Columna de opinión – Santiago, ¿Pedaleable y caminable?

12 junio, 2015

Por Yves Besançon, past president de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA). 

 

Sidney, Auckland, París, Berlín, Bilbao y Milán son buenos ejemplos de ciudades en las que se ha privilegiado la peatonalidad para sus habitantes y, por ende, el buen y eficiente uso de la bicicleta y el transporte público. En efecto, este elemento ha tomado un perfil vital para las ciudades de todo el mundo.

De acuerdo a un artículo publicado por el blog especializado Plataforma Arquitectura, la última Encuesta Origen Destino del Ministerio de Transportes concluyó que más de un tercio de los 18,4 millones de viajes diarios que se realizan en la Región Metropolitana corresponden a caminatas.

A pesar de la elocuencia de este número, a Santiago le queda un buen trecho por recorrer para instalarse en el sitial de amabilidad para los peatones. Así lo establece la especialista de desarrollo urbano del sitio de investigación The City Fix, Lara Caccia, quien define el atributo de la transitabilidad como “la forma segura, conveniente y eficiente que es caminar en un entorno urbano”.

Lo anterior se logra construyendo espacios públicos apropiados, sistemas de veredas y parques que conecten la ciudad en forma adecuada y segura para lograr urbes peatonalmente atractivas. A pesar de su tamaño y volumen de tránsitos, Santiago aún no dispone de la infraestructura que merece para desincentivar el uso del automóvil y sus señales no son las adecuadas. Los desafíos son múltiples.

Hoy, por ejemplo, la construcción de ciclovías parece ser más bien un asunto de marketing electoral que una decisión articulada para entregar buenas soluciones para el uso seguro y fluido de la bicicleta en una ciudad tan extensa como Santiago. Los sistemas diferentes de arriendo de bicicletas entre comunas sin integración alguna confirman, precisamente, la ausencia de una política común que fomente un uso conectado.

Por otro lado, la discutida liberación del pago de los estacionamientos a las primeras dos horas y otras medidas como prohibir la construcción de comercios de más de mil metros cuadrados en el interior del radio urbano, van en el sentido contrario de la densificación sustentable y la cercanía para el usuario de los servicios que requiere y a los que quiere llegar caminando o en bicicleta.

¿Quién iría en bicicleta o a pie a comprar en las afueras de Santiago? ¿Qué motivo tendrán los ciudadanos para no usar el automóvil o qué razones los harán pensar en no tener uno? Las leyes en trámite apuntan a una dirección contraria a respuestas favorables.

A lo anterior, se suma la inseguridad que genera la falta de un uso mixto en los edificios, factor primordial del diseño urbanoque garantiza la seguridad necesaria para que el peatón camine confiado. Los edificios mixtos -en los que se ubica el comercio de barrio en su base con oficinas y departamentos en sus pisos superiores- permiten un permanente movimiento de personas que reduce las condiciones favorables a la delincuencia. No se necesita policía en todos lados; los ciudadanos bastan para mantener un equilibrio de seguridad y tranquilidad en su entorno, la que debe ser complementada conuna reducción de la velocidad del automóvil y el transporte público.

Espacios públicos de calidad con buenas ciclovías, segregadas del peatón y del automóvil, bien hechas y de acuerdo a estándares internacionales son, sin duda, el paso siguiente que debemos dar en Santiago y otras ciudades del país.

El parque Bicentenario de Vitacura, la Quinta Normal y el Parque Forestal son buenos ejemplos de espacios públicos de calidad y que los santiaguinos utilizan masivamente.

La ciudad entera podría ser así, con infraestructura pública bien hecha, áreas verdes bien proyectadas, transporte público intermodal, limpio y bueno, iluminación como corresponde y aseo eficiente.

Este sueño no será posible sin el nombramiento de una autoridad única a la cabeza de la ciudad que pueda coordinar los proyectos y la planificación urbana en forma vertical, con poder sobre los alcaldes y velando por el bien común y no por el de un municipio tal o cual.

Una ciudad como Santiago merece que nos preocupemos de hacerla más segura, con una mejor calidad de vida para así poderla caminar confiados y tranquilos.

Revisa el artículo publicado en Cooperativa.