Columna de opinión – Campamentos mineros, una cuestión de vida

12 junio, 2015

Por Ignacio Hernández, director de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA). 

Los asentamientos mineros han jugado un rol trascendental como sustento del capital humano que lleva a cabo todas las tareas de un sector productivo clave para el país. Su evolución, -desde poblados o villas a hoteles o campamentos mineros, ha estado condicionada tanto por el desarrollo constructivo y tecnológico -en respuesta a las complejas condiciones territoriales en que operan- como también a las transformaciones de estándar y exigencias laborales de la industria.

Hoy, sin embargo, el desafío es aún mayor pues se suman nuevos parámetros relacionadas a un incremento del bienestar de los trabajadores, especialmente en los contextos de condiciones geográficas y climáticas adversas y de aislación. En efecto, los principales cambios que han experimentado los campamentos mineros tienen relación con la incorporación del valor del diseño urbanístico, arquitectónico y de interiorismo.

La gran penetración del sistema modular y la constante innovación de sus características constructivas han posibilitado la incorporación de nuevas variables y criterios directos e indirectos. El énfasis ha estado dado tanto por el ordenamiento urbano y el tratamiento del espacio público exterior e intermedio como también en la búsqueda de diversidad de programas y actividades que respondan a los intereses y necesidades de descanso, ocio y socialización de los trabajadores. Es a través de la creación de estos espacios de uso flexible, capaces de constituir un espacio gregario y de encuentro para sus habitantes, que se compensa el desarraigo que sufren en la vida “fuera de la ciudad” y alejados de sus círculos afectivos.

Todos estos cambios hablan del posicionamiento de una visión global sustentada en el concepto de calidad de vida como eje de diseño integral de estas verdaderas ciudades, comprendiéndolo no solo bajo una condicionante física sino que también como una relación intrínseca entre la salud física, estado psicológico y las relaciones sociales y laborales del trabajador. El campo profesional de arquitectos y urbanistas en estos casos ya no se reduce únicamente a la identificación y resolución de las características constructivo-tecnológicas, sino que también en el reconocimiento de necesidades relacionadas a la definición de los estándares y características espaciales de los mismos asentamientos y sus soluciones.

Históricamente, la primera respuesta de las compañías mineras ante la demanda de mejoras exigidas por los trabajadores ha tendido a ser de carácter económica (salariales, derechos y bonos). Esta nueva dimensión contribuye de manera integral a responder estos petitorios y se presenta como una incidencia directa en la producción y la fidelización del trabajador, sorteando las causas de movilidad en la industria en una fórmula de proyección a largo plazo.

Revisa el artículo publicado en Portal Minero.