Columna de Opinión – Elegir departamento: del sueño a la práctica

21 octubre, 2015

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Por Ignacio Hernández Masses, Director de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA).

Ignacio Hernández en 326Vivir en departamento como opción de primera vivienda tiene implícito el concepto de “habitar en ciudad”: ser urbano y gregario. El diseño del edificio, de las diferentes tipologías de departamentos y el equipamiento comunitario o facilities del conjunto, tienen que basarse en el reconocimiento de esta realidad y ser sensible a los cambios que cada proyecto demanda según su publico objetivo, el cual evoluciona permanentemente en el tiempo.

Hoy, el sueño colectivo de la casa propia y para toda la vida está mutando hacia definiciones más pragmáticas. Según un estudio realizado en conjunto por GfK Adimark y Portalinmobiliario.com -y presentado en el 8° Seminario de Actualidad Inmobiliaria realizado en agosto pasado-, un 22% de los usuarios del sitio busca opciones para adquirir inmuebles como una vía de inversión, mientras que el comportamiento de arriendo aumentó significativamente de un 15% a un 20% en los últimos años.

Estas nuevas tendencias, definidas por una mayor movilidad y el dictamen de la plusvalía y la evolución de los barrios, está reestructurando la elección de las propiedades. En efecto, la preferencia de departamentos va en progresivo aumento y responde a una decisión que se sostiene, al menos, en tres factores clave.

La conectividad es uno de ellos. El acceso a transporte público y vialidad de calidad, así como proximidad al trabajo, a los centros comerciales, educacionales, de salud y esparcimiento son criterios primarios en una toma de decisiones que parte de un “elijo dónde quiero vivir”, pensado desde un “cómo quiero vivir”. Opciones tan diversas como departamentos en suburbios con vistas a cerros y clubes de campo, como en La Dehesa y Peñalolén, conjuntos residenciales cercanos a estaciones de metro y polos comerciales, como en Providencia y Ñuñoa, o frente a sitios emblemáticos, como el Parque Forestal en Santiago Centro, son algunos ejemplos de este cambio.

En ese contexto, la demanda crece con mayor rapidez que la oferta estructural, por lo que su satisfacción requiere inevitablemente de un decidido proceso de densificación. Los proyectos de vivienda de altura responden a la necesidad de la compactación de las ciudades, fenómeno inherente al desarrollo que incide positivamente en la eficiencia de inversión y operación en sistemas de transporte e infraestructura urbana para el desplazamiento y recreación (ciclovías, plazas y parques) y en el acceso expedito a bienes y servicios. Todo esto redunda en un acceso equitativo a las oportunidades que favorecen la calidad de vida de sus habitantes y refundan la ciudad en un espacio de amabilidad e inclusión social.

La atención al diseño de los departamentos es un segundo criterio en la decisión de compra. La flexibilidad en el uso de los espacios, su integración y la consecuente reducción de superficie y programa son hoy características primarias en la selección de las opciones; con progresiva frecuencia, la unificación de las unidades espaciales (salón, comedor y cocina) no es solo posible, sino que también deseable. ¿Qué sentido tiene cocinar entre cuatro paredes, cenar en un pequeño comedor y descansar en un salón estrecho? La tecnología y el diseño de los artefactos y equipamiento de cocina han permitido converger las actividades domésticas en un solo espacio, articulando un uso y vivencia multifuncional de la vivienda.

La arquitectura y el interiorismo han evolucionado para nutrir este concepto, desarrollando soluciones con una amplia variedad de acabados, diseños y calidades que propician la armonía e integración de estos espacios. Lo mismo ocurre con el avance tecnológico de artefactos y electrodomésticos, diseñados con materiales y conceptos que permiten combinar la funcionalidad con la estética.

Finalmente, el tercer elemento a considerar es la calidad del equipamiento del proyecto habitacional. La consigna es “de lo bueno, poco”: según el tamaño del proyecto, su ubicación y el perfil del comprador, la respuesta programática y arquitectónica varía con una propuesta de servicios comunes específica para cada caso. Gimnasio, piscina, sala mutiusos, bicicletero, lavandería, baños y camarines para trabajadores de conserjería y mantención son parte de estrategias que buscan instalar ventajas comparativas y atractivos publicitarios, pero que también impactan en el costo de gastos comunes y en la selección del perfil real del habitante, sopesando la balanza del consumidor.

Todas estas consideraciones complejizan y alimentan la toma de una decisión que, desde la idílica sensación del sueño cumplido, pasan a satisfacer una nueva noción social: la vivienda para cada etapa de la vida.