Chile expone sus desafíos pendientes en política urbana en la cumbre ONU de Quito

17 octubre, 2016

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Quito ha roto su tradicional calma serrana, que casi no conoce la vida nocturna ni las grandes aglomeraciones de personas, para acoger el mayor evento de urbanismo mundial: el Hábitat III, que organiza Naciones Unidas cada 20 años, y que comienza hoy.

Los accesos al centro histórico de la capital ecuatoriana, reconocido como patrimonio de la humanidad, están cercados por el norte (lo que ha generado extensos focos de congestión) para habilitar en el parque El Egido una especie de ciudadela donde se congregarán 45 mil personas entre ministros, alcaldes, arquitectos, urbanistas, periodistas y otros, para fijar metas que tiendan a mejorar la calidad de vida de los habitantes de las ciudades.

En esa pequeña ciudad con visitantes de todo el mundo, Chile tendrá un stand que muestra algunas innovaciones nacionales como el plan de eficiencia energética, la política habitacional chilena y los 14 planes de descontaminación que se implementan en el centro y sur del país.

La estrategia de la ONU Hábitat partió en 1975 en Vancouver, cuando se fijaron las primeras directrices y continuó en 1996 en Estambul. En esa conferencia el lema fue “vivienda adecuada para todos”. En la reunión se establecieron metas para reducir los campamentos y para fijar propuestas para proteger el medio ambiente, fomentar normas de eficiencia energética y comenzar la preparación para el cambio climático.

Dos décadas más tarde, los tres temas persisten en Chile como un desafío, pero con grados de avance, según lo establece el Informe Nacional Hábitat III, desarrollado por el Gobierno, para mostrar los grados de cumplimiento del país.

En campamentos, el análisis establece que hacia 1996 se contaban 445.943 personas viviendo precariamente en campamentos. Una década después la cifra se redujo a 92.291 y en 2011, el último catastro oficial, enumera 83.863 habitantes de asentamientos informales.

¿Por qué persisten? La ministra de Vivienda y Urbanismo, Paulina Saball señala que los campamentos son un problema que hay que atender en relación a su origen.

“Fueron un tema verdaderamente relevante cuando surgió el programa Chile Barrios en términos de magnitud, de una forma de ocupación del territorio y de vida. Hoy no son un problema nacional, porque hemos ido diversificando la política de acceso a la vivienda, pero lo que no podemos dejar de reconocer es que hay eventos y situaciones que provocan fuertes desajustes entre las políticas existentes y la demanda habitacional que vuelven a hacer crecer los campamentos”, dice la secretaria de Estado en relación con fenómenos como la migración asociada al auge minero, los terremotos y los altos precios de suelo en el norte, que generan tomas en los bordes de las ciudades.

Para resolver el problema, Saball dice que se trabaja en planes como la generación de más suelo en el norte mediante el traspaso de predios fiscales para construir ahí viviendas para atender la demanda habitacional.

Segregación

Otra deuda chilena son los altos niveles de segregación de la que dan cuenta diversos análisis. En un reciente informe, la OCDE situó a Chile entre los países con mayores niveles de desigualdad urbana, que se expresa en disímiles accesos a espacios públicos como áreas verdes, servicios, transportes y oportunidades de empleo.

Para este problema, el informe detalla que se trabaja en la definición de estándares urbanos mínimos. Con ello, todas las comunas deberán cumplir garantías básicas para sus habitantes como metros cuadrados de áreas verdes, cercanía a equipamientos, transporte, entre otros. Ello hará exigible a todas las intervenciones que se realicen en una comuna que se cumpla el estándar.

Alta contaminación y los problemas del Transantiago

El informe también expone que el 87% de la población nacional, concentrada en la zona centro sur del país, está expuesta a altos niveles de contaminación del aire. En ciudades como Santiago, Temuco, Valdivia, Osorno y Coyhaique todos los inviernos el país incumple en la norma mínima de aire respirable por el alto nivel de material particulado fino generado principalmente por la combustión a leña, y por fuentes industriales y móviles en el caso de la capital.

En este tema, el informe destaca la generación de 14 planes de descontaminación que apuntan a cumplir la norma en 10 años (con distintos plazos).

Asimismo, el balance destaca mejoras en movilidad aunque con críticas al transporte público capitalino. “Si bien Transantiago ha significado un importante mejoramiento con respecto a la situación anterior -aún no logra los niveles de funcionamiento óptimos-, se espera que una vez que sea mejorado el sistema alimentador troncal conformado por los buses el sistema integrado metro-bus sea capaz de otorgar un servicio de alta calidad al usuario e inhiba el uso excesivo del automóvil para los desplazamientos cotidianos”, se señala.

Lee la nota original de El Mercurio AQUÍ