10 claves para entender la Bienal de Arquitectura de Venecia

24 junio, 2016

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La 15° Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia abrió sus puertas con una propuesta innovadora del chileno Alejandro Aravena, curador de la muestra. Su objetivo: hablar de la arquitectura marginal que lucha por mejorar la vidad de la gente con mínimos recursos. Una apuesta ambiciosa que tuvo sus puntos altos en la muestra central y encontró aliados en el pabellón español, ganador de uno de los premios más importantes, el de los Países Nórdicos, curado por el chileno David Basulto. El contenido general encontró contraste con la muestra argentina que se definió por las poéticas de los márgenes.

1 El tema

Ni bien asumió como director de la 15ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia, el chileno Alejandro Aravena se autoimpuso una misión que podría ser revolucionaria, sobre todo si se trata de darle una temática social a un acontecimiento más acostumbrado a hablar de forma que de fondo.

El objetivo que se planteó fue organizar una muestra sobre la lucha contra la pobreza, la desigualdad y el marginamiento. La llamó “Reportando desde el frente”, como si la arquitectura pudiera estar en guerra contra esas calamidades y enviara a Venecia su informe de situación.

Pues bien, la muestra curada por el joven arquitecto abrió sus puertas en la Ciudad de los Canales ¿Cumplió con las expectativas abiertas por el chileno? De alguna manera sí, y de muchas otras, no.

2 La muestra

La exhibición se extiende en una doble secuencia expositiva sin solución de continuidad que abarca el Pabellón Central en I Giardini, por un lado, y el histórico Arsenale, por el otro. Se presenta como un conjunto de instalaciones inconexas, carentes de un hilo narrativo de conjunto pero que alcanzan puntos muy altos con sobrados efectos especiales y recursos de gran creatividad.

La Biennale encierra un archipiélago de muestras que fueron concebidas por los equipos que formaron 88 participantes invitados especialmente por Aravena. El chileno se cuidó de que cada uno de ellos tuviera algo singular para ofrecer. En este colectivo de arquitectos se acreditan 37 nacionalidades diferentes, 50 de ellos expusieron por primera vez en esta edición de Venecia y 33 están por debajo de los 40 años.

Pero además de la muestra central, como en todas sus ediciones, la Biennale incluyó representaciones nacionales. Sesenta y tres distintos países participan este año con sus propuestas en los pabellones de I Giardini, en el Arsenale y en la histórica ciudad. Entre ellos está la muestra argentina curada por el arquitecto Atilio Pentimalli, que eligió exhibir un panorama de la producción nacional menos conocida.

3 La maestría de Aravena

Entrar por cualquiera de las dos puntas del recorrido que ofrece la muestra principal de Venecia nos enfrenta a la maestría de Aravena para decir mucho con poco. El chileno compuso ambos halles de entrada con los materiales que encontró en los edificios de la Bienal al hacerse cargo de la muestra internacional.

Miles de placas de roca de yeso cortadas en piezas pequeñas le sirvieron para componer el muro poroso que reviste las paredes. Una cantidad similar de perfiles de chapa galvanizada fue utilizada para realizar un enorme cielorraso.

Con este simple gesto, Aravena nos habla de sustentabilidad, reutilización y economía de recursos. Además, no por eso pierde la oportunidad de configurar estratégicamente el ambiente. En la entrada de la muestra en el Arsenale, el chileno “aplasta” intencionalmente el espacio con su cielorraso de velas de acero para poner en valor la gran altura que mantiene visible en el recinto contiguo.

4 Por qué ganó Solano Benítez

En los Giardini, la puesta en escena que el chileno realiza en el hall de entrada no hace más que darle relevancia al magistral arco calado que construyó su amigo Solano Benítez en el ambiente contiguo. La obra del arquitecto paraguayo ganó el León de Oro de la Bienal gracias a sus casi 10 metros de altura tejidos con costillas planas de ladrillo y cemento que se entretejen como si se tratara de una gigantesca bolsa de red dada vuelta.

Los jurados quedaron fascinados por la maestría de la construcción. Solano ha recurrido a estos arcos a compresión en muchas oportunidades pero es la primera vez que los hace lucir en Europa. Viendo el éxito que tuvo la propuesta del paraguayo, surge de inmediato la pregunta ¿Qué hubieran hecho los jurados de conocer la arquitectura del uruguayo Eladio Dieste? Una pregunta ociosa, Benítez los cautivó con lo suyo y fue suficiente.

5 Foster, en versión ladrillo

Las soluciones sencillas y a compresión parecen estar ganando nuevo espacio en las consideraciones europeas. No solo el arco de Benítez es testigo de este súbito interés, el mismo Norman Foster se despachó con una cáscara de ladrillo construida en los jardines del Arsenale como parte de su proyecto Droneports para África. Y los suizos de Block Research Group presentaron su bóveda en la muestra principal.

