Cajas de música: documental muestra la experiencia sonora en iglesias de Chiloé

27 diciembre, 2012

Ocho croquis con cortes transversales de las iglesias chilotas de Vilupulli, Ichuac, Tenaún, Colo, Dalcahue, Achao y Chonchi -además de la catedral de Castro, la única no construida por jesuitas sino por franciscanos- muestran un singular “registro sonoro”. No se trata de cantos grabados, sino de una interpretación poética acerca del movimiento que describe el sonido dentro de las naves de estos ocho templos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Son croquis realizados en terreno, y en breves minutos, por el vicedecano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo, Óscar Mackenney, como parte fundamental del proyecto llamado “Registro sonoro. Música y agua”, que esa universidad realizó en puntos del archipiélago junto al Coro Jubilate Deo, que dirige Andrés Castro Fones.

“Dimos conciertos corales con este conjunto de 42 voces, apoyado por la pianista Virna Osses. Cantar allí fue una experiencia impresionante, porque significó volver a entrar a San Ignacio a las iglesias que la Compañía de Jesús construyó hace muchísimos años”, dice Castro. En cada concierto, el coro ingresó a los templos cantando una pieza del oratorio ‘Largo viaje de peregrino’, que Castro dedicó a Ignacio de Loyola. Luego interpretó arreglos corales para temas folclóricos chilenos, y cerró cada programa con el Ave Verum Corpus y Regina Coeli , de Mozart.

“En torno a esa experiencia, que es evidentemente musical, quisimos complementar el registro sonoro desde fuera y desde distintas miradas”, señala Mackenney. “Por eso el equipo que fue a Chiloé no sólo incluyó cantantes y músicos. También viajaron relatores, fotógrafos, arquitectos, dibujantes y cineastas que hicieron un verdadero levantamiento en torno a los conciertos del coro”, agrega.

Hoy, en el Aula Magna de la Universidad del Desarrollo (Las Condes 12.438, 20:00 horas), se estrenará el documental “Música y agua”, de Diego Ayala y Sebastián Roblero, y que muestra las dimensiones del proyecto, “en tiempos reales, en las condiciones en que se realizaron, con los errores que ocurrieron y con el sonido tal cual se obtuvo en las iglesias. Nos dimos cuenta de que estos lugares son verdaderas cajas de música. Y todas suenan de formas distintas”, concluye Mackenney.

Fuente: El Mercurio