Arquitectura y urbanismo en campamentos mineros

12 agosto, 2015

En la actualidad y considerando que la minería en Chile continúa un fuerte proceso de crecimiento, se ha intentado profesionalizar la expansión de la población que se mueve en torno a ella.

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Históricamente los campamentos mineros se han asentado y expandido de forma espontánea y funcional a los requerimientos de las faenas y su devenir.

En Chile son numerosos los ejemplos de desarrollo a partir la actividad extractiva, con ciudades mineras caracterizadas por una población concentrada, estable y cautiva, cuya explosión se dio principalmente desde mediados del siglo XIX.

Una economía globalizada y demandante, con necesidades económicas y productivas que corren más rápido que el desarrollo de los asentamientos, repercuten en la planificación, arquitectura y urbanización. “Históricamente las poblaciones o ‘ciudades mineras’ se fueron estableciendo y multiplicando a tal velocidad que no se consideró una perspectiva de planificación urbana por parte de las autoridades y los especialistas, sumándose de forma explosiva viviendas, trazado de calles y edificaciones en forma intuitiva y espontánea”, explica Yves Besançon, past president de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA).

“Al tener como razón de existir la actividad económica, se van organizando en la medida de hacer más eficiente la actividad productiva y no la conformación urbana propiamente tal”, añade.

Esto tuvo como consecuencia una disfuncionalidad entre los modos de vida y las identidades que se conformaron en estos asentamientos, versus las necesidades económicas y productivas. Algunas fueron reconvertidas, otras abandonadas: Lota, Sewell y las oficinas salitreras del norte de Chile son algunos ejemplos.

La antigua ciudad minera, donde el trabajador vivía con su familia, como Chuquicamata, ha sido sustituida por el campamento minero, donde solo habita quien forma parte del proyecto, mientras que el núcleo familiar vive en las ciudades. Esto es especialmente válido en faenas de altura y/o climas extremos.

Desarrollo de valor

Ignacio Hernández, director de AOA, destaca que “la evolución de poblados o villas a campamentos mineros se ha visto condicionada por un desarrollo constructivo y tecnológico en condiciones territoriales complejas, supeditadas a transformaciones de estándares y necesidades de la industria”.

En la actualidad y considerando que la minería en Chile continúa un fuerte proceso de crecimiento, se ha intentado profesionalizar la expansión de la población que se mueve en torno a ella.

“Hoy muchas oficinas de arquitectos están trabajando en una planificación arquitectónica, logística, de interiorismo y equipamiento, factores que permiten mejorar las condiciones ambientales de los campamentos mineros, elevando la calidad de vida, el confort, la habitabilidad y el bienestar de quienes laboran allí”, acota Hernández.

Así, se planifican desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico, profesionalizando las instalaciones con altos estándares que responden a necesidades diversas de toda la cadena de trabajadores. “A través de emplazamientos con construcciones prefabricadas y sistemas modulares que aportan flexibilidad y rapidez a los proyectos, pueden elevarse verdaderas urbes que se instalan de forma temporal y proveen las condiciones para que profesionales, técnicos y externos de la faena puedan trabajar con eficiencia y comodidad, además de cubrir otros requerimientos como transporte, entretención o salud”, sostiene Yves Besançon.

Casas de cambio, hoteles, bibliotecas, edificios industriales, pubs y otras instalaciones son algunos ejemplos de los avances que pueden encontrarse en campamentos como El Mauro, Pelambres, en la IV Región, y en Pabellón del Inca, Collahuasi, en la I Región; obras que no sólo consideran hacer más eficientes las labores, sino también mejorar la calidad de vida de quienes las realizan.

Con el nivel actual que ha alcanzado el desarrollo de la minería en Chile, el desafío que se plantea es mayor y se relaciona con la incorporación del valor del diseño urbanístico, arquitectónico y de interiorismo en los campamentos mineros en la última década. “Mejores condiciones ambientales, confort y más bienestar para el usuario son elementos que se han transformado en claves para resolver necesidades de habitabilidad, especialmente en aquellas zonas que por sus condiciones de aislación de centros urbanos o elevada altura hacen aún más complejo resolver esta problemática”, dice Ignacio Hernández.

Es así como el aporte que hace la arquitectura y el urbanismo no sólo se restringe a la identificación y resolución de las características constructivo-tecnológicas, sino también incluye la especialidad en la generación de cambios trascendentales en la definición de estándares y características de los asentamientos.

Lee la nota publicada en Revista Minería Chilena.