6 Furor por los materiales sencillos

La albañilería en sus formas más tradicionales y hoy olvidadas pareció revivir, pero en realidad, en esta edición de la Biennale fue la del redescubrimiento de los materiales sencillos, naturales o no tanto.

Por ejemplo, el colombiano Simón Vélez, famoso por el uso del bambú, asistió con su tesis y compartió instalación con el vietnamita Trong Nghia para mostrar todo el potencial del bambú, un material que logra mayores resistencias a la tracción que el tradicional acero.

El Priztker Wang Shu y Lu Wenyu, de Amateur Architecture Studio, por su lado, exhibieron obras en China en las que reutilizan los materiales de los edificios demolidos, como el Museo de Historia Ningbo y la Escuela Xiangshan. Acompañaron la muestra con cajas que exhiben materiales cortados y ensamblados a la manera de las maravillosas composiciones que los arquitectos utilizan en sus creaciones. Más extremos, los polacos Hugon Kowalksi y Marcin Szczelina mostraron cómo construir con basura a través de su experiencia en Mumbai.

7 La verdadera lucha

Una auténtica experiencia de expansión de los límites de la arquitectura en la frontera del bienestar común estuvo representada por la escuela flotante de Makoko, un prototipo diseñado para servir a la comunidad de los lagos de Nigeria. Aquella construcción navegante que existe hace ya dos años en África, fue reproducida en las dársenas del Arsenale y recibió su León de Plata.

8 España, sin terminar

Otro de los grandes ganadores de la edición fue la muestra nacional de España: Unfinished (sin terminar). La temática ibérica se enroscó en los grandes proyectos inconclusos por la crisis y en ejemplos que nacieron después de ella, haciendo un uso más racional de los recursos. Menear la soga en la casa del ahorcado, con simpatía y entereza, le sumó el León de Oro que se reservaba para las representaciones nacionales, superando a otras muy sobresalientes como las de Perú, los Países Nórdicos, Venezuela o Chile.

9 Paises Nórdicos en terapia

El chileno David Basulto, curador del pabellón de Países Nórdicos (Suecia, Noruega y Finlandia), trabajó con desparpajo el interior del edificio de Sverre Fehn, casi un templo de la tradición arquitectónica escandinava. Su propuesta fue incluirle una pirámide escalonada en su interior lo que cambia totalmente la percepción del espacio.

10 Argentina y la marginalidad experimental

Arturo Pentimalli, curador designado por la Cancillería argentina, presentó en el pabellón argentino una instalación con cientos de palos de madera de sección cuadrada que se entrecruzan en un entramado complejo y expresionista.

Esta instalación es la que sirve de soporte y metáfora para la muestra de obras no sacralizadas de la producción argentina. Lo que los autores del stand llaman “de la frontera de la profesión”. Por eso también el título de la presentación es “Experimentar. Poéticas desde la frontera”. La exhibición contó con la dirección artística de Alejandro Vaca Bononato y como se propuso “experimentar la diferencia”, colectó obras recientes de arquitectos medianamente jóvenes, y no tanto, pero incipientemente reconocidos y las mezcló con la producción de otros históricos, muchos de ellos obvios y otros, desconocidos.+

Así aparece un cruce generacional que vincula a Bucho Baliero y Carmen Córdova, Amancio Williams, Vicente Krause, Jorge Scrimaglio, Francisco Salamone, Mario González y Raquel Addesso y Claudio Caveri con A77, Francisco Cadau, Roberto Lombardi, Ariel Jacubovich y Pablo Beitía. Sobre todo este encuentro sobrevuela la figura de Rafael Iglesia. La instalación posee una alegoría explícita con la obra del creador de Rosario, que si bien los autores prefieren decir que hace referencia al envigado del edificio Altamira y su supuesto origen maderero, parece claro que es una reinterpretación de su escalera en la Casa del Grande.

Para ser justos, los curadores no ocultan esta relación, pero la memoria confunde de alguna manera más o menos intencionada. Si las poéticas de los autores exhibidos en la muestra argentina se tocan muy circunstancialmente, el hilo genealógico entre ellos también es difícil de seguir. Sin embargo, la dupla curatorial elaboró un completo sistema interpretativo que plasmó en el catálogo que ellos prefieren llamar libro.

El guión argumentativo es complejo y elaborado, el recorrido en el lugar ofrece instancias menos intelectuales y más opciones perceptivas. Juegos de sombras, perspectivas afiladas, lugares acogedores, expresión, descubrimiento y sorpresa. Esas son, tal vez, las mayores virtudes del pabellón.

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