con el tiempo el tráfico de los alrededores creció mucho y así también los autos que entraban por ahí para acortar camino, por lo que terminaron cerrando ambos extremos y así el jardín común quedó más protegido para seguridad de los niños.

Es tan valorado este espacio como la arquitectura de las casas, y Max Núñez reconoce que de vez en cuando los propietarios los llaman para pedirles su opinión acerca de arreglos. Las casas se han ampliado -hacia los patios traseros-, algunos han cambiado la distribución interior, han modernizado sus baños y cocinas; y hasta han unido las casas de arriba y abajo para hacerlas una sola. Por fuera, el espíritu de las fachadas sigue intacto, el ladrillo limpio y los jardines privados muy bien cuidados y acordes al estilo simple y funcional de este peculiar conjunto, que después de cuatro décadas se ha convertido en un lugar de culto, al que se llega por dato y que en cuanto alguien se va recibe rápidamente a una nueva familia.

-Los que buscan un lugar sin ruidos, sin niños o a quienes no les gusta salir a la calle, este no es su lugar. Acá todos nos conocemos y nos cuidamos, y hay gran calidad de vida -dicen los vecinos.
Recuadro :
Acceso individual e independiente tiene cada casa hacia la calle, así tienen número propio y no letra.

Con tres pisos totales, el conjunto logra densidad en baja altura.

Lee la nota publicada en Revista VD